Opinión

Letras sofreídas

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Elena Poniatowska durante la presentación de su libro en Xalapa, Veracruz. (Itzel Villa)

La Feria del Libro de Minería llegaba a su fin y Elena Poniatowska presentaba Hojas de papel volando publicado por la editorial ERA. Fuentes allegadas al amplísimo estudio le informan a Gil que los admiradores de la Premio Cervantes abarrotarron La Capilla del Palacio de Minería. Como suele pasar en los lugares a los que asiste la escritora, cuando puso un pie en el histórico recinto, estalló una ovación. El libro, una compilación de cuentos donde las lavanderas, las sirvientas, los presos o los desesperados son los protagonistas.

Según la misma fuente allegada al amplísimo estudio, Poniatowska dijo: “Yo nunca he oído a nadie hablar mejor que un ferrocarrilero en una asamblea, muchísimo mejor que cualquier pinche diputado”. Una ovación se desgranó como mazorca de ésas que come el pueblo bueno.

Esta idea del ferrocarrilero como Demóstenes no es nueva en Poniatowska, para ella todo lo popular es bueno por el sólo hecho de serlo. ¡Venderáaaan chichicuilotitos!, gritó Gil repantigado en el burgués y mullido sillón del amplísimo.

Las letras chichicuilotas contienen mucha cebollita picada que le saca lagrimitas a cualquiera (el diminutivo como instrumento de inspiración es muy importante), su jitomatito en rodajas como obleas revolucionarias, su buen dientito de ajo que se sofríe en el comal de las mujeres del pueblo le da mucho sabor a la literatura de Poniatowska.

Desesperados

Así las casas (muletilla hipotecada por el Grupo Higa), las sirvientas, las lavanderas, los presos, los desesperados por el hecho de serlo son moralmente mejores que un ingeniero, un arquitecto o un contador.

Por cierto, a Gilga le da gusto ser parte de los personajes de la flamante Premio Cervantes, que se refiere a los desesperados. Hay libros de Elena Poniatowska que desesperan a Gil. ¿Lo dudan la lectora y el lector? Traten de leer Leonora, la rara novela, o biografía, o molito rojo con su pollito de Leonora Carrington.

En esas páginas, los surrealistas hablan como si conocieran su posteridad. Un día escribiré un manifiesto surrealista que será traducido a 50 idiomas; siento que un día le pediré a un carpintero mexicano una mesa muy rara. Max Ernst o André Breton hablan como jóvenes que se toman la 'chela' en un bar de la colonia Condesa.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco del amplísimo estudio pensando en el activismo político. Poniatowska es una luchadora social. Ella apoya a los pobres, a los maestros de la CNTE, a los electricistas de Martín Esparza, a todo aquel que ponga un pie en la calle y grite mueras al gobierno reaccionario, Poniatowska le da rango de personaje de crónica, o de cuento, o de capirotada. Ni qué decir del apoyo incondicional que la escritora le ha brindado a Liópez en sus protestas contra la mafia que le robó el poder.

En el año 2006, cuando Liópez partió en dos a la ciudad de México con el plantón de Reforma, Poniatowska escribió un libro, una elegía, un lamento, una oración o unas coyotas con su miel y le puso por título Amanecer en el Zócalo. Los 50 días que confrontaron a México. Hay mucho activismo en la vasta obra de Poniatowska, mucha militancia, muchas tlapalerías, muchos litros de agua de chía y también frascos vitroleros con tepache, en fon.

Premios y apremios

En un gesto histórico, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: aquí hay complejidades. Poniatowska ha ganado decenas de premios y reconocimientos. Muchos de ellos otorgados por gobiernos a los que ha criticado con templanza, mju, (gran palabra la templanza).

Que se sepa, nunca ha rechazado un premio, desde el Nacional de Periodismo en el año de 1978 hasta la Medalla Bellas Artes en 2014. Ha llovido y granizado desde aquel año en que el gobierno de López Portillo premió a la escritora y aún se oye el eco de los gritos enfurecidos contra Peña Nieto. Pues bien, resulta que la escritora le aceptó premios a esos gobiernos encabezados por esos presidentes. Y no vayan a salirle a Gamés con la paparruchada de que la premiaron cuerpos colegiados que bla-bla-bla. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Gamés recuerda que durante el pleito postelectoral de 2006, Liópez prohibió a sus huestes ver cualquier canal de Televisa, ni las caricaturas. Pues bien, Poniatowska sostuvo su participación en el Noticiero de López Dóriga. Desde esa tribuna fustigaba a los reaccionarios y lanzaba dicterios. A Gil le gusta decir que Poniatowska tiene seguidores, no lectores. Caracho: todo es muy raro. Por estas rodajas, por estas semillas, por estos granos de sal, o como se llamen, Gil no leerá Hojas de papel volando. Adiós a Poniatowska.

La máxima de André Gide espetó dentro del ático de las frases célebres: “No se hace buena literatura con buenas intenciones y buenos sentimientos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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