Opinión

Línea 12: la reapertura

 
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Línea 12. (Cuartoscuro)

El trabajo encabezado por el Gobierno del Distrito Federal con una serie de peritos y expertos para corregir, en lo posible, los errores en la construcción de la Línea 12 del Metro, son dignos de resaltarse. A pesar de las graves fallas en ingeniería, en peralte, en trazado de línea y después, en el absurdo arrendamiento de trenes inadecuados para las vías, se ha rescatado, hasta donde se puede, el funcionamiento de la ruta.

Se cambiaron kilómetros de vías, durmientes, zapatas y soleras y muchas más piezas, originalmente desgastadas por un material rodante inadecuado.

Todo bien, todo claro, aunque no todo transparente porque no nos han informado la totalidad de costos que esta reparación tendrá para el erario capitalino, tal vez, porque no han concluido. Es decir, de 11 estaciones, abrieron 5 y planean completar las restantes seis para noviembre próximo.

Las nuevas autoridades del Metro señalan que esta ondulación en las vías se continuará presentando, indefectiblemente, en el futuro. Es decir, estos problemas se van a repetir y no existe –ellos dicen– solución absoluta para evitarlo.

Los trenes serán los mismos, el material rodante el mismo y por ende, las vías seguirán presentando ondulaciones irregulares que ponen en riesgo la circulación de trenes y vagones. Cada seis meses tendrán que suspender el servicio –por lo menos durante un fin de semana largo han dicho– para realizar labores de mantenimiento y evitar niveles de riesgo elevados.

Sólo calcule usted los miles de millones de pesos que esto representará por una línea mal hecha, mal trazada, mal construida. Y no porque a las demás líneas no les den mantenimiento, pero no de la profundidad y costo que la 12 va a requerir.

Un ingeniero me explicó en días recientes que la velocidad de los trenes en esta línea, no será la misma –60 a 80 kilómetros por hora– que prevalece en las otras líneas. Aquí los conductores se verán forzados a disminuir la velocidad en tramos, curvas, inclinaciones, porque el trazado de vías y el desgaste de materiales, obligará la reducción de velocidad para disminuir riesgos.

Por si a los defensores a ultranza de la administración anterior les quedara algún argumento a favor de cómo se ejecutó el proyecto, sean tan amables de explicar por qué la Línea tendrá para siempre estas condiciones especiales de velocidad limitada, mantenimiento a fondo permanente y vigilancia extrema. Lo dije antes y lo repito ahora, los señalamientos no son de orden político –como los ebrardzombies afirmaron tantas veces– son de ingeniería, resistencia de materiales, compatibilidad de equipo y muchos otros temas técnicos.

Muy bien al gobierno de Mancera por colocar la seguridad como primera prioridad: trenes seguros, trayectos de riesgo cero –esperemos– para evitar una tragedia.

Lo que resulta incomprensible en todo este vergonzoso expediente, es la no consignación de los responsables. El actual jefe de gobierno, exprocurador, doctor en derecho, conoce perfecto la cantidad de delitos, la descripción de faltas administrativas, la irresponsabilidad de quienes tomaron las decisiones en el gobierno de Ebrard. Y no sólo se trata del señor Horcasitas, a quien –para variar en México– quieren presentar como el chivo expiatorio. Kill the Messenger dice la vieja consigna para eliminar a los culpables indirectos y encubrir a los verdaderos responsables. ¿Y los jefes de Horcasitas? ¿Y el responsable final y primero del gobierno capitalino quien en efecto ordenó y tomó las decisiones? Nada.

Una vez más, la justicia se somete a la política en este país, donde dos equipos, alguna vez del mismo partido e incluso bajo el mismo liderazgo, pactan y acuerdan encubrir y proteger a los que actuaron indebidamente en la administración pasada.

El fin y el propósito es “no estorbar”, “no entorpecer” el actual ejercicio de gobierno, no atentar contra la gobernabilidad y, eventualmente, no “torpedear” una futura candidatura.

Lamentable que un escándalo de esta dimensión, con el gigantesco presupuesto que supera los 45 mil millones de pesos gastados en una obra de infraestructura ¡que no sirve! –a pesar de los milagros en parches y reparaciones en que se han concentrado los directivos actuales– no llegue a los tribunales y a la justicia.

Sólo en México se pueden encubrir desfalcos, desvíos, intereses políticos por encima de la transparencia y la rendición de cuentas sin consecuencia alguna. Basta con la poderosa decisión de un funcionario.

Twitter:@LKourchenko

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