Autoridad moral
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Autoridad moral

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Autoridad moral

24/05/2018

El pasado domingo, en el segundo debate entre candidatos presidenciales, escuchamos en repetidas ocasiones a Andrés Manuel López Obrador citar y argumentar que será la “autoridad moral” de su persona, de su gobierno, el instrumento esencial de convencimiento y negociación frente a múltiples escenarios.

Uno de los más delicados y trascendentes, frente a Trump y un eventual TLC suspendido, congelado o en un limbo negociador, que por cierto tendría graves consecuencias para los mercados, la paridad cambiaria y la inversión en México.

Si los inversionistas no leen condiciones de seguridad, de certidumbre en sus inversiones, van a disminuir las posibilidades de negocio en México. Por ello, aunque con frecuencia AMLO lo desestima, el comercio con Estados Unidos (EU) y la definición de un TLC completo e integral es tan importante.

Andrés responde que “convencerá a Donald Trump con autoridad moral”. Está demás considerar el argumento cercano a lo ingenuo, basado en la nula importancia que el presidente de EU concede a la autoridad moral.

Sus 16 meses de gobierno se han caracterizado por el atropello absoluto a normas y derechos, a protocolos y acuerdos. Es impensable considerar que con autoridad moral se podrá construir un diálogo con dicho personaje.

Pero más allá de ese frente en particular, vale la pena reflexionar sobre si tan valiosa cualidad está en el bagaje político del candidato.

Ciertamente ha vivido con congruencia presupuestaria. Nunca hemos sabido sus ingresos –a pesar de una 3de3 incompleta–, pero sí se sabe que no es un hombre acaudalado ni rico, que ha vivido en consonancia con sus cargos. No posee grandes propiedades, ni es afecto a los lujos ni a los derroches. Ahí hay autoridad para atacar a los corruptos.

Según sus detractores, los manejos oscuros y nada transparentes de Morena derriban por completo la repetida autoridad moral.

Pero surgen más cuestionamientos: ¿Tiene autoridad moral un líder que 'hereda' o 'delega' en sus hijos las decisiones partidistas? No es un simple tema de confianza y cercanía, es un tema de control, de ejercicio del poder y la autoridad. ¿El partido es de todos, es en efecto un movimiento nacional, como él afirma? ¿O se trata de una organización política que obedece y acata los designios de un solo personaje, quien guía los destinos, otorga los cargos, maneja los dineros y las responsabilidades de la organización?

Toda esta línea argumentativa ofrece amplio material para el debate: la transparencia de Morena, la existencia siquiera de órganos al interior del partido que deciden y votan temas libremente, sin la venía del caudillo.

Pero más allá de estos frentes, me preocupa especialmente el debate reciente en torno a la candidatura de Nestora Salgado, policía comunitaria en Olinalá, Guerrero.

Esta mujer, presa más de dos años y medio por casos y averiguaciones por los delitos de secuestro y extorsión, fue liberada por un juez ante la debilidad de las evidencias y las inconsistencias del proceso. Pero no la exoneró, como ella insistentemente afirma. Los procesos siguen abiertos, las investigaciones no han concluido, los testimonios de las víctimas (Dulce Rubí, quien fue privada de la libertad por más de tres meses a manos de La Comandanta) han sido desestimados. Existen múltiples elementos para que esas carpetas de investigación continúen el proceso, se registren testimonios, se escuche a la propia Nestora, quien no ha respondido a un solo llamado del juzgado: en cuanto fue liberada, se trasladó a Estados Unidos.

¿Tiene autoridad moral un movimiento político, un líder y aspirante presidencial al postular al Senado a una presunta responsable de secuestro, de extorsión e incluso –investigación abierta– de asesinato? ¿No debiera, en estricto ejercicio de la justicia, un movimiento que pretende cambiar los torcidos procesos judiciales, transparentar el caso y permitir que la señora comandanta limpie su nombre y demuestre su inocencia, antes de ser incluida en una lista plurinominal al Senado de la República?

Nestora va a recibir un fuero constitucional siendo sujeto de una investigación criminal. ¿Es eso autoridad moral?

Más aún, el celebérrimo líder sindical minero –quien nunca fue minero por cierto, pero heredó la titularidad del gremio, junto con sus cuotas y cuentas bancarias– recibirá también una curul en el Senado con los consiguientes beneficios de ley, ¿es un representante de la mentada autoridad moral de Morena y de Andrés Manuel?

Porque si esto es así, pues tenemos entonces concepciones diferentes de autoridad moral. No es impoluta, imparcial y al servicio de la gente y de la ley por encima de todo y de todos. Sino es una “autoridad moral” a modo, acomodaticia, flexible según el caso, bajo la interpretación personal del caudillo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.