Opinión

Lo alcanzó el futuro

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Enrique Peña Nieto participó en el Cuarto Congreso del Colegio Miraflores. (Eduardo Ortega)

El futuro alcanzó al presidente Peña. A estas alturas no le quedan más que dos opciones: reinventarse o nadar de muertito.

Los tiempos se han acortado y acelerado. De aquí al 7 de junio, las campañas acapararán la atención y la agenda política. No es momento de entendimientos ni de pactos, sino de confrontación y propaganda.

Pasados los comicios, los tiempos se volverán a acelerar: el Tercer Informe presidencial, en septiembre; y la elaboración, discusión y aprobación de la ley de ingresos y el gasto en lo que reste del año.
Así que para efectos prácticos, al presidente le quedan el cuarto y el quinto año de gobierno. Porque en el sexto habrá candidatos a la presidencia de la República y las campañas arrancarán.

El tiempo, decía Carlos Castillo Peraza, es el más escaso de todos los recursos, y no le faltaba razón. Con un agravante en este caso: el presidente ha perdido la confianza y la credibilidad, al final de su segundo año de gobierno, y es difícil imaginar un golpe de timón que revierta esa situación.

De hecho, frente a los problemas, adoptó una actitud prudente e incluso conservadora. Los cambios en el gabinete y la autocrítica han brillado por su ausencia. Nadie ha reconocido, por ejemplo, que la reforma fiscal es un fiasco. Y frente a la crisis de Ayotzinapa, el jefe de la Oficina de la Presidencia se limitó a decir que habían subestimado el problema de la violencia y la inseguridad. Nada más.

Con todo, el presidente planteó en la entrevista que le concedió al Financial Times cinco prioridades: 1) reforzar el Estado de derecho; 2) mantener la estabilidad macroeconómica; 3) implementar las reformas, ya que traerán beneficios a la población; 4) ajustar el gasto público; 5) desarrollar las “zonas económicas especiales” en los estados más pobres y conflictivos de México (EL FINANCIERO, 02/03/15).

El problema está en que los avances en la consolidación de un Estado de derecho serán lentos y paulatinos. Baste referir que la iniciativa de reforma sobre seguridad y justicia que presentó el presidente, a raíz de Ayotzinapa en noviembre pasado, aún no se aprueba.

En materia de crecimiento económico tampoco hay mucho espacio de maniobra: la caída del precio del petróleo, la inminente subida de las tasas de interés y los recortes presupuestales, tendrán un efecto negativo en la economía. En los próximos años, si las cosas marchan bien, habrá estabilidad con un crecimiento moderado. Pero, si el dólar se dispara y se sale de control, todo se puede descomponer.

En lo que se refiere a las reformas, dos años es muy poco tiempo para que den resultados concretos que modifiquen la percepción de la gente.
Otra alternativa sería emprender una lucha sin cuartel contra la corrupción para reconquistar la simpatía de la ciudadanía. Pero la verdad es que el perfil del presidente y de su gabinete hacen difícil que avancen por ese camino. Aunque no deben haber olvidado que después de la detención de Elba Esther Gordillo la popularidad de Peña Nieto subió a 55 por ciento.

Todo esto muestra que el margen de acción del presidente de la República es estrecho. No tiene para dónde hacerse, a menos que tome el toro por los cuernos y efectúe un giro de 180 grados. Pero eso supondría operar cambios en el gabinete para diseñar una nueva agenda y hacer las cosas de manera diferente.

En materia económica, por ejemplo, se deberían abrir las puertas para revisar y revertir los aspectos negativos de la reforma fiscal. E incluso se podría ir más allá, imaginando opciones para impulsar el crecimiento –como en su momento ocurrió con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, a finales de los ochenta y principios de los noventa.

El problema de nadar de muertito es que se avizoran aguas turbulentas y una campaña muy reñida por la presidencia en 2018. Porque, como mucho se ha repetido, López Obrador abreva en los errores y tropiezos del gobierno de la República.

La gran paradoja podría estar en que el presidente Peña, que impulsó y logró las reformas estructurales, terminara por entregar la banda presidencial a López Obrador, el mayor opositor a las mismas. La iglesia en manos de Lutero, pues.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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