Opinión

Leonhart y las nuevas reglas del intercambio bilateral


 
En buena hora el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, manifestó su respeto y disposición a cooperar con la nueva estrategia de seguridad aplicada por su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, pues en los días que precedieron a su visita de trabajo The Washington Post y The New York Times difundieron la inconformidad y las "fricciones" que ha generado en el aparato de inteligencia estadounidense.
 
Es necesario recordar aquí que el marco de la colaboración futura entre ambos países fue establecido en abril durante las giras a sus respectivas capitales por los secretarios de Gobernación y de Seguridad de la Patria, Miguel Ángel Osorio Chong y Janet Napolitano, lo que permitió "desnarcotizar" la relación y avanzar en el objetivo refrendado ayer por Peña Nieto y Obama, hacia una relación multidimensional y madura, en la que los aspectos económicos y comerciales serán prioritarios.
 
Sin embargo, en ciertos círculos no parecen haber caído muy bien los planes formulados por Osorio Chong, quien -indicó NYT- "defendió las medidas, incluyendo la creación de una 'ventanilla única' en su departamento para supervisar y manejar toda la inteligencia, en nombre de la eficiencia y de 'una nueva fase' en el combate al crimen".
 
Salida
 
El diario neoyorquino destacó la salida de los agentes de la DEA y militares jubilados del Pentágono que operaron en los "centros de fusión de inteligencia" de Monterrey y de otras ciudades, para citar a oficiales que descalificaron desde el anonimato la nueva estrategia. Advirtió asimismo que "la falta de certeza sobre los planes y el compromiso de México" ha puesto en riesgo el desembolso de los 246 millones de dólares finales de la Iniciativa Mérida, pues el demócrata Patrick Leahy, titular del Comité Judicial del Senado, "ha estado esperando durante meses más detalles del Departamento de Estado y del gobierno mexicano sobre cómo se gastaría el dinero y qué puede lograr".
 
La realidad, sin embargo, es que las corporaciones estadounidenses -y en especial la DEA, que dirige desde 2007 Michele Leonhart, quien ha desechado diversas investigaciones sobre los beneficios terapéuticos y medicinales de la mariguana-, disfrutaron de manga ancha en el gobierno de Felipe Calderón. Será necesario que se adapten a un esquema diferente, en el que pueden sentirse acotadas, pero del que todavía no pueden criticar mucho, a diferencia de los magros resultados que su cooperación ha brindado para frenar la violencia en nuestro país.
 
Basta con recordar, como ejemplos de lo anterior, la operación Rápido y Furioso de tráfico "controlado" de armas a México que nunca se comunicó a sus autoridades, según la cancillería calderonista; las operaciones de lavado de dinero del narcotráfico efectuadas por la DEA "para identificar a los capos" y, por supuesto, los vuelos secretos de espionaje sobre México, que impresionaron tanto a Calderón -quien pedía ese tipo de "juguetes" para su guerra antidrogas-, que llegó al grado de pedirle a Washington que los drones teledirigidos también dispararan aquí sus misiles, como en Irak y Afganistán. Hasta ahí habíamos llegado.