Preocupaciones
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Preocupaciones

08/03/2018
Actualización 08/03/2018 - 9:36

En estos días de precampañas y campañas, de los absurdos jurídicos de nuestra Ley Electoral y los hipotéticos silencios que han resultado bastante ruidosos, cada quien expresa sus preocupaciones. Comparto aquí algunas de las que con mayor frecuencia me preguntan:

¿Andrés se va a volver loco, va a expropiar y a convertirse en un dictador? No lo creo. Si juzgamos su ejercicio como jefe de Gobierno capitalino, eso no sucedió. Lo que hizo fue reorientar el gasto social y destinar muchos más recursos a pensiones, madres solteras y apoyos a jóvenes estudiantes. Personalmente, a favor y con valoración positiva.

Sus proyectos educativos, sin embargo, tanto la preparatoria como la universidad de la Ciudad de México resultaron un desastre total. Lo invito a que revise usted la tasa de egreso y titulación de esta institución, es patética. El aumento de programas sociales no necesariamente es negativo, si se hace con transparencia y efectividad. Las rentas per se, o los pagos eternos, no son activadores de la economía ni del empleo, sino becas que fomentan segmentos improductivos de la sociedad, quienes esperan, como nociva obligación, que el Estado debe proporcionarles todo.

En el caso del señor Anaya me preguntan con frecuencia si es víctima de persecución política y de uso faccioso por parte de la PGR. La última encuesta de EL FINANCIERO señala que 40 por ciento de los encuestados considera que la PGR no ha sido neutral en el caso Anaya, mientras que 36 por ciento dice que sí. En síntesis, muy dividido.

Personalmente creo que una PGR omisa, torpe, tardía, incapaz en muchos casos a lo largo de la administración, demostró una celeridad espectacular en investigar el caso. No fue su comportamiento habitual ni sistemático a lo largo del sexenio, lo que haría suponer que, en efecto, existe un claro interés político y electoral por dañar la imagen del candidato Anaya.

Dicho lo cual, me parece que hay sustancia. Ricardo no ha sido capaz, hasta ahora, de responder con precisión, claridad y transparencia a las acusaciones. Se contradijo de a quién y cómo le compró; se contradijo del crédito hipotecario original para la compra del terreno, antes de la nave industrial y otras inconsistencias. Responder acerca de las cuentas en el extranjero de su familia política resulta muy fácil, porque en efecto hay empresas desde hace dos generaciones, cuentas, activos e inmuebles. Eso es sencillo. Lo que no cuadra es la operación de compra-venta de la que él y sólo él es responsable; quiénes son los dueños originales, quiénes los vendedores posteriores, con qué se financió la instalación de la nave y la fabulosa operación de 10 millones por 54 de ganancia en un plazo muy corto. Por si faltara, la inexplicable aún, vuelta al mundo del dinero (Gibraltar, el Caribe). La PGR puede no haber actuado con absoluta imparcialidad en el caso y de acelerar los temas con objetivos políticos, pero algo incorrecto se hizo ahí y el señor Anaya en vez de responder, presentar títulos y transparentar la operación, optó por la victimización política. Veremos cómo responde el electorado.

En el caso del señor Meade y el PRI es frecuente el señalamiento de su derrota anticipada. Personalmente no lo creo, los datos y las tendencias indican que es aún un candidato competitivo. Ciertamente carga –como El Pípila– con la enorme y pesada losa del PRI, pero el candidato es competitivo, tiene impacto en la ciudadanía y amplios sectores del electorado lo ven con interés y aceptación. Es decir, esa sentencia no ha sido dictada todavía, aunque los azules y los morenos insisten en repetirla.

El repetido tema del deslinde aparece por todas partes. La instrucción del presidente a la campaña fue “hagan lo que quieran, pero no me peguen”, lo que parece un exceso de vanidad en una contienda que es de por sí enormemente cerrada. Si Enrique Peña Nieto quiere ganar las elecciones, deberá soltar rienda a la campaña y al candidato para que definan estrategia y curso de acción sin la nave nodriza de Los Pinos.

Según nuestra más reciente medición, los positivos de Andrés Manuel van al alza. El 46 por ciento considera falsa la afirmación del nobel Vargas Llosa en torno al retroceso democrático, mientras que sólo 36 por ciento –escandaloso– condena o rechaza las alianzas con Napoleón Gómez Urrutia y con el grupo de Elba Esther.

Tal parece que no importan los errores, excesos o vínculos que haga López Obrador con impresentables, existe un sector del electorado que le perdonará todo, y ese segmento, es creciente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.