Opinión

Llama el Papa a cuidar la casa común

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Papa Francisco

El Papa Francisco, Jorge Bergoglio, aborda los problemas contemporáneos de la humanidad con propuestas que están rompiendo dilemas ancestrales de la Iglesia católica.

Ha sorprendido al mundo y quizás escandalizado a parte de su grey por acciones que contravienen el conservadurismo de las autoridades eclesiásticas. Su papado contrasta con el de Juan Pablo II.

En su aún breve pontificado, Bergoglio ha excomulgado a mafiosos, dejado de encubrir a sacerdotes y dignatarios señalados por pedofilia, ha puesto a salvo los derechos espirituales de los homosexuales y de los divorciados, y más recientemente autorizó a los sacerdotes a dar la absolución a mujeres que hubieran abortado por decisión propia.

Pero el tema que me ocupa en esta colaboración es la encíclica “sobre el cuidado de la casa común”, del 24 de mayo de este 2015, la cual establece posicionamientos que colocan a la Iglesia católica a la vanguardia del pensamiento contemporáneo en materia ambiental.

La encíclica sobre el cambio climático no la suscribe un grupo académico, o de científicos por respetables que sean, o de burócratas de diferentes gobiernos, sino una de las corporaciones más poderosas del mundo.

Las cumbres mundiales sobre el medio ambiente, organizadas desde hace décadas por gobiernos ricos y no tan ricos, han fracasado porque han puesto los intereses económicos y de las grandes transnacionales por encima de la seguridad de la vida humana; el deterioro planetario va más rápido que los acuerdos burocráticos para frenarlo, que ni siquiera se cumplen.

Si la encíclica alcanza la trascendencia acorde al peso del pontificado en la conciencia de más de mil millones de personas, será la mayor posibilidad, hasta ahora, de que la humanidad detenga su avance autodestructivo.

La argumentación papal asume que el cambio climático es por causa de la actividad humana y más concretamente, de un modelo de producción industrial y un estilo de vida basado en el consumismo.

Su llamado a favor del ambiente empieza por señalar la condición sagrada de la naturaleza, en oposición a la teología que admitió –con el pensamiento ilustrado– que los humanos podían dominar y explotar la naturaleza a su entero beneficio.

En ese sentido, la encíclica es un nuevo paradigma teológico, que se sustenta en la rigurosa argumentación de la ecología social, de la ecología política y de la ecología económica para sostener que estamos ante una sola crisis que requiere ser tratada con visión integral.

Salvar las condiciones ecológicas de vida exige que se combatan la desigualdad y la pobreza, que se empodera a grandes contingentes sociales en defensa de su entorno territorial y sobre todo, sostiene el argumento papal, exige que se desarme el sistema industrial basado en el consumismo.

En el fondo, la encíclica cuestiona la idea contemporánea de “progreso” basado en el crecimiento económico guiado por el “concepto mágico del mercado” y propone decrecer. De ello hablaremos en nuestra próxima colaboración.

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