Aplanadora-revolvedora
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Aplanadora-revolvedora

06/09/2018

Hay de todo. Desde los mesurados e institucionales hombres de Estado, los que aspiran a convertirse en ese tamaño de figuras que trascienden las legislaturas, los partidos y la historia, pero también los revoltosos de plaza, los que no niegan la cruz de su parroquia, los de los plantones de siempre, los bloqueos, los megáfonos y el golpeteo de callejón. Los bravucones, pues.

Todo cabe en Morena y en su coalición informe, o deforme, aseguran algunos.

Fernández Noroña, que nadie se explica cómo se coló a San Lázaro, empujando y desafiando frente a Palacio Nacional, el lunes, a Porfirio Muñoz Ledo y a Martí Batres. No importa que sean de la misma coalición, existen agudas diferencias. La composición es variopinta.

Y qué decir del enfrentamiento, el martes, entre el impresentable Noroña con el presidente Muñoz Ledo, a quien calificó de insolente y “priista” –un insulto intolerable en estos tiempos, aunque el pasado común de muchos converja bajo esas siglas– después de recibir el “golpeador” que le propinó el propio Porfirio. Vaya tono, tonada y compás del bloque dominante en una Cámara que dará para mucho en los siguientes tres años.

El señor Mario Delgado, coordinador de la mayoría, anuncia sin empacho que Morena dirigirá la Junta de Coordinación Política de la Cámara estos tres años, sin importar, claro, que se viole el reglamento interno de la propia Cámara de Diputados, que prohíbe a la misma fuerza política ocupar la presidencia de la Mesa Directiva y la Junta al mismo tiempo. No importa, ¡somos mayoría! y para eso llegamos hasta aquí, presume orondo el diputado Delgado, que no esconde su inclinación tiránica y antidemocrática. Todo es para nosotros, no aplastaremos, dijo días antes, pero si es necesario, utilizaremos nuestra fuerza en la bancada. ¡Bravo! Demócratas ejemplares de primer mundo, mesurados, respetuosos, tolerantes, incluyentes. El pueblo ha hablado, repiten, y con esa cantaleta lo quieren todo, lo ocupan todo, presidencias, coordinaciones, comisiones. Todo.

Vea usted el exceso en su discurso de apertura, cuando el mismo Mario Delgado declaró: “Recibimos un país en ruinas”. Una desmesura sin nombre cuando su líder y caudillo, el presidente electo de México, declaró unos días después en Monterrey: “Recibo un país con estabilidad económica y sin crisis”. ¡Vaya contraste!

Esta variedad de tonos y apuntes, este mosaico enorme de acentos y enfoques, dominará, por lo menos, el primer año de gobierno, tal vez un poco menos, en lo que todos aprenden y se asientan en sus muy serias responsabilidades. La aplanadora, innegable y sin visos de discreción, es también revolvedora de materiales, de calidades y de texturas.

Por momentos el Senado pareció un poder independiente y autónomo cuando en la primera votación matutina –económica por la afirmativa, dirían los clásicos– negaron a otro impresentable, Manuel Velasco, la licencia para regresar a su cargo original como gobernador de Chiapas. Al afectado, protegido, puente directo entre los dos presidentes que hoy tiene México, le bastó sólo una llamada a los números celestiales desde donde se ejerce el poder real, no el de Delgado –ternurita– ni el de Batres o Monreal –qué ingenuidad–, sino hasta el mismísimo Caudillo de la Cuarta, para que se repusiera el proceso y se votara, una vez más, la solicitud de licencia del prócer rubio del Soconusco. ¡Faltaba más! Para eso se hacen los acuerdos, y se respetan.

La segunda votación de ese Legislativo ya desde ahora, en la primera, sometido al Ejecutivo, aprobó por sonora mayoría el permiso anticonstitucional al señor Velasco, a quien las minucias legales y los vericuetos de la ley le parecen fácilmente modificables. La historia así lo registra.

¿Cuántos senadores de la aplanadora votaron en un sentido en la mañana y en otro por la tarde? Todos, o casi todos, porque por instantes pudieron soñar con que su voto era independiente y en respuesta a los altos intereses de la patria, o en este caso del noble estado de Chiapas, a cuyos ciudadanos les hicieron el infame servicio de devolverles al gobernador con licencia que entrega unos números de vergüenza al cierre de su administración. ¡Qué breve fue la autonomía! ¡Efímero el voto que condena los abusos y los excesos! Imagine usted la llamada de atención que desde el Olimpo recibió al coordinador Monreal por distraerse en la primera votación, o la senadora Blanca Estela Piña, que se atrevió en tribuna a castigar a un representante popular que modificó la Constitución de su estado para hacerse un traje a la medida: ir y volver, con dos cargos y puestos.

Vaya lecciones de los primeros días del Congreso de la Cuarta. Si alguien imaginó que realizarían una labor histórica de transformación libre, democrática, plural, las correas del martes demostraron quién manda y desde dónde.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.