Opinión

Línea 12, dudas ante
una reapertura

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Reapertura de la Línea 12 del Metro

La noticia de la reapertura de varias de las estaciones de la Línea 12 coincide con el estreno de un documental en España sobre el tren de alta velocidad que se descarriló el 24 de julio de 2013, cerca de Santiago de Compostela, tragedia en la que murieron 81 personas (entre ellas una mexicana) y resultaron heridas 140 más.

Si al leer la nota de El País sobre el documental quitamos los términos relativos a “Alta Velocidad”, necesariamente tendremos una evocación de nuestra Línea 12. Cito algunas líneas del texto publicado el lunes en el diario hispano:

“Todos los expertos en ferrocarril aseguran que la Alta Velocidad sufre la presión de los políticos. El mejor ejemplo: el viaje inaugural del 10 de diciembre de 2011 es anunciado por Blanco en junio, sin permisos ni informes. Rafael Escudero, Secretario general sindicato ferroviario SF-Intersindical, asegura: ‘Las prisas del PSOE, antes de que cambiara el mapa político, les hizo correr y por eso entre Orense y Santiago modificaron el proyecto’. Se refiere a que el 25 de abril de 2011, Blanco, a propuesta de Adif, modifica el plan previo de 12 años: la vía pasa de ancho internacional a ibérico y ahí se decide no instalar en los ocho kilómetros precedentes a Santiago de Compostela el sistema de control continuo de velocidad y frenado automático de trenes (ERTMS), que frena automáticamente el tren si el conductor no sigue las indicaciones de la vía. ‘Eso hubiera evitado cualquier problema’, cuenta José Enrique Villarino, exdirectivo de Renfe: ‘Nadie realiza un estudio de evaluación de riesgos de la modificación. Es una chapuza’". (http://bit.ly/1WhYsAW)

Afortunadamente, por supuesto, en el caso de la Línea 12 no hubo muertos ni heridos. ¿Pero cómo podemos estar seguros de que el tramo reabierto ayer –cinco estaciones– y el que se abrirá en fechas posteriores –otras seis– ya fue debidamente corregido?

En los 19 meses que han pasado desde que el Gobierno del Distrito Federal decidió cerrar más de la mitad de las estaciones de la llamada Línea Dorada, los capitalinos han escuchado las versiones más diversas, por no decir desaforadas, sobre las causas de ese cierre.

De cuantas cosas se dijeron, provenientes tanto de actores involucrados como de auditorías realizadas, me quedan en la memoria tres de ellas, dichas por fuentes de primera mano.

1) Las fallas surgieron, sostenía una de las fuentes, porque las curvas son demasiado cerradas, lo que provoca el desgaste ondulatorio, y son así de cerradas porque como Marcelo Ebrard quería inaugurar antes de concluir el sexenio no se dieron a la tarea de conseguir los predios necesarios, en las estaciones aéreas, para hacer el trazo correcto de la vía.

2) En sentido contrario, en el equipo de Ebrard alegaban que fue el gobierno entrante el que provocó el desgaste ondulatorio al reducir la velocidad de los trenes en esas cerradas curvas, medida que –según esta versión– provocó una mayor fricción, lo que a la postre estropeó las vías.

Y 3) Otra fuente tiene la convicción de que la Línea 12 es irreparable como tal, que trazo y factura (verbigracia, incompatibilidad entre vías y trenes) son deficientes de raíz, y que reabrir esa ruta sólo provocará un hoyo financiero mayúsculo, pues el mantenimiento será todo menos ordinario.

Ahora que está de moda apelar a la fe para conjurar tragedias, toquemos madera para que nunca, nunca, nos haga falta una versión local de documental Frankenstein 04155, cuyo director Aitor Rei, según la nota ya citada, decidió hacer ese filme “cuando leyó ‘informaciones que mostraban que no todo estaba claro’”.

Twitter: @SalCamarena

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