Opinión

Lewthwaite: ahí vienen los yijadís europeos


 
La “guerra contra el terrorismo” de Bush/Obama ya tiene a su nueva bestia negra, o mejor dicho, a su “viuda blanca”: Samantha Lewthwaite, quien fuera esposa de Germaine Lindsey, uno de los suicidas que atacaron con mochilas explosivas el metro de Londres en 2005 y que de condenar dicha acción, cuyos planes aseguró ignorar, ahora habría participado en la toma del centro comercial Westgate de Nairobi.
 
 
Todavía no está claro ni siquiera el número de bajas en el Westgate, que ofrecía a sus clientes “la suprema experiencia de ir de compras” ––el gobierno keniano reportó ayer 61 civiles, seis soldados y policías muertos, así como cinco combatientes de la milicia somalí El Shabab––, pero como dijo a The Daily Beast el experto Raffaello Pantucci, Lewthwaite “se ha convertido en una figura mítica” que inspirará a los yijadís: convertida al islamismo a los 17 años, esta irlandesa hija de un soldado y criada en Aylesbury, en las afueras de la capital británica, hoy de 29 primaveras, en realidad habría engañado a Scotland Yard, para proseguir una carrera que la puso en la mira de Kenia desde 2011.
 
 
Luego de los atentados del 7/7 en Londres, Lewthwaite, embarazada, recibió protección policiaca, pues se temían represalias en su contra; sin embargo, las autoridades de Kenia encontraron seis años después, en dos escondites de El Shabab, químicos similares a los que se utilizaron para fabricar las bombas y documentos falsificados de Natalie Faye Webb, que corresponderían a la “viuda blanca”.
 
 
Prueba
 
 
Así, como ya lo habría probado el mismo episodio de 2005 alentado por Al Qaeda, la verdadera amenaza son los extremistas nativos, los que han crecido en la marginalidad y el choque cultural en Europa; como los cientos de voluntarios que luchan en Siria y que algún día podrían regresar a sus países. Pero eso es sólo una parte de la historia, incluyendo la pregunta: ¿por qué Scotland Yard y el MI5 dejaron ir tan fácil a Lewthwaite?; la otra parte es que cada vez más alineada a Washington y Francia, Kenia invadió en 2011 la paupérrima Somalia para proteger dos de sus industrias clave, el safari y el puerto de Mombasa, pero también para crear un estado tapón en la zona fronteriza de Jubalandia, rica en petróleo.
 
 
En RT, Pepe Escobar y Andre Vitchek refieren que en más de una ocasión la Alianza Atlántica saboteó los intentos de políticos kenianos para negociar con El Shabab y pacificar al devastado país vecino.
 
 
Mwandawiro Mghanga, líder socialdemócrata, pronosticó: “miren nuestra política exterior, nuestro involucramiento en Somalia en nombre de Estados Unidos. Somos los que pagarán el gran precio de seguir instrucciones y defender sus intereses en la región”.