Opinión

Limpiar el planeta
como negocio

  
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Debido a los altos índices de contaminación atmosférica la comisión ambiental de la megalópolis decidió continuar la fase de precontingencia al menos hasta el sábado. (Cuartoscuro)

La solución ideal del capitalismo para cualquier problema, es que sea negocio. La reciente cumbre del clima de París afirma esa posibilidad en materia ambiental. El compromiso de reducir el calentamiento global “muy por debajo de 2ºC”, dependerá en parte, de que las tecnologías limpias que se están desarrollando sean rentables.

La apuesta en favor del ambiente es al progreso tecnológico animado por la necesidad de soluciones que además, den lugar a nuevas industrias y nuevas empresas. En esa lógica, el capitalismo suele ser eficaz.

Las posibilidades de éxito por esa vía son, desde luego, mayores que los llamados internacionales a reducir las emisiones de efecto invernadero, reduciendo el transporte y las actividades productivas energizadas con hidrocarburos.

Con esa lógica se han establecido “acuerdos” internacionales desde la “Cumbre de la Tierra en Río”, desarrollada en 1992 en Copacabana, que no han tenido el menor efecto en reducir la emisión de gases a la atmósfera. De hecho, tales emisiones han aumentado cada año.

Y es que el capitalismo identifica progreso con crecimiento económico. Aunque ya nadie discute que ese crecimiento es el origen del calentamiento global, ningún país está dispuesto a refrenar el suyo.

La discusión entre gobiernos ha sido, durante décadas, a qué países les toca contribuir más a reducir sus emisiones de dióxido de carbono. China, la India y otras naciones han alegado que Estados Unidos, Europa y otras economías contaminaron para industrializarse y que son las obligadas al cambio, mientras los países “emergentes” se industrializan quemando hidrocarburos, aunque contaminen.

Una alternativa parcial a la contención del crecimiento económico para reducir la quema de hidrocarburos, es el uso de fuentes de energía limpias. El problema hasta ahora, es su elevado costo y su impacto en la competitividad de cada país en la globalización.

Como la competitividad es relativa, no se afectaría si los cambios los hicieran casi simultáneamente las economías más industrializadas y las “emergentes” en los nichos en los que participan en la economía global.

Como lo publicó EL FINANCIERO el 1 de enero, se prevén grandes cambios durante 2016 en el sector energético, en fuentes como gas, carbón, energía solar, eólica y las baterías.

Cada una de esas fuentes de energía competirá por mercados, financiamiento, subsidios y políticas favorables, como el Plan de Energía Limpia del presidente estadounidense Barack Obama.

La energía solar ya compite con las termoeléctricas y la energía eólica ya es más barata que el carbón en Alemania y Reino Unido. La sustitución de gasolina por baterías en los automóviles tardará un poco más, pero ese será el punto de quiebre del petróleo.

El progreso en tecnología ambiental no lo determinará el hecho de que el calentamiento global haya dejado de ser una amenaza para convertirse en causa de alteración de las condiciones de vida en el planeta, sino que lo harán los precios de mercado que estarán determinados por la abundancia de materia prima (sol, viento) y por la eficiencia de las tecnologías.

La tecnología más eficiente será la que ofrezca la mejor relación entre precios y utilidades, no la que contribuya mejor a preservar la vida.

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