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Tiempo de México

05/04/2018

Las ofensivas declaraciones y las agraviantes acciones del presidente Trump en contra de México debieran, en opinión de algunos, provocar una respuesta firme y contundente de parte del gobierno mexicano. Respuestas al grado de suspender las rondas de renegociación del TLC, levantarnos de la mesa y declarar, a voz batiente, que no continuamos hasta que no se modifique el tono hostil en contra del aliado, socio y vecino comprometido de Estados Unidos.

Muchas variables deben ser consideradas aquí: ¿Es un tema de orgullo nacional? ¿Es un tema de estrategia política bilateral? ¿Es un tema de acuerdo comercial a largo plazo, más allá de la coyuntura?

Muchas voces consultadas en el proceso y hay de todo, como en botica. Los que consideran que debemos establecer un 'hasta aquí' a las ofensivas y con frecuencia agraviantes declaraciones del presidente Trump hacia México.

Otros quienes consideran que prestemos poca atención a sus vociferantes dichos y ocupemos más atención en las acciones: al tiempo que ordena un operativo militar en la frontera, instruye a sus negociadores comerciales alcanzar un acuerdo de base común al más corto plazo posible, muy benéfico para México, por cierto, considerando que los puntos discordantes como la integración de autopartes para la industria automotriz y el panel de divergencias han quedado medianamente resueltos. Es decir, primero el comercio y después los actos pirotécnicos en la frontera.

Unos más quienes consideran que existen antecedentes de Guardia Nacional en la frontera con México (2006 con Bush y 2009 con Obama) sin mayores consecuencias. Es decir, la migración, el acceso y la deportación regular se mantuvieron en términos reales, en promedio. Con altas y bajas, pero no se detuvo significativamente.

¿Entonces?

En términos de comunicación, de mensaje al mundo y de alianza con su vecino con quien negocia el acuerdo comercial más importante para ambas naciones, es terriblemente ofensivo. Nadie manda militares a resguardar la frontera con su aliado. Nadie ordena armas y tanques y efectivos para apuntar hacia su vecino y socio, especialmente cuando existen condiciones de negociación comercial, diplomática y de extrema seguridad para ambos países.

Donald Trump tiene demasiados frentes abiertos y golpea al más débil. Tiene graves diferencias con la Unión Europea, y misiles comerciales apuntados a China, su principal socio deficitario en la balanza comercial. Con todo nos apunta a nosotros porque representamos el eslabón más débil. Es más fácil anunciarle a los miles de electores estadounidenses -que el próximo noviembre renovarán los 435 asientos de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado- que ha tomado acciones vigorosas y enérgicas en su frontera sur, que con China o Europa.

Donald Trump está en campaña partidaria para impedir que su partido pierda la mayoría en ambas cámaras, aunque todos los sondeos indican que por lo menos en Representantes es altamente probable que suceda.

Por ello golpear al débil, al cercano, al que levanta el mayor número de sentimientos antiinmigrante entre los simpatizantes de Trump.

La respuesta mexicana, hasta ahora firme y clara, pero tímida, parece sensata y moderada. No engancharse en la retórica de confrontación, sino defender derechos y principios. Suena razonable, aunque tal vez ha llegado el momento de marcar un alto al vociferante y arrebatado vecino.

Las implicaciones internas para nuestra elección son evidentes. El gobierno deberá considerar que una posición fuerte y sin precedentes puede, en alguna manera, impulsar a su candidato.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.