Opinión

Lo nuestro es mental

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[Cuartoscuro] Subraya que el continente es el que más registra desigualdad social en todo el mundo. 

A fines de mes se cumplirán 498 años del inicio de la Reforma de Martín Lutero. Esa fecha, 1517, me parece la mejor para ubicar la transformación de la forma de pensar occidental. No es que Lutero fuese el primer “hereje”, pero sí fue el primero exitoso. Como otros antes que él, era muy audaz y testarudo. A diferencia de ellos, no sólo era muy inteligente y estaba preparado, sino que tuvo mucha suerte. Lutero vivía en Sajonia, parte del Sacro Imperio, gobernado por Maximiliano I, quien precisamente en ese 1517 empezó a preparar la elección de su sucesor. No era una elección como las modernas, con millones de votantes, sino con sólo siete. Puesto que eran pocos, se vendían carísimo, y la elección de Carlos V se llevó dos años enteros, en los que los siete electores pudieron obtener grandes cantidades de dinero o de poder.

Uno de los electores era Federico III de Sajonia, quien aprovechó la circunstancia para defender a Lutero del embate papal, en parte porque estaba convencido de las enseñanzas del monje, pero en parte porque eso le permitía enfrentar a Carlos V antes de su elección. Cuando Carlos logra ser emperador electo, a partir de 1520, intenta acabar con Lutero, e incluso aprovechar la asistencia de éste a la dieta de Worms al año siguiente para detenerlo y hacer efectiva la excomunión papal. No lo logró. Federico secuestró a Lutero y lo escondió por el tiempo suficiente para que la Reforma fuera incontenible. Pero Carlos y su hijo Felipe (II de España) se convirtieron en los grandes enemigos de la Reforma y mantuvieron sus posesiones lo más separadas de la herejía que pudieron.

El Imperio Español, incluyendo a América, evadió el protestantismo por los siguientes siglos. Incluso hace todavía pocos años había pequeños letreros en las casas en nuestro país que decían: “Éste es un hogar católico, no aceptamos propaganda protestante”. Y sí, no aceptamos esa fe, ni los profundos efectos sociales y económicos que trajo consigo, que genéricamente llamamos capitalismo. Trescientos años después, Napoleón derrama sobre toda Europa las ideas de la Revolución, y con ellas las semillas de la democracia liberal. En 1808, invade España. Nosotros, los americanos, aprovechamos el momento para independizarnos. No porque quisiéramos ser liberales (que eso es lo que Napoleón traía consigo), sino precisamente para evitarlo.

En breve, la América española no fue parte de la transformación capitalista porque los reyes nos quisieron mantener católicos, y prefirieron no arriesgar. Pero tampoco fuimos parte de la transformación democrática porque las élites locales prefirieron la independencia antes que la pérdida de privilegios. Así, logramos mantenernos al margen de Occidente por 500 años, defendiendo con todo una estructura social (y política y económica) profundamente desigual, llena de privilegios para unos cuantos.

Por eso somos hoy el continente más desigual del mundo, y el más violento. Por eso, a pesar de llevar 200 años de independencia, de contar con recursos naturales, y de todo lo que cualquiera podría querer, seguimos siendo países eternamente en vías de desarrollo. Y por eso, como ayer veíamos, nuestros resultados en indicadores como el de competitividad del Foro Económico Mundial son mediocres.

Somos países de ingreso medio, pero profundamente desiguales. Sin embargo, nuestra desigualdad no es un problema económico. Como tampoco lo es nuestra falta de competitividad. En los datos que ayer compartía con usted, es evidente que el problema de México no está en los mercados de bienes, o en los financieros, o en la innovación. Lo nuestro es mucho más de raíz: es institucional. Por eso he insistido desde hace años en que nuestro problema es mental. Y que sólo aceptando este inmenso rezago que tenemos frente a Occidente podemos tener alguna posibilidad de construir un país exitoso,
democrático y justo.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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