Opinión

Lo normal

    
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El grueso de las evidencias obtenidas en decenas de estudios indica que el  uso del celular es seguro salvo por su papel en los accidentes de auto. (Bloomberg)

Si usted nació antes de 1975, años más años menos, usted ha vivido en dos épocas muy diferentes. Lo más probable es que no alcance a darse cuenta por completo de la diferencia entre ambas, aunque ciertamente nota que no son iguales. En su infancia usted vio televisión, posiblemente en abundancia, y vio a sus padres y mayores leer el periódico, o escuchar el radio si le tocaba ir en auto. Ahora, sus hijos no ven la televisión ni lo ven a usted leer el periódico, y ni siquiera escuchar el radio en el auto. Lo que hacen todos es atender el móvil. Con un poco de suerte, el que maneja es el único que no lo hace.

Este cambio, tan evidente, forma parte de un alud de transformaciones que son menos notorias. Por un lado, el uso de internet y las redes sociales implica una comunicación bidireccional y múltiple. Ver televisión, leer periódicos o escuchar el radio no permite interacción alguna, y la fuente de información es única: la estación, canal o diario. En la red se puede interactuar, pero también se puede recibir información de múltiples fuentes.

Lo primero que esto significa es que la agenda pública ya no puede ser controlada por el gobierno (y los dueños de medios). La agenda la fija la red, es decir, la multiplicidad de fuentes. Por lo mismo, los temas que discutimos hoy no tienen nada que ver con lo que usted conoció de niño, o incluso de joven. Hasta fines del siglo pasado, la discusión era sencilla: dos o tres temas, con dos alternativas grandes y detalles por definir. Hoy son decenas de temas, con infinidad de opciones.

Esto se refleja en que el pensamiento de los jóvenes (es decir, los nacidos después de usted) difícilmente se concentra en temas laborales o de impuestos, en la soberanía petrolera o alimentaria, y en patrañas similares. Los jóvenes están pensando en temas que a usted nunca le pasaron por la cabeza: ampliar sus preferencias sexuales, modificar su patrón alimenticio, dedicarse a actividades que producen gran satisfacción pero poco dinero, vivir con amigos, no tener hijos, y pregunte usted por lo demás. Esto es más fuerte conforme mayor sea el nivel educativo y la urbanización de los jóvenes.

Aunque este fenómeno ha ocurrido desde el inicio del siglo, los adolescentes de entonces ahora son treintañeros y, por lo tanto, ya votan (algo que realmente se hace a partir de los 25 años). Es posible que su primer gran triunfo haya sido llevar a la presidencia a Barack Obama, que aceleró el proceso de transformación en Estados Unidos, en contra de la voluntad de millones de estadounidenses y decenas de legisladores. La respuesta se llama Donald Trump, por si tenía duda. Para no centrarme en ese país, algo parecido puede usted encontrar en Tony Blair en Reino Unido y Zapatero en España, con obvias diferencias personales: la apuesta por el líder joven que abrirá camino al pensamiento juvenil-adolescente de la red.

En los tres casos, el resultado no fue bueno, y en los tres hubo una reacción de quienes son mayores a usted y no entienden el mundo de la misma manera. Les cuesta mucho ver una pluralidad (en género, etnia, costumbres), que no existía cuando eran niños. Aunque algunos de ellos sean homófobos o racistas, no es el caso de la mayoría. Lo que sí tienen todos ellos es miedo, porque no están entendiendo lo que ahora es 'normal'. Y es que la normalidad la define cada generación, y ésta ya no es la suya. Muy rápido, para los estándares conocidos, el mundo está cambiando. Serenidad y paciencia le digo.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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