La guerra por el segundo lugar
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La guerra por el segundo lugar

18/01/2018
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Meade y Anaya, por el segundo lugar. (Especial)
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La confrontación entre coaliciones y candidatos se ve ya, desde ahora, brutal. La guerra que apenas se avecina, apunta algunos trazos que permiten adelantar ciertas premisas.

Si la elección se va a tercios –como todo el mundo adelantaba hace un año– las probabilidades de victoria para Andrés Manuel se elevan significativamente. López Obrador aparece con un firme –casi inamovible– 32 por ciento de las preferencias electorales en población abierta, lo que significa que su voto duro oscila entre 30 y 35 por ciento. Como antecedente, consiguió 35.2 por ciento en 2006 y 31.5 por ciento en 2012, lo que registra un voto duro garantizado en esos márgenes.

Si esta premisa es cierta como la estrategia de los partidos parece sustentar, el PRI y sus aliados y el PAN-PRD buscarán a toda costa eliminarse entre sí, para colocarse –alguno de ellos– como el sólido puntero frente a AMLO. Según el poll the polls (la encuesta integradora de más de 12 sondeos de preferencia) Ricardo Anaya (PAN-PRD-MC) se coloca en el segundo lugar de preferencias en siete de 10 encuestas. Con la salvedad de que su porcentaje (21 en promedio) supera sólo por un punto a José Antonio Meade (20 por ciento). Es decir, todo es posible. No hay nada escrito.

Para los voceros de la victoria garantizada de Andrés Manuel, o de la supremacía absoluta de Anaya, habría que decir que esto apenas arranca y que, en cinco meses, muchas cosas pueden pasar en plena campaña. Está claro que si las elecciones fueran este domingo, el ganador indiscutible sería Andrés Manuel.

La batalla por el segundo lugar se convierte en la primera parada estratégica de Meade y de Anaya, no sólo para transmitirle al electorado su fortaleza como contendientes del puntero, sino sobre todo para plantear –llegado el momento– la tesis del voto útil: “No vote usted por tal porque va en tercero, ya no va a ganar; deme su voto a mí, que soy el único que puede vencer a AMLO”. Por ello de aquí a mediados de la campaña electoral –15 de mayo– la artillería pesada y los misiles estarán dirigidos a hundir a estos dos candidatos entre sí. Esto le brinda a Andrés Manuel un espacio de cierta holgura, no porque no vaya a recibir ataques y señalamientos, sino porque serán secundarios. La meta principal será descartarse entre ellos.

Ahora bien, cada uno de los aspirantes a segunda posición tiene sus propios retos.

Meade es el externo, el no priista conquistando a una base electoral dura, aceitada, eficiente, poderosa, pero al mismo tiempo celosa, desconfiada y muy debilitada después de los últimos procesos electorales, que bien puede castigar a quien no convence o no se identifica plenamente con el PRI. La mayor energía del candidato estará dirigida, de aquí a la asamblea de febrero, a capturar, garantizar y cohesionar ese voto tricolor.

Anaya, por su cuenta, enfrenta el enorme reto de convencer al electorado del PRD. Es otro externo que representa y ostenta valores contrarios a los de la izquierda combativa y urbana del PRD, intentado convencer, conquistar y asegurar que su origen y su condición social de privilegiado con familia en el extranjero –aunque ya regresó–, no lo hace diferente, distante y ajeno a los sobrevivientes y exiguos simpatizantes del sol azteca.

Después de superados estos escollos para los dos aspirantes a ser 'el' contendiente de Andrés Manuel, José Antonio Meade presenta aún el camino más complejo, cuesta arriba y desafiante. Según el estudio de Ronald Anton de CPI Latinoamérica, la carga de los negativos del PRI (57 por ciento) será una pesada losa para el candidato, que resultará muy difícil de revertir. Votar por Meade, por su experiencia, por su conocimiento, por su impecable trayectoria como funcionario público, pero no por el partido que lo postula, es una meta casi imposible de alcanzar. ¿Cómo deslindar al candidato del partido que lo postula?

En este contexto, Ricardo Anaya tendría cierta ventaja porque los negativos del PAN son menores (40 por ciento), la carga del desprestigio es más liviana, pero también es menor la experiencia, trayectoria y conocimiento de un candidato frente al otro.

Ya se registraron perredistas mudando a Morena de forma masiva, habrá panistas que sigan el camino de Margarita, y seguramente muchos priistas que busquen otra alternativa. El comportamiento final del electorado es aún una incógnita. Lo que resulta un hecho incontrovertible es que se despedazarán para conseguir el segundo puesto, y en esa trinchera veremos desde 'Corrales' montando escénicos ataques y al gobierno federal utilizando su músculo y acceso a información para contraatacar. Mientras tanto, Andrés, haciendo round de sombra, esperando al que se subirá al ring frente a él.

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Twitter: @LKourchenko

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.