Opinión

Lo jurídico y lo político

1
 

 

A tres meses de la desaparición de los 43 normalistas, miles salieron a las calles para marchar por los jóvenes. Tras recorrer las principales avenidas del centro de la ciudad, el grupo realizó un mitin en el Monumento a la Revolución.  (Alejandro Melénde

El cierre de expediente del caso Iguala-Ayotzinapa promulgado el martes por el detallado informe pericial y “lógico-causal” del procurador Murillo Karam, establece según sus propias palabras una “verdad jurídica y verdad histórica”. Para la PGR, para el gobierno federal, el caso de la investigación contiene la suficiente evidencia para dictaminar el destino trágico y final de los estudiantes.

La verdad jurídica del caso procede de la investigación más completa, detallada y minuciosa en la historia reciente de México. Sin embargo, hay sectores que la rechazan, descalifican, desmienten y contradicen.

Para los padres de las víctimas y sus voceros, aparentemente hay “otras verdades” que la investigación no ha incluido o incorporado. Según ellos mismos, “efectivos militares del 27 batallón basado en Iguala, patrullaron la zona, detuvieron a los estudiantes en el inmueble de una clínica y les retiraron identificaciones para después enviarlos nuevamente a las calles”. Esto declaró la mañana de ayer en radio el vocero del movimiento. Su narración contradice la versión oficial del procurador quien afirmó, categórico, que no “existe evidencia probatoria del involucramiento o participación” del Ejército en los hechos.

Para el gobierno de la República, la necesidad política de dar carpetazo al horrendo caso, para “superar” la tragedia, castigar a los culpables y “no quedar atrapados” en este suceso triste y lamentable –como dijo el presidente el mismo martes– parece provocar la percepción en algunos sectores, de que la verdad jurídica pudiera ajustarse a las necesidades políticas.

Con el mismo espíritu pero en sentido contrario, los grupos sociales que han apoyado a los padres de las víctimas, las organizaciones de derechos humanos y todos quienes han pretendido obtener beneficio político por mantener vivo el caso, persiguen fines políticos para ajustar la evidencia jurídica, cuestionarla y devaluarla.

Estos voceros y representantes de los padres de las víctimas han politizado el caso, afirmando excesos como que “no habrá elecciones hasta que aparezcan vivos”.

Tiene grandes ventajas y beneficios en lo político extender la duración y la polémica en torno al caso, especialmente en este año electoral.

Y existe, además, el problema grave de la percepción pública.

Con la credibilidad a la baja, la confianza derruida, el gobierno es incapaz de convencer con hechos y argumentos probatorios que la verdad jurídica es inapelable.

Los grupos organizados en torno a las víctimas han encontrado un argumento social y moral de tal peso y envergadura, que utilizan y manipulan con astucia y agudeza política.

¿Dónde está la verdad? ¿Esa verdad histórica que debiera desprenderse de la jurídica?

A pesar de que la investigación ha sido exhaustiva, de que los peritos involucrados han hecho un trabajo amplio y completo, de que el fallo de los investigadores austriacos ha logrado –solamente– identificar los restos de uno de los estudiantes, la sombra de la sospecha y el cuestionamiento de las evidencias ha sido esparcido con habilidad por los representantes de las víctimas. Los padres han sido, mucho me temo, manipulados a partir de la genuina y legítima esperanza de que sus hijos puedan estar vivos, a pesar de que los testimonios de los ejecutores son concluyentes. Sólo así se explica la demanda de buscar en los cuarteles, la insistencia en el peritaje de los forenses argentinos y otras argucias para prolongar y extender el movimiento.

Estamos atrapados entre lo jurídico y lo político.

Los defensores de los padres no aceptarán dictamen o informe por específico o científico que sea, provenga de Viena o de Buenos Aires. Significaría el cierre de definitivo del caso y el fin de un movimiento, cuyo rédito político aún está por medirse en las próximas elecciones.

Twitter: @LKourchenko

También te puede interesar:
Lecciones griegas
Más casas
Silencio a Nisman