Opinión

Letras comprometidas

 
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Eduardo Galeano, escritor uriguayo

Había muerto el escritor Eduardo Galeano después de luchar contra un cáncer de pulmón que terminó por derrotarlo. La prensa latinoamericana dio la noticia y empezó la conmoción. No era para menos pues había muerto uno de los santones de la izquierda. Gil inquiere: ¿los escritores de izquierda son mejores por el sólo hecho de ser de izquierda? ¿Los escritores de derecha son mejores por el sólo hecho de ser de derecha? Muchos piensan que sí, que una causa convierte a la literatura en algo superior, majestuoso, colosal. Gamés en cambio piensa lo contrario: las letras atadas a una ideología, de izquierda o de derecha, ensombrecen la obra. Con la pena.

Eduardo Galeano será despedido con altos honores oficiales, informó el Ministerio de Educación de Uruguay. La última vez que se le vio en público, Galeano recibió a Evo Morales, quien visitó Montevideo para presenciar el cambio de gobierno en el cual Mujica abandonaba la casa presidencial para dejarle su sitio a Tabaré Vázquez. Galeano logró al menos unas buenas frases sobre la muerte: me aburre pensar en la muerte, y sospecho que más aburrido será ser el centro de la fiesta fúnebre, mintiendo sobre lo mucho que me duele dejar este valle de lágrimas.

Combatiente

Galeano hizo de las causas sociales su bandera. Luchó por los jóvenes, los indígenas, la ecología, los trabajadores, las mujeres, la legalización de las drogas, en contra de los narcoestados y el neoliberalismo. Un puñado de causas. También pudo luchar por las calles, las bicicletas, los metrobuses, las puertas, los techos de las casas, en fon. Gamés lo dice pronto y sin ofensa: Las venas abiertas de América Latina le parece un panfleto lamentable traducido a 18 idiomas, premiado por la Casa de la Américas en 1971 y guardado como un tesoro por quienes creen que la literatura es un instrumento punzocortante.

Gil sabe, pues lo leyó en los remotos años setenta, que ese libro de Galeano buscaba no tanto explicar cómo arengar, no tanto entender como agitar, rasgos que adoran los militantes de la izquierda de aquellos años setenta. Intenten la lectora y el lector con este libro y el resultado será catastrófico.

Oigan esto: “Es América Latina las región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado en capital europeo o, más tarde norteamericano, y como tal se acumula y se ha acumulado en los lejanos centros de poder”. Aigoeeei. A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquél, de Pedro María de Juan y Joseeé. Como otros grandes combatientes, Galeano logró la hazaña de mantenerse estático a través de los años.

El bombo, la estrella roja, la canción de protesta, la pulsera de cuero, el libro rojo, las ediciones Progreso, el Diario del Che. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y meditó: nada se va del todo, las cosas vuelven, como Galeano.

Compromiso

A Gamés le gustaría escribir una obra titulada así: Las aortas expresivas del continente americano. En ella daría cuenta de la pobreza, la riqueza, la inmundicia del dinero y la falta que nos hace esa inmundicia. En fon. Galeano bateaba todas las causas nobles. El presidente Nicolás Maduro dio a conocer que Galeano había firmado contra el decreto por el que Obama calificó a Venezuela como una amenaza.

Oigan este perfil publicado en su periódico La Jornada en una nota de Erika Montaño: “siempre del lado de los pobres, de los indignados, su activismo social y su compromiso con los desprotegidos lo llevó a Chiapas a conocer de cerca al EZLN, mantuvo un intercambio epistolar con el subcomandante Marcos y vertió lo vivido en ese estado del sureste mexicano en diversos artículos”.

¿Volveremos a discutir la idea del compromiso en las letras?, se preguntaba Gamés mientras caminaba sobre la duela de cedro blanco. ¿La literatura debe cumplir con un compromiso social? ¿Volveremos a la polémica de Cortázar y Collazos? ¿A la casa de las Américas? ¿Al caso Padilla? Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: eso es improbable, en esos años había cierta voluntad para discutir, hoy en día los dogmáticos cierran la puerta y apagan las luces. Fuera de esa casa a oscuras todos son unos traidores. Así pensaba Galeano.

La máxima de Louis de Bonald espetó dentro del ático de las frases célebres: “No son los deberes los que quitan al hombre la independencia: son los compromisos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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