Trump ataca de nuevo
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Trump ataca de nuevo

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Trump ataca de nuevo

03/04/2018

A lo largo de estos 14 meses de errática presidencia en Estados Unidos hemos aprendido que el presidente Donald Trump lanza sus habituales tuits contra México cada vez que requiere de un instrumento para conseguir varios objetivos:

1. Desviar la atención de otro tema más delicado, trascendente y relevante para su cuestionada gestión como jefe del Ejecutivo, construyendo un enemigo hipotético que reciba sin mayor riesgo todos los ataques, los golpes y las ofensivas declaraciones sin consecuencias graves.

2. Recapturar la simpatía y el apoyo de los seguidores y simpatizantes –a la baja- de Donald Trump al utilizar un tema que unifica a todos aquellos quienes votaron por él: la inmigración, la frontera, el mentado muro y como consecuencia el DACA, programa que beneficia a los jóvenes indocumentados para sus estudios y permanencia en el país conocidos como dreamers.

3. Proyectar la imagen de un presidente fuerte, en control de su gobierno y de los temas que afectan al país, aunque abundan las señales de lo contrario, como la caótica Casa Blanca que dirige sin rumbo, estrategia o política.

En este mismo sentido, reaparecer en los medios y en las redes como el presidente enérgico, potente, guiado por la fuerza de sus convicciones y no por la debilidad de sus devaneos.

México es ideal para cumplir estos objetivos. No contestamos, y si lo hacemos, es con respetuosa timidez. Se defiende al TLCAN, se defiende un tono diplomático y mesurado que muchos observadores internacionales apoyarían, pero no contienen al vociferante presidente americano. En realidad sería difícil hacerlo, no sólo por la desproporción de fuerza, sino porque de fondo no tendría ningún sentido. También hemos aprendido que es volátil y voluble como una hoja al viento, que a pesar de la necedad y la terquedad que rayan en la ignorancia, en 24 horas cambia, redacta otro mensaje y habla de México y nuestro presidente como su amigo, o de su mucha mayor empatía con México que con Canadá en las negociaciones. Impredecible, aunque no del todo irrelevante.

Las tensiones de la investigación especial del fiscal Robert Mueller, las crecientes evidencias de los nexos con Rusia y oficiales o agentes de ese país durante su campaña, los despidos constantes de un gobierno inestable y caótico, y más recientemente el mensaje inequívoco de Wall Street con una caída de 4.0 por ciento en operaciones y volumen de transacciones. Los financieros, los señores del capital, parecen alcanzar cierto nivel de hartazgo de un gobierno sin brújula, que no concreta un solo proyecto y que no avanza en dirección alguna.

Por eso el muro es tan fácil como herramienta, a pesar de que el Congreso no le otorga los fondos necesarios. Habla de él, va a la frontera, supervisa prototipos, insiste en la inmigración por la sensibilidad que el tema despierta entre sus seguidores.

El presidente Trump ha recibido múltiples argumentos de empresarios, productores, exportadores americanos, además de generales, almirantes y expertos en inteligencia y seguridad nacional acerca de la vital necesidad del TLCAN para ambos países. Por días parece comprenderlo, para luego lanzar ataques y acusaciones como las de las últimas 48 horas.

Hoy resulta impensable vincular el tema migratorio al comercial. México no aceptará de manera alguna, lo ha dicho ya, supeditar el avance del Tratado a controles migratorios o persecución fronteriza. Bastantes procesos y controles hacemos ya para frenar la migración centroamericana que Trump, una vez más, ignora.

Los despidos de Rex Tillerson y McMaster, dos de las voces más sensatas y mesuradas en su arrebatada administración, son una pérdida para México. Representaban canales de enlace y comunicación valiosos para lograr balances y contrapuntos. Esperemos a que la negociación no se descarrile y pueda avanzar en abril, para ir cerrando capítulos que aumenten la expectativa favorable de los mercados. Y que en consecuencia disminuya su virulenta campaña.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.