Opinión

Leyes a consulta

La entrevista colectiva al presidente Peña Nieto, realizada con motivo del aniversario del FCE, motivó muchos comentarios, desde lo inadecuado del formato hasta el absurdo de celebrar una editorial de esa manera. Pero hubo una respuesta del presidente que causó una polémica adicional cuando, al ser interrogado acerca de la corrupción, sostuvo que “… hay un tema cultural…”

Buena parte de las discusiones alrededor de esta respuesta tienen su origen en lo difuso que es el término “cultura”. Quienes lo interpretaron como sinónimo de la “mexicanidad”, descalificaron de inmediato al presidente. Otros, al definirlo más cuidadosamente, tienen que reconocer al menos una parte de verdad en la afirmación. Con motivo de los saqueos en Los Cabos, el asunto adquiere una dimensión diferente.

Como es sabido, en México las leyes son sugerencias. Se sugiere no cruzar con el semáforo en rojo, o no dar vuelta a la izquierda, o no estacionarse arbitrariamente. Pero si alguien opta por no seguir la sugerencia, no hay castigo alguno. Ni de parte de los “representantes de la ley”, ni de parte de la ciudadanía. Nos parece perfectamente razonable interpretar la ley conforme nuestras necesidades. Si tenemos prisa, nos estacionamos en segunda fila, atravesamos en rojo o damos vuelta como nos parezca conveniente. Peor aún, escupimos, tiramos basura, destruimos letreros, sin mayor preocupación por las consecuencias. Y en los casos extremos en que es seguro que no habrá represalias, saqueamos.

Este tipo de comportamiento cambia cuando la probabilidad de castigo crece. Importa el tamaño del mismo, pero sobre todo la probabilidad, según dice el refrán: vergüenza robar, y que te cachen. Por eso los mismos mexicanos que hacen todos los desmanes comentados cambian su comportamiento en otros países, en donde el castigo es mucho más probable.

En México no nos gusta la ley. Y no nos gusta porque no hemos aprendido a usarla. Las leyes son construcciones culturales que resuelven dilemas sociales. Puesto que hay una tendencia natural a abusar de los demás, se requieren reglas para administrar y disminuir este abuso. Esas reglas, originalmente, servían para administrar la venganza, pero después se han orientado a mantener la estabilidad social. Sin estas reglas, la solución a los dilemas es a través del poder, es decir, la fuerza, los recursos, la autoridad.

El régimen en que vivimos durante el siglo XX hacía un uso muy limitado de la ley. Era un régimen autoritario, y el poder era el mecanismo de solución de conflictos, en una pirámide muy bien definida, en cuya cúspide estaba el presidente. Pero eso terminó en 1997, y desde entonces hemos necesitado de la ley, y no ha sido fácil. Gracias a la reforma de 1994, la Suprema Corte pudo servir de inmediato, pero el resto del Poder Judicial no parece haberse transformado en absoluto. Los gobernantes quieren seguir usando la ley discrecionalmente, y por eso tampoco tenemos cuerpos de seguridad que sirvan de algo. Y para miles de mexicanos, así está bien.

La corrupción es una de las aristas de una sociedad que no quiere regirse por las leyes, y que en ese sentido sigue siendo autoritaria. No es excusa de nadie, es sólo proponer una perspectiva más amplia. Hay que acabar con la corrupción haciendo cumplir las leyes. ¿Cuántos mexicanos están de acuerdo? ¿Se puede hacer consulta popular?

Twitter: @macariomx