Opinión

Lo necesario y
lo suficiente

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Conforme pasan los años, los reclamos al gobierno en materia económica de cualquier sociedad –empresarios, académicos, intelectuales– van cambiando. Las necesidades y las consecuentes peticiones se van gestando de acuerdo al momento histórico que se viva. Ninguna economía en el mundo, por más desarrollada que sea, está satisfecha con la situación en la que se encuentra. Siempre hay algún tema que solucionar, algún nuevo reto que afrontar. México no es la excepción.

Hace muchos años, el reclamo era la falta de apertura. La época de la sustitución de importaciones y la protección gubernamental a empresas no rentables había aislado a la industria de la competencia perjudicando a los mexicanos. Llegó el GATT y posteriormente el Tratado de Libre Comercio. Las reglas cambiaron. México tenía que abrirse. Sin duda era necesario dar el primer paso, pero no era suficiente.

Otro de los temas que ocupaba la agenda nacional era la deuda externa. Entre 1960 y 1970 varios países latinoamericanos, principalmente México, Brasil y Argentina, pidieron prestada una importante cantidad de recursos a acreedores internacionales para industrializarse. Durante algunos años la deuda fue sostenible, pero a principios de los 80 el servicio de ésta ya representaba una fracción importante de los recursos fiscales. El plan Brady, de finales de los 80, logró una reestructuración significativa de la deuda. Era necesario aligerar la carga de la deuda que le impedía al país destinar recursos a otros usos. Sin embargo, no era suficiente para lograr un crecimiento sostenido.

La inflación nos aquejó durante años. Años de derroche fiscal y de imprimir dinero para financiar el gasto público gestaron una espiral inflacionaria que desembocó en inflaciones anuales mayores al 100 por ciento. El tema no es menor. Lograr romper esa inercia requirió tomar decisiones; entre ellas, dotar de autonomía al Banco de México. El control de la inflación era necesario para la estabilidad del país, pero no era suficiente para lograrla.

Durante años se habló de la necesidad de una reforma energética. Se tenía que modernizar la industria, abrirla a la competencia y aprovechar ese recurso natural que algún día será obsoleto. Pasaron años enteros de discusiones ideológicas y de debates económicos. La reforma finalmente llegó y este será el primer año en el que se sentirán sus resultados. Es una reforma indispensable para el desarrollo del país, pero desde luego que no es suficiente.

No hay recetas milagrosas ni varitas mágicas para lograr introducir al país en una dinámica de crecimiento sostenido. Pero sí hay cimientos y pilares que sientan las bases para el desarrollo. Sin el TLC la industria automotriz no podría haberse desarrollado como lo ha hecho a lo largo de los años. Sin la autonomía de Banco de México, muy probablemente no tendríamos un manejo responsable de la política monetaria, misma que le ha otorgado estabilidad económica al país.

Los avances en materia económica son paulatinos y ninguno por sí mismo representa el cambio fundamental para poder crecer. Son más bien como bloques de Lego sobre los que hay que ir construyendo. El reclamo de hoy es que no se combate la corrupción y no existe un Estado de derecho funcional y acorde para el desarrollo económico.

Ambos reclamos no son sólo válidos, son también indispensables para poder generar mejores condiciones para la inversión, para el consumo, para la calidad de vida. Pero no podemos creer que resolviendo esos temas, el crecimiento estará dado.

El crecimiento en sí no es una política, es el resultado de las decisiones que tomamos como país. Es un proceso dinámico. Tenemos que irlo construyendo tomando las decisiones adecuadas a la realidad y al momento histórico del país y del mundo. No es un proceso de una vez, tampoco es breve, dura años. No podemos esperar que una sola decisión, una sola política o una sola reforma, logren introducirnos en una senda de desarrollo. Pero sí debemos pensar que cada decisión, cada política y cada reforma que tomemos en el camino correcto nos pone un paso más cerca de entrar en esa senda.

La autora es profesora de Economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.


Twitter: @ValeriaMoy

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