Educación
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Educación

COMPARTIR

···

Educación

21/06/2018

Un grupo de mexicanos asiste a un bar en la ciudad alemana de Bremen para ver el partido México-Alemania. El bar está hasta el tope, donde se mezclan numerosos aficionados locales con unos pocos mexicanos que, a nuestro estilo, vestimos los colores y hacemos gala de nuestro orgullo nacional.

El partido transcurre entre ánimos y vítores de cada bando.

Al término del juego de resultado por todos conocido, un grupo de alemanes se acerca a los mexicanos y de pie, frente a ellos, les aplaude. Les dicen felicidades, ganaron porque jugaron mejor que nuestro equipo. Se merecían la victoria. Los mexicanos agradecen, conmovidos, entre cervezas y salchichas. Al llegar la hora de retirarse descubren que no sólo los felicitaron 'de buena ley', sino que además les pagaron la cuenta.

En contraste, en la Ciudad de México unos desaforados hinchas mexicanos, en el exceso del festejo del pasado domingo, cometen el arrebato de prender fuego a una bandera alemana.

La historia desde Bremen es narrada por una de las mexicanas que compartió su experiencia a través de las redes y que, ofendida y humillada, comparó el ejemplo de elegancia y educación que le brindaron los alemanes, frente al acto de barbarie y estupidez que unos mexicanos 'celebrando' cometieron con la bandera germana.

Esto sucedió esta semana, en Alemania y en México, dos países con una extensa y profunda relación de amistad, colaboración, intercambio, relaciones culturales y mucho más. Mis hijos mayores asistieron durante toda su educación básica y media al Colegio Alemán de la Ciudad de México, y puedo constatar que se trata de una comunidad armónica, hermanada, con dos culturas distintas pero que se entrelazan para beneficio de ambas.

La educación demostrada por los ciudadanos de Bremen a los turistas o visitantes mexicanos, demuestra con clara transparencia el respeto, la tolerancia y la altura competitiva en un deporte. Esas cualidades, ¿son resultado de la cultura?, ¿son resultado de la educación? ¿son resultado de un pueblo que ha vivido duras lecciones en la historia y se ha levantado ejemplarmente una y otra vez?

No lo sé, pero el hecho me conduce a insistir una y otra vez en que no podemos en México renunciar al avance educativo; no podemos claudicar en un esfuerzo apenas dibujado con la reforma educativa para impulsar un cambio profundo en el sistema.

Ayer (20 de junio) los ilustres 'maestros' de la CNTE solicitaron formal y abiertamente que se les exente del ISR, el Impuesto Sobre la Renta. Es decir, que ellos, esos próceres de una educación pobre, primitiva, con frecuencia ausente y las más veces inexistente, se les otorgue un régimen especial dentro del Estado mexicano que signifique no pagar impuestos. ¿Qué le parece?

Si alguien, con la brújula extraviada y la retórica electoral en pleno, considera –como ya hemos escuchado– que estos son maestros 'verdaderos' y que han sido hostigados y perseguidos por la “mal llamada reforma educativa”, lo invito a que revise los índices de registro en pruebas (Planea, PISA, etcétera) de desempeño educativo en los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca. Son sistemáticamente, desde hace más de una década, los estados con peores desempeños educativos en el país.

Pero los maestros ahora piden no pagar impuestos, en un acto de excepción al Estado de derecho, justamente la condición en la que viven y quieren vivir. No ser evaluados, no ser comparados, no someter su desempeño a pruebas de rendimiento, no establecer concursos de oposición, no nada. Ellos son los dueños, creen que la educación en sus estados les pertenece y pretenden además extorsionar a un nuevo gobierno para obtener más privilegios y canonjías.

¡Inaceptable!

La reforma educativa es un paso enorme hacia la modernización del sistema nacional de educación, ha costado miles de horas de trabajo, de evaluación, de legislación, de normatividad, de capacitación. Han trabajado en ella miles de personas en la SEP, el INEE, el SNTE y sobre todo miles de escuelas en todo el país, además de muchas organizaciones de la sociedad civil que impulsan una educación de calidad.

Renunciar a la reforma para complacer a un grupo de hampones, de malandrines mal llamados maestros, que lucran y extorsionan a autoridades locales y federales, es aceptar sin reparo que somos un país subdesarrollado y que nunca podremos alcanzar los niveles de educación de Alemania, Europa, Asia o Norteamérica.

Afirmar que la reforma “fue dictada por el Fondo Monetario Internacional” y que pretende privatizar la educación, es un sinsentido pronunciado por un líder sindical charro, para incendiar a las masas y chantajear a las autoridades.

¿Y si ese líder se convierte en autoridad? Entonces, entonces, tenemos problemas. Porque no puede ser autoridad auténtica quien no entienda el proceso de transformación educativa en el mundo, y que ese cambio no está sujeto a la voluntad de una punta de bandidos que atropellan los derechos de niños y jóvenes por mantener sus privilegios y sus dineros intactos. Ese México ya se acabó y no debe volver.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.