Carta a AMLO
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Carta a AMLO

05/07/2018

Escribo esto como un básico ejercicio de congruencia personal, ante la inminencia de una nueva era política en México.

Declaro que he sido un frecuente y repetido crítico de [usted], hoy candidato vencedor en las elecciones; que he diferido en estas páginas y en varias frecuencias con sus afirmaciones y propuestas.

Después de escucharlo el pasado domingo por la noche, en dos mensajes sensatos, serenos, en el llamado a la reconciliación nacional, me siento en la obligación de expresar algunas convicciones.

Aplaudo su compromiso por un gobierno austero: su diagnóstico, preciso y certero, en torno a que los excesos del poder resultan agraviantes e insultantes para una inmensa mayoría en la batalla diaria por la alimentación y contra la pobreza, es incuestionable. Tiene usted razón.

Aplaudo igualmente el compromiso al aumento del gasto social, a la disminución del gasto corriente, a pagar menos a la burocracia y destinar más a quién más lo necesita.

Sin embargo, debo expresarle que ninguna pensión o beca o ayuda económica es un detonador de empleo, de riqueza o de crecimiento. Regalar dinero, que en principio podría entenderse como una mínima retribución a un pueblo ofendido y despojado, no es el instrumento para generar riqueza, para activar el desarrollo y la economía, más aún, con severa gravedad, para arrancar a millones de mexicanos de la pobreza. Estoy seguro de que usted lo sabe, y espero que también sus asesores económicos.

No existe caso en el mundo que haya roto los círculos perversos de la pobreza con programas sociales; lo dicen los premios Nobel de Economía, la inversión social no radica en dádivas, sino en proyectos productivos que involucren a comunidades, capaciten a nuevas generaciones, garanticen círculos productivos a largo plazo. El caso de Brasil es un ejemplo interesante a estudiar.

No comparto su insistencia en la reintegración del Estado Mayor Presidencial (EMP) a la Secretaría de la Defensa (Sedena). Alcanzo a vislumbrar que su intención radica en eliminar el boato y la corte, los ujieres que corren y abren vallas y caminos para el paso del poderoso. Lo comprendo y lo apoyo. Tiene usted razón. Pero el EMP no sólo sirve para eso: es un cuerpo altamente calificado en operación y logística, en traslados y, sobre todo, en protección y seguridad. Es un acto de absoluta irresponsabilidad para un jefe de Estado, para el titular del Ejecutivo, desdeñar esas funciones vitales. Usted ya no es sólo usted desde el pasado domingo. Usted, y en cuanto el Tribunal Electoral concluya el proceso, califique la elección y otorgue la constancia de mayoría, se convertirá en presidente electo de México. Eso lo hace patrimonio de la nación, lo hace no sólo el presunto líder, sino el titular de varios poderes, no trasladables ni renunciables. Lo invito, con respeto, a que reflexione en que su seguridad personal y de su familia son ya, desde ahora, un asunto de Estado.

Del avión y los helicópteros, tema recurrente de campaña, es una decisión más bien práctica. El avión no es propiedad de México; lo pagamos todos, pero es un contrato de arrendamiento que se va pagando a plazos, para el uso eficiente del titular del Ejecutivo. Es caro para un país con nuestros niveles de pobreza, tiene usted razón. Tal vez se pudiera buscar un esquema de renegociación, de devolver esa nave y obtener a cambio una más sencilla y barata.

Pero usted, amante de los caminos y las rancherías, seguirá recorriendo el país –“no habrá divorcio”, dijo el domingo– y esos viajes serán altamente ineficaces e ineficientes si usted y su equipo no hacen uso apropiado del tiempo. Necesita un avión, si quiere usted pequeño, y necesita helicópteros, a lo mejor no tantos y no PUMA, pero algo que permita viajes cortos y regresos en la misma jornada.

Mi mayor preocupación radica en el tema educativo. Usted construyó una alianza política y electoral con la CNTE y sus dirigentes y, adoptando su lenguaje, califica de “mal llamada reforma educativa”. Es un error, grave, conceder a quienes defienden la venta de plazas y la herencia, los derechos sindicales más perversos de forma sempiterna, sin evaluación, rendición de cuentas, calidad educativa, preparación básica. No caigamos, de arranque, en el otorgamiento total de concesiones y canonjías a grupos que, usted lo sabe bien, sólo han minado la enseñanza en las aulas utilizando a niños y jóvenes como pretexto. Es criminal. Si le parece, convoque usted a un grupo de expertos que evalúe y analice la reforma, que la corrija, mejore, profundice, retire lo que está incompleto o equivocado, pero no la abrogue ni cancele. Sería un peligroso retroceso para el país. Que los maestros formen parte de comités, que se escuche su voz, que se revise su permanencia a pesar de no aprobar las evaluaciones. Nadie quiere arrebatarles nada, pero no pueden mantener secuestrada la educación pública en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán. La educación es de los mexicanos, todos, no de los maestros, no puede usted permitirles que se vuelvan a apropiar de ella.

Respaldo el cambio, apoyo la redirección de un modelo económico que no resolvió la pobreza, a favor absoluto del combate a rajatabla de la corrupción. Lo dijo usted el domingo, “a compañeros de lucha, familiares y amigos” les serán aplicadas las mismas reglas. A favor total, sólo le pido firmeza y congruencia. Muchos de quienes lo acompañan han formado parte de esa que usted llama “mafia del poder”; han realizado negocios a costa de concesiones y licencias desde el poder, en la Ciudad de México, en sindicatos, en estados de la República. Usted lo sabe, los datos son públicos. No será creíble ni aceptable que por formar parte de su equipo, se les perdonen prácticas que usted pretende erradicar. Transparencia, legalidad, Estado de derecho, espero sean los ejes irrenunciables de su gobierno y no los controles políticos de grupos y bandas, que son sólo organizaciones de bandidos. Sería reemplazar una plutocracia por otra.

¿Quiere usted entrar a la historia y quedar ahí con letras de oro? Bienvenido, a México le urgen héroes auténticos, verdaderos, estadistas de talla que velen por el bien de la patria, no por los beneficios de una clase o sector. Lo dijo usted mil veces, ¡hágalo verdadero!

Tiene usted una oportunidad histórica, sus antecesores, en su momento y circunstancia, tuvieron la propia que en opinión de muchos –me incluyo– desaprovecharon.

Sea usted un Gran Presidente de México. Impulse el crecimiento, fomente la igualdad, aniquile la corrupción, elimine la inseguridad. No caiga usted en el fácil revanchismo de clases y de grupos, que puede provocar un desastre nacional.

Le deseo mucho éxito a favor de una República federal con un sólido Estado de derecho.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.