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10 preguntas

10/05/2018
Actualización 10/05/2018 - 9:42

El pasado martes, más de 100 organizaciones de la sociedad civil, convocadas por expertos y especialistas en educación, realizaron el foro '10 preguntas por la educación'. Invitaron a los cinco candidatos a la presidencia de la República a responder preguntas temáticas, especializadas y técnicas, sobre el sistema educativo nacional.

Asistieron José Antonio Meade, Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Jaime Rodríguez. Todos con sus respuestas preparadas, con propuestas específicas, con un grado de reflexión y análisis sobre el vital tema educativo del país. Entre ellos existen coincidencias y algunos matices. Todos proponen impulsar y reforzar el proceso de cambio educativo que arrancó la reforma, todos insisten en reforzar y reformar las escuelas normales, para mejorar la formación docente; se manifiestan a favor de la tecnología, con contenido; todos insisten en medidas para transparentar el gasto educativo del país.

El gran ausente del evento fue Andrés Manuel López Obrador. A pesar de las múltiples gestiones realizadas por los organizadores, encuentros con Esteban Moctezuma -el hipotético responsable de educación con AMLO-, con Tatiana Clouthier, con Alfonso Romo y con alguien más, López Obrador canceló 36 horas antes del evento. Argumentó –su equipo– problemas de agenda.

Una vez más, el desdén, el rechazo al diálogo, la consistente negativa a sostener discusiones abiertas y libres que permitan trazar estrategias de solución, son rechazadas por Andrés Manuel. El sector educativo, especialmente el de múltiples organizaciones de la sociedad civil que han desempeñado un papel capital en los avances –pocos o muchos– logrados hasta ahora, le resulta especialmente reacio. Lo es porque son organizaciones que han enfrentado una lucha frontal contra la corrupción y el ausentismo de los maestros, contra el oscurantismo de la SEP en el diseño de programas y temarios escolares, contra la falta de infraestructura y equipamiento, contra las negociaciones por debajo de la mesa, contra la inequidad del sistema y mil y un batallas más. Mexicanos Primero, Compromiso por la Calidad, SUMA por la Educación, el Imco, Únete y tantos otros han librado una auténtica batalla por impulsar un cambio educativo en favor de los niños de México. Son expertos, saben de lo que hablan, lo han estudiado y analizado por décadas. No surgieron ayer o antier para dar una insensata lucha electoral. Están aquí hace años, con un genuino interés y compromiso por la educación.

Entonces, Andrés:

  1. ¿Por qué el rechazo? ¿Por qué la negativa constante y repetida a dialogar con sectores distintos a tus seguidores y simpatizantes?
  2. ¿Por qué permitir que el prejuicio contra las organizaciones de la sociedad civil impida abrir la oportunidad de diálogo, de un cuestionamiento, de un señalamiento hacia lo que piensan que debe hacerse? ¿Son acaso tus demonios contra la iniciativa privada y contra los empresarios los que te alejan de este sector?
  3. ¿De verdad pretendes ser “presidente de todos los mexicanos” con esta permanente actitud de desdén, desinterés, desprecio a personas que han trabajado con y por México por décadas? ¿Que han invertido su tiempo, sus recursos personales o de sus empresas, en beneficio comunitario? ¿Es tal tu reticencia a trabajar con quienes piensan distinto a ti?
  4. ¿Por qué desconfías de la sociedad civil? ¿Alguien de verdad serio e informado en tu equipo ha tenido la gentileza de informarte el nivel de aportación de este sector en la salud de los mexicanos? ¿A las becas, renovación y reconstrucción de escuelas, a la formación de docentes, a los esfuerzos por elevar la calidad educativa de México? ¿Alguien te ha explicado que gracias a cientos de estas organizaciones hoy México tiene una 3de3, o tiene ejercicios de transparencia mejores que los que nunca tuvimos en el pasado?
  5. ¿No te resulta impresentable tu alianza con el sector más retardatario, radical, clientelar y corrupto del sistema educativo nacional? Tú, el defensor de la ética, de la honradez política, ¿no sientes un poco de vergüenza por defender y sostener posturas lamentables como las de la CNTE y la Sección 22?
  6. ¿De verdad quieres echar para abajo la reforma educativa? ¿Estás consciente del daño que eso causaría al país? ¿Tienes una idea vaga, siquiera, de lo que ha significado censar a más de un millón y medio de maestros? ¿De impulsar a contrapelo una evaluación imprescindible para mejorar y capacitar a cientos de miles de docentes valiosos y comprometidos con sus alumnos? Esos que sí van a clases y que sí defienden a sus alumnos, que quieren que sean mejores, competitivos, útiles y valiosos a la sociedad del siglo XXI, no aquellos que sustentan sus derechos en el paro, el mitin y la ausencia de las aulas.
  7. ¿De verdad crees que preguntar en asamblea pública y abierta, a 10 mil maestros de tus simpatizantes, sea la mejor medida para evaluar los aciertos y desaciertos de la reforma? ¿Es la plaza pública el mecanismo para evaluar, sopesar, analizar y decidir políticas públicas?
  8. ¿Pretendes regresar al sistema de privilegios clientelares al SNTE y a la CNTE, donde no sean evaluados los maestros, donde puedan o no impartir clase; donde puedan o no recibir capacitación y actualización; donde su valor y reconocimiento radica en su cargo en el sindicato y no en su calidad de aula frente a grupo?

Seamos serios, Andrés. En esto va el futuro de México y de muchas generaciones. El cambio educativo sólo puede aumentarse y profundizarse; más recursos, más transparentes, mejor auditados, con evaluación, formación, desarrollo profesional docente, idiomas obligatorios, tecnología extendida y rebosante en contenidos. Ni un solo peso en componendas y arreglos cupulares con el magisterio. No sirve, no sirvió, llegamos 20 años tarde a un impulso sólido hacia el cambio educativo que el siglo XXI demanda.

El sábado que des a conocer tu 'plan educativo' para el país, en caso de que alcances la victoria el 1 de julio, sé consciente de la gravedad de tus palabras. Primero los niños de México, luego los votos y los sindicatos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.