Opinión

Llegan tiempos de
renovación en la Plaza México

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Toros. (Cuartoscuro)

Han pasado ya setenta años después de que Luis Castro El Soldado, Manolete y Luis Procuna hicieran por primera ocasión el paseíllo en la Plaza México, considerado hasta hoy como el segundo ruedo de mayor importancia a nivel internacional. Muchas han sido las historias, los encuentros y desencuentros, los triunfos y fracasos que se han vivido en esta monumental plaza de concreto.

En medio de una crisis de credibilidad, cuestionada por sus detractores y confrontados muchos de sus actores principales, la fiesta brava mexicana depende directamente del estado de ánimo en
el que se encuentre el coso de Insurgentes.

Hoy, setenta años después de su apertura, la Plaza México podría entrar en un momento de incertidumbre, previo a una etapa de renovación. Si se leen con atención las declaraciones que hiciera la semana pasada el empresario Rafael Herrerías al periodista Joaquín López-Dóriga en su programa radiofónico, podría vislumbrarse la salida de Espectáculos Taurinos de la plaza capitalina.

Personaje único e irrepetible en el mundo de los toros, de lenguaje florido y siempre dispuesto a la confrontación, Rafael Herrerías representa en el ámbito taurino los intereses del empresario Miguel Alemán Magnani. En la charla con López-Dóriga en su espacio de Radio Fórmula, dio a conocer el diferendo que sostiene con Antonio Cosío Ariño, actual propietario del inmueble de la Plaza México.

“El dueño de la plaza me está echando a billetazos, me está poniendo unas condiciones casi imposibles”, sostuvo Herrerías. De este comentario trascendió que los dueños de la Plaza México han decidido incrementar el costo de la renta de este inmueble, cifra que podría duplicarse, al pasar de 40 millones a 80 millones de pesos anuales.

Sin estar confirmada aún la decisión del cambio de empresa, los destinos de la fiesta brava nacional podrían tomar otro rumbo si se llegara a acertar en el cambio de los responsables de organizar las corridas en la Ciudad de México. En los círculos taurinos comienzan a mencionarse los nombres de quienes podrían quedar al frente de esta gran responsabilidad. Insistentemente se ha señalado a Alberto Baillères, presidente del Grupo Bal, quien recientemente fue condecorado con la medalla Belisario Domínguez, que otorga desde 1954 el Senado de la República a los mexicanos que hayan destacado por su ciencia o su virtud en grado eminente.

Baillères representa la tercera fortuna más grande del país. Su carrera ha estado acompañada por una exitosa gestión en los ámbitos financiero, metalúrgico, comercial y de seguros. Su compromiso con la fiesta brava se traduce a través de la empresa EMTSA, con la que administra distintas plazas de toros en todo el país y lleva las corridas en
Córdoba, España.

El también dueño del Palacio de Hierro, Grupo Peñoles, Petrobal, Grupo Nacional Provincial, Profuturo y del Instituto Tecnológico Autónomo de México podría quedar al frente de los designios de la plaza más grande del mundo y acabar de esta forma con el clima de confrontación que hoy caracteriza a la fiesta brava mexicana.

Como en la vida, en los toros se requiere del tiempo y madurez suficientes para tomar las decisiones que habrán de cambiar los rumbos. A la Plaza México le ha llegado ese momento.

Soy Juan de la Lidia. Nos vemos en los tendidos…