Opinión

Ley de Ingresos: Expectativas Frustradas

Igual que se derrumba el mito de que este gobierno puso en marcha una nueva estrategia de seguridad, en el caso de la Ley de Ingresos 2015 asistimos al fin de las promesas de bonanza petrolera que acompañarían la aprobación de la reforma energética y de una sustancial mejoría de las finanzas públicas derivada de una reforma fiscal que, de paso, evitaría el crecimiento de la deuda.

La realidad es que la economía no crece, que no se generan empleos suficientes –y los que se crean son de muy baja calidad– y que los salarios son tan pobres que no incentivan la actividad económica.

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha tenido que reducir su pronóstico de crecimiento de 3.9 por ciento a 2.7 por ciento del PIB, y como es obvio, esa cifra tampoco se alcanzará.

En los Criterios Generales de Política Económica de 2014 se dijo que para 2015 se esperaba un crecimiento “inercial” de 3.8 por ciento si no se concretaban las “reformas estructurales”. A pesar de que lograron imponer las reformas ahora dicen que el crecimiento será de apenas 3.7 por ciento y no el 4.7 por ciento comprometido si se daban las reformas.

El Paquete Económico 2015 demuestra la debilidad estructural de las finanzas públicas y que las cacareadas reformas no van a producir los beneficios que vendía la propaganda.

Una vez más, los peñistas recurren a su coartada favorita: otra vez, el crecimiento estaría sujeto al comportamiento de la economía de Estados Unidos y a la resolución de conflictos internacionales. De nuevo, se culpa al exterior para negar el fracaso del modelo económico mexicano.

La Política de Ingresos para 2015 nos muestra los primeros efectos de la reforma energética.

La disminución de la producción petrolera y una caída en los precios internacionales nos colocan en un escenario de verdadera incertidumbre. Los ingresos petroleros totales muestran una caída de –7.3 por ciento respecto a 2014. Justifican la baja en la producción con el argumento de que ahora hay una “nueva forma de medición”, que ya no incluye agua para simular una mayor producción, lo que se hizo los últimos ocho años.

No hacen explícita la verdadera causa de la reducción: que la participación de Pemex se redujo a sólo el 49 por ciento del total de reservas y a 21 por ciento de recursos prospectivos, un porcentaje que, además, irá a la baja paulatinamente.

Es cuando menos irresponsable decir que los ingresos petroleros irán aumentando cuando se entregarán más yacimientos a los privados.

La baja de los precios del petróleo y la reducción de la producción ocasionaron que el valor de las exportaciones cayera 10.8 por ciento de enero a agosto de este año. Tal cifra se incrementará hacia el fin del año dado que continúan cayendo producción y precios.

Prometieron que se incrementaría la producción petrolera, pero la realidad es que al finalizar el sexenio la producción, en el mejor de los casos, será de 2.8 millones de barriles diarios.

La reforma fiscal aprobada en 2013 pretendía, se dijo, garantizar una red de protección social. Pero los deficientes proyectos de seguro de desempleo y pensión universal ni siquiera caminan.

El otro objetivo era promover el crecimiento y la estabilidad económica. En los hechos, la reforma fiscal derivó en un factor recesivo.

El crecimiento en 2014, además de mediocre, fue el resultado del crecimiento de las exportaciones, derivadas a su vez de la recuperación de la economía de EU.

Si por estabilidad económica se entiende mantener controlada la inflación, ese propósito sí se alcanzó, pero sólo debido a que el Banxico aplicó medidas restrictivas.

La Ley de Ingresos 2015 no cumple la regla de reducción del déficit ya que se plantea que éste sea de 3.5 por ciento del PIB. Esto significa que en 2015 la deuda se incrementará en 672 mil 595 millones de pesos, aunque por ley el déficit público total no debe rebasar 3 por ciento del PIB.

La reforma peñista no ha resuelto los graves problemas estructurales de las finanzas públicas. Siguen la enorme dependencia de los ingresos petroleros y del endeudamiento que ya rebasa el 40 por ciento del PIB. Se niegan a bajar el IVA en fronteras a pesar que afecta la economía de los más pobres en el caso de la frontera sur y el comercio en la frontera norte. Continúan los privilegios a holdings ya que la consolidación fiscal sólo cambio de nombre. El ISR se recarga en los asalariados cuya recaudación aumentó 14.5 por ciento.

Por lo demás, el gasto público sigue siendo ineficiente, carece de transparencia y buena parte se destina a renglones superfluos. Una verdadera reforma hacendaria integral sigue siendo el gran pendiente nacional.