Opinión

Lo bueno de Trump para México

 
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Donald Trump

El gobierno de México declara que el mayor riesgo de un posible triunfo de Trump es que podría acabar con el TLC. Hay otros peligros que no suscitan la sensibilidad del Presidente ni de su gabinete, que son los que corren millones de mexicanos que viven en EUA ante el odio racial azuzado por el candidato republicano.

Lo que suceda el martes 8 en Estados Unidos estará determinado no sólo por uno, sino por esos dos temas.

En el relativo a los negocios, Trump tiene fuertes respaldos, empezando por el de los bancos. Su propuesta es reducir el crecimiento del gasto público, bajar los impuestos a las grandes corporaciones y abatir todo tipo de regulaciones que afecten las utilidades.

En eso sigue la ortodoxia neoliberal de que el problema del bajo crecimiento, bajos salarios y desempleo es la regulación excesiva y los servicios públicos que elevan el déficit del gasto público y los impuestos, lo cual inhibe la inversión y distorsiona el funcionamiento de los mercados.

Trump reviste su discurso sobre esos dogmas con un lenguaje anti estado, anti burocracia y favorable a la austeridad del gasto público.

Vende la idea de que las empresas privadas son siempre más eficientes que las públicas -escuelas y hospitales incluidos- y con facilidad se pone como ejemplo de lo que es un empresario exitoso.

Las propuestas de Trump son casi las mismas de Ronald Reagan para enfrentar la crisis económica mundial de los años 80 del siglo pasado, con las que llegó a la presidencia. Hoy por hoy, la crisis no se ha resuelto, sino que se ha agudizado, razón por la que una diferencia con la “reagonomia” es que aquella impulsaba la libertad de inversiones y comercio internacional y Trump, como Clinton y muchos gobiernos en funciones, van por un proteccionismo creciente.

De más estaría recordar que el resultado de las políticas anti estado con excesiva libertad del mercado, han resultado en un poder imbatible del sistema financiero a costa del productivo, y en una descomunal concentración del ingreso, en empleos más precarios y en mayores desigualdades de todo orden.

La elección del martes próximo será, además de la del presidente estadounidense, la medida del desconcierto, del amedrentamiento y de la deshumanización de la sociedad estadounidense.

El racismo de Trump ya elevó el año pasado en 69 por ciento los crímenes de odio contra latinos en la ciudad de Los Ángeles, según la Comisión de Relaciones Humanas del Condado de esa ciudad.

La proporción del electorado que se incline por la xenofobia, la misoginia y homofobia de Trump, será la medida de cómo va la civilización en Estados Unidos.

Lo bueno de Trump para México es que rompió la versión oficial de que la relación de nuestro país con EUA es excelente; no lo ha sido y menos lo será después del 8 de noviembre, aunque gane Clinton. Ojalá el trance sirviera para apartar a México de la ortodoxia neoliberal asumida desde el gobierno de Carlos Salinas, y para que se diseñaran políticas genuinas, propias.

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