Opinión

Lo anticipamos desde tiempo atrás: el Titanic puede hundirse

 
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¿Quién era Camacho Solís?

Derivado de numerosas pláticas con quien era el regente de la ciudad capital, Manuel Camacho Solís, un pequeño grupo decidió reunir esfuerzos, disposición para investigar y poner en juego su talento para realizar un libro dirigido a los niños y adolescentes: veíamos claro que la contaminación terminaría por ahogarnos de continuar las cosas como en ese tiempo marchaban. Vimos que el objetivo estaba en dirigirnos a las mentes frescas y que ellos mismos indujeran a sus padres, amigos y familiares mayores a cuidar el medio ambiente. Aún no sabíamos muchas cosas que hoy dominamos pero ya se hablaba del cambio climático global y de los índices mayores en las lesivas escalas que en esa dirección apuntaban; sabíamos que había que hacer muchas tareas superiores y también pequeñas tanto individuales como colectivas y para ello elaboramos un libro que, en forma sencilla, les dijera a los niños y jóvenes qué hacer desde que se despertaran hasta el momento de ir a dormir. La coordinación de la investigación corrió a cargo de Gabriel Quadri de la Torre y los investigadores fueron Marina Leal Pérez, Diego Pérez Salicrup, Cristhopher Moscarella y Patricia Bracho. La revisión técnica fue de Jorge Soberón Mainero y el proyecto me tocó dirigirlo.

Ese libro terminado en forma inicial como revista, se presentó en el salón Adolfo López Mateos en el mes de junio de 1992 (¡hace 24 años!) con la asistencia del presidente Carlos Salinas, el regente Manuel Camacho y el secretario de Educación Pública, Ernesto Zedillo. Los principales cuadros del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación abarrotaron el lugar ya que a ellos se les encargaría que, junto con los escolares y estudiantes, lograran una campaña exitosa en todo el país. El primer tiraje fue de 40 mil ejemplares y el segundo de sólo 10 mil. Ernesto Zedillo se comprometió a que todos los niños, especialmente los de la capital, tuvieran acceso a sus páginas entre las que se hacían preguntas y respuestas sobre la composición del aire que respiramos, el tratamiento de la basura, la significación del bióxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, la importancia de árboles y plantas, la composición del gas metano y nuestro temor se orientaba hacia lo que entonces se llamaba gases de invernadero.

Mostrábamos con datos que, de no detener el crecimiento exponencial de los vehículos alimentados por hidrocarburos, la temperatura global aumentaría entre uno y tres grados centígrados; en consecuencia cambiarían los patrones de lluvia, lo que afectaría la agricultura y el nivel del mar podría aumentar un metro y medio causando enormes desastres al desaparecer regiones enteras bajo el agua.

Señalamos que tal como escribieron en la revista Nature los científicos Mario Molina y Sherwood Roland, el gas CFC (Cloro, Fluoro, Carbono) era nocivo y había que dejar de utilizarlo. Había que evitar comprar artículos de unicel, poliestireno, bromo y yodo. Los niños podrían llenar sus azoteas con plantas y el entonces Departamento del DF inició una gigantesca campaña de reforestación en toda la ciudad: “Cada familia un árbol”. Tiempo después se echó a andar el programa Hoy No Circula.

Y tres años más tarde, Mario Molina obtenía el Nobel en Química.

Éramos numerosos los que sabíamos la indiferencia con que nuestras modestas medidas podían ser tomadas tanto que, en el prefacio del libro tomé una metáfora y escribí: A dos pasos del siglo XXI, la historia del insumergible Titanic resulta adecuada como principio del peligro que afrontamos: nuestra incapacidad para comprender lo que puede venir debido a como la creciente degradación afectará nuestro futuro. Pocos se dan cuenta de la potencial tragedia: “Nada puede pasar”.

Y son aún menos los que tienen una idea apropiada respecto de lo que se puede hacer. Salvar la ciudad y sus pasajeros humanos requiere prescindir del rechazo de la realidad y depende de la capacidad colectiva –que el gobierno pueda direccionar– para efectuar con rapidez la transición de nuestros usos y costumbres, lo cual significa un desafío sin precedentes.

Twitter: @RaulCremoux

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