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25/01/2018
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AMLO. (Cuartoscuro)
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Las recientes adhesiones a Morena y confesiones de lealtad incondicional a Andrés Manuel López Obrador, profesadas por distintos actores políticos, oportunistas y espontáneos desempleados, ofrece una imagen mixta entre el pragmatismo político y una pluralidad disfrazada. Me explico.

Desde Lino Korrodi, recaudador y administrador de fondos en la campaña de Vicente Fox (1999-2000), hasta Gabriela Cuevas, Alfonso Durazo, el nieto Fujiwara, Mr. Fastlicht y tantos otros, se envía una señal de que todo cabe en las huestes de Andrés Manuel.

Una primera lectura obligada –la oficial y articulada por la retórica de AMLO– es que se trata de un movimiento extendido, amplio, plural, que abarca a todos los sectores de la sociedad para cambiar al país.

Otra inevitable es la de engrosar las filas para la batalla, proyectar la imagen, cierta pero imprecisa, de que 'millones de mexicanos' se suman todos los días a las filas de Morena para apoyar a Andrés. Se construye el hipotético de que es imparable, de que existe una movilización nacional a favor de su candidatura. Hábil, pero inexacto, exagerado, útil para efectos de campaña: construir la sensación de que estamos ante una victoria inevitable, garantizada. Otra hábil estrategia de campaña, pero falsa igualmente. Todo puede pasar de aquí a las elecciones, con todo y la ventaja considerable y aparentemente estable, especialmente en este país, donde cerca de 35 por ciento del electorado decide ese mismo día, frente a la boleta, en la urna. Hay ventajas indudables, pero esta historia está aún por escribirse.

Habría otro grupo de adherentes, aquellos que en el desempleo y la inactividad, el rechazo de diversas fuerzas políticas, se sumaron de forma oportunista con la puerta abierta de Andrés, recibiendo a todos con foto y bienvenida.

López Obrador es muchas cosas, excepto plural. Su historia lo demuestra. No es un político que sume opiniones, que integre visiones distintas o discordantes en un proyecto unificador. No es un conciliador. Es un político de visiones firmes, principios sólidos –como tanto pregona–, pero aferrado a su proyecto y perspectiva de las cosas. Sería interesante observar, tan sólo como experimento –aunque podría salir demasiado caro– si la victoria lo acompaña en la jornada de julio próximo, cuánto tiempo pasará antes de iniciar una limpia y filtro de todos quienes se han sumado y expresado apoyo, pero a quienes no respeta política y personalmente. Veremos.

La lógica del pragmatismo político, mucho más sustentado y extendido en el mundo, señala una transformación en el estilo de AMLO y en su cerrazón habitual. Cambió su postura tradicional de aceptar y sentarse a hablar de política, proyectos y programas –incluso con gente a la que desprecia o rechazó en el pasado– con personas que provienen de distintos espacios del espectro político, muchos de ellos contrincantes, adversarios y hasta furibundos detractores (Gabriela Cuevas). Es decir, modificó su convicción de que 'sólo los buenos' –los puros– podían formar parte de una auténtica agenda transformadora. Ahora son bienvenidos los azules, los tricolores, los empresarios, los amarillos arrepentidos por su ceguera y su egoísmo, los verdes (Chiapas) y todos aquellos que expresen su apoyo. Andrés se volvió pragmático, guardó o archivó por ahora –tal vez sólo durante la campaña– el riguroso rasero que impedía a quienes calificó de traidores –puercos, cochinos, y su extensa letanía de la granja–, sumarse a sus filas. Ya no importa tanto compartir principios, abrevar de la misma fuente ideológica, sino lo que importa es ganar por encima de todo. Es decir, de forma llana y plana, como cualquier otro político, para bajarlo del púlpito mesiánico y ponerlo a la altura de todos sus contrincantes.

Todo cabe ahora en Morena y en las filas de simpatizantes y seguidores de AMLO. Parece oferta, ahora sí que “más lo que se acumule en la semana”.

Aparecen también una serie de personajes aprovechados, que consideran una táctica oportuna, sumarse al movimiento que perciben en ascenso. Algo les tocará –piensan– en la lógica del extendido hueso mexicano. ¿Andrés repartirá puestos, cargos y prebendas a todos aquellos que apoyen su campaña? ¿Lo hará sin importar la capacidad para el cargo, la experiencia en una oficina pública? Si juzgamos su gabinete, muchos de los cuales jamás han trabajado en el gobierno ni tienen idea de cómo manejar una oficina pública, la respuesta sería sí: tendrán hueso y cargo.

Así es que apúrese, hay oferta, todo cabe en las filas de AMLO.

Caso semejante, por cierto, el que sucede en las filas de Meade, quien hace evento, grabación y bienvenida para cada personaje que se suma a su equipo: Lozano, Di-Bella, y los que vengan.

Twitter: @LKourchenko

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.