Opinión

Lo difícil

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peso dolar (Reuters)

Pues resulta que estamos aprendiendo que lo más difícil no es ordenar las finanzas del país, con todo y que eso es una odisea. Lo difícil es transmitirlo a la población. Puesto que de 1970 hasta 1995 nuestra bonanza se asociaba con el precio elevado del petróleo y nuestra desgracia con el precio alto del dólar, los mexicanos aprendimos a usar esos dos precios como nuestra referencia. Y aunque han pasado veinte años de que estos precios no se reflejan en el bienestar de las personas, el miedo no desaparece. En el extremo, sumado a la mezquindad, hubo quienes imaginaron la captura del Chapo como una cortina de humo para que nadie se enterara del dólar a 18 pesos. No sólo se requiere mente paranoica, sino ignorancia absoluta de cómo funciona hoy la economía para decir tal sandez. Grave que algunos de los que la dijeron firmen como analistas en medios nacionales, pero así es la pluralidad.

El precio del dólar no está relacionado con tragedias en México desde que en 1995 tuvimos que sufrir un serio ajuste y se decidió liberar el mercado de divisas. El tipo de cambio fijo, que usamos desde los años treinta hasta 1976, y los regímenes cambiarios híbridos que experimentamos en los siguientes veinte años (flotación sucia, tipos paralelos, banda de flotación) exigen un compromiso del Banco Central que es imposible de cumplir si al mismo tiempo se quiere tener política monetaria y flujo libre de capitales. Esto se conoce como el trilema de la economía internacional. Si uno quiere cuidar que no se mueva el tipo de cambio, se puede, pero entonces hay que impedir que se muevan los capitales, o bien hay que olvidarse de la política monetaria, y que sea el exterior el que defina nuestra inflación y nuestra tasa de interés.

Ejemplo cercano de esto último puede ser el Consejo Monetario que experimentó Argentina en los noventa y que terminó en el corralito (que implicó el decomiso de dos terceras partes del ahorro de los argentinos).

Entonces, desde 1995 el dólar toma el precio que los mercados financieros determinan. De ese año a 1999, por ejemplo, el dólar pasó de seis a diez pesos, y ahí se quedó cinco años. Luego empezó a moverse hacia los 12, pero para 2008 ya había regresado a diez. Vino entonces la crisis financiera global y se fue hasta 15 pesos por dólar, de donde regresó a 12, y se estacionó en 13 pesos por dólar. Hace 18 meses empezó el movimiento, también global, hacia el dólar, y nos fuimos ajustando con todos los demás. Acabamos de llegar a 18 pesos por dólar. Si se replicase el comportamiento de 2009-2010, para fines de año podríamos estar en 15.50 o 16 pesos. Prácticamente nadie espera eso, pero los pronósticos que he visto van de 16 a 17 pesos por dólar para final de año.

Pero nadie puede saber, y eso es lo importante. Si alguien pudiera saber con certeza el valor del dólar en algún momento futuro, podría hacerse multimillonario, apostando a favor o en contra del peso, dependiendo. Esto es precisamente lo que el tipo de cambio fijo ofrece: espacios para que los especuladores apuesten en el mercado de divisas con grandes posibilidades de éxito. En un sistema flexible, pueden apostar, pero al final lo que unos ganen lo perderán otros. Y esto es lo que estabiliza finalmente el valor del dólar. En momentos de gran incertidumbre mundial, apuestan por el dólar, y deprecian el peso. En cuanto esa incertidumbre cede, el movimiento ocurre a la inversa. Pero en veinte años no hemos podido aprenderlo. Es difícil.

El autor es Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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