Opinión

Llegaron los vengadores

 
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Polis. (Cuartoscuro)

El pasado lunes ocurrió en el kilómetro 38 de la carretera que va de la Ciudad de México a Toluca un acto que en repetidas ocasiones hemos visto en series de televisión y en diversas películas: un héroe que se enfrenta a los bandidos y entre aplausos, termina eliminándolos.

Exactamente eso pasó ante los ojos de los numerosos pasajeros que habían sido despojados de sus pertenencias. De ahí, entre los asientos, un hombre solitario sacó una arma y mató a cuatro individuos.
Fue hasta el saco en que los pillos habían depositado los haberes robados y los devolvió a sus propietarios. El hombre desapareció.

Ninguno de los pasajeros ha querido aportar la mínima información.

Todos se sienten agradecidos y hasta reivindicados por la acción de El Justiciero como lo han empezado a llamar. Los muertos, los cuatro han sido identificados por la policía como asaltantes implicados en al menos 31 robos y así confirmados por la Cámara Nacional del Autotransporte.

Esta organización señala que los asaltos a los autobuses de pasajeros, han aumentado en 30 por ciento y sólo en lo que va de este año, han sido mil 404 los reportes que han hecho ante la policía sin que les hagan caso.

La presencia de este individuo que acusa características de un Robin Hood legendario y mejor arraizado como un Chucho el Roto, nos habla del hartazgo que tiene la población ante todo tipo de abusos que se cometen sin que se encuentren a los malhechores y lo que es peor, que salgan absueltos para seguir cometiendo sus fechorías. No es gratuita la práctica de linchamientos como los ocurridos en Veracruz, Coahuila y Tamaulipas. Incluso amas de casa que atrapan a ladrones y los aniquilan a sartenazos.

Peligrosa práctica por donde se le vea pues en todos los casos está presente la falta de confianza en la autoridad, la certeza de que sirve de nada hacer declaraciones, levantar actas ante el MP o denunciar los hechos ante todo tipo de autoridades. No olvidemos lo ocurrido en Michoacán a principios de 2013 cuando grupos de civiles armados decidieron defenderse de los ataques de los llamados cárteles de la droga que les exigían cuotas, adherencias incondicionales, complicidades y les hacían padecer todo tipo de abusos. Hartos formaron lo que más tarde se convirtió en un problema severo con las llamadas autodefensas que llegaron incluso a ser considerados como “policías auxiliares”. Llegó el momento en que nadie podía distinguir a los integrantes de las mafias con los verdaderos ciudadanos. De este modo los llamados Caballeros Templarios se oponían a La Familia y el gobierno no sabía ni nunca supo qué acciones tomar. Se encarceló a José Manuel Mireles y sus acciones se enredaron con las del comisionado Alfredo Castillo quien terminó meses más tarde como dirigente de la Comisión Nacional del Deporte.

Lo ocurrido en La Marquesa, sitio en el que se dieron los hechos del pasado lunes, nos finca un antecedente que seguramente se repetirá.

Los ilícitos en el Estado de México se ven coronados por lo que ocurre en Ecatepec, municipio que, a pesar de todos los esfuerzos en combatir el crimen, han resultado infructuosos hasta convertir esa entidad en la más peligrosa del país según cálculos y estadísticas del INEGI y de otras organizaciones civiles.

El escenario de civiles tomando la justicia en propia mano radica en un hecho toral: no hay confianza en las instituciones responsables de brindar seguridad ni a la integridad de las personas ni a sus bienes. De ahí el hartazgo, más tarde el encono y las demostraciones de ira cuando esto es posible.

Un justiciero o vengador como se le ha nombrado es un nuevo paradigma que será imitado por quienes han sido agraviados o han sido alcanzados en parientes y amigos. Si eso prende, hasta miembros tóxicos de la policía, de los ministerios públicos y hasta jueces, pueden ser alcanzados.

Derechos humanos, igualdad jurídica, justicia a gritos, es lo que pide y exige la ciudadanía.

Twitter:@RaulCremoux

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