Los errores de Peña
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Los errores de Peña

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Los errores de Peña

04/07/2018
Actualización 04/07/2018 - 10:06

La debacle priista de esta jornada electoral, la derrota histórica en estados como Oaxaca, Hidalgo, Tabasco o el propio Estado de México, apuntan al derrumbe del partido más antiguo (fundado en 1929 como PNR) y el que presumió los últimos seis años de experiencia, conocimiento, dominio de la escena política.

Tal vez la principal equivocación radica en la soberbia, en la arrogancia sustentada en esa mirada deformada frente a un espejo que los proyecta como poderosos e invencibles. Tarde o temprano, se impone la realidad.

1. Distanciamiento del electorado. Alguien, no sé si Aurelio Nuño o Luis Videgaray, cercanos y sintonizados buena parte del sexenio, tomaron la decisión de mantener protegido al presidente. Retirarlo de los eventos masivos, de los discursos improvisados –que tan mal le salieron muchas veces- y con ello, reducir el riesgo de una pifia y un resbalón. La consecuencia fue distanciarlo del electorado, convertirlo en mandatario de palacio, lejano a la ciudadanía. Así fueron, por lo menos, los primeros dos años. (Vea usted hoy, el contraste con AMLO y su contacto popular). El presidente lo permitió, lo toleró y cometió un grave error.

2. La protección a quienes cometieron excesos, o de forma más cruda, la impunidad de los ladrones. Más de una vez cercanos y confiables colaboradores del presidente le exhibieron pruebas contra Duarte de Veracruz, contra Lozoya en Pemex, contra Borge de Quintana Roo. El presidente se negó a removerlos, a llamarlos a cuentas, a detener el desfalco y los abusos de 'la nueva generación de priístas'. Las acciones tomadas resultaron tardías y poco creíbles por la ciudadanía. El daño estaba hecho. Los resultados hoy son elocuentes, aplastantes y dolorosos para el PRI.

3. Después de descalificar la 'guerra contra el narcotráfico' de Calderón, y acusarla de errores estratégicos en contraste con una hipotética experiencia de su equipo, el combate al crimen organizado y la inseguridad resultó en un espantoso desastre en esta administración. Todos los índices abundan en evidencia de un combate errático, torpe, improvisado, más atento a las campañas de imagen que a los hechos.

4. Según cálculos extraoficiales, este gobierno gastó 60 mil millones de pesos en 'comunicación oficial', es decir, en campañas, espoteo e inversión publicitaria en medios para promover la imagen del presidente y del gobierno. Cualquier auditor le diría que es el peor dinero gastado en la historia. El presidente tiene 20 por ciento de aprobación pública y un extendido desprestigio en todo el país. Ese dinero se tiró a la basura y no sirvió la inversión, a juzgar por el resultado.

5. La negativa del presidente, por arrogancia y soberbia a una segundas vuelta electoral, que su PAN todavía aliado estaba dispuesto a impulsar en el Congreso, provocó la arrasadora victoria de Morena. Una segunda vuelta hubiese permitido, por lo menos, un segundo candidato –quienquiera que fuera- competitivo frente al puntero. Hoy pagan la ceguera y la cerrazón política.

6. En noviembre de 2017 Peña Nieto afirmó a un grupo de empresarios en reunión privada que “sabía mucho de elecciones”. Los resultados del domingo demuestran lo contrario. La estrategia del candidato ciudadano, la imposición del equipo de campaña, la prohibición a permitir un distanciamiento entre el candidato y el régimen, ofrecieron los resultados hoy conocidos. Nunca despegó el candidato porque estuvo maniatado por el equipo del presidente. Su 'extenso conocimiento' fue barrido el 1 de julio.

7. Nuevamente la imposición de un fiscal 'a modo' en la persona del muy capaz Raúl Cervantes, produjo el rompimiento irreversible con el PAN y la guerra sangrienta entre dos aliados iniciales. Anaya lanzó toda su ofensiva a partir de ese detonador, con sus propias responsabilidades y culpas, pero Peña Nieto y su gobierno fueron incapaces, ciegos, arrogantes una vez más en medir y dimensionar las consecuencias.

Si a esto sumamos una estrategia de comunicación equívoca en los casos Ayotzinapa y 'casa blanca' –emblemáticos e inolvidables de su administración- entre muchos otros temas como el gasolinazo, la visita de Trump, las reformas no explicadas en su totalidad, integran un escenario complejo y difícil.

La gran lección para los que llegan, con mucho más poder y respaldo popular en las urnas que los que se van, es que si se separan del electorado, si se suben al pedestal del cargo y el poder y se consideran los salvadores de la patria, caerán de la misma forma, que quienes hoy se van, tristemente, con la derrota más grande en la historia de su partido.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.