Tendencias globales
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Tendencias globales

20/02/2018

La semana pasada, en un foro organizado por un grupo de mujeres talentosas y brillantes, Equilibrium, invitaron como ponente a un destacado analista estadounidense: Alan Stoga, del grupo de consultores de Kissinger Consulting, dedicó 40 minutos a explicar, con base en investigación y estudios, lo que a juicio de su equipo y de él mismo consideran las tendencias globales predominantes para la próxima década.

Fin de la globalización: En la visión de Stoga vivimos los prolegómenos del fin de la globalización. El resurgimiento visible de los nacionalismos, a veces acompañados de populismo –de izquierda o de derecha– señalan claramente el fortalecimiento de movimientos que apelan a los valores nacionales y rechazan los acuerdos, tratados, la integración de bloques y regiones como una tendencia predominante. La Unión Europea estará bajo escrutinio y en crisis –como claramente señala ya el Brexit– y enfrentará riesgos de desintegración.

Fin al liderazgo de Estados Unidos en el orden internacional: El mundo vigilado o dominado por un poder hegemónico está a punto de desintegrarse. No solamente por el surgimiento de fuertes poderes nacionales (China, Rusia, Brasil –debilitado pero con pulso–) sino esencialmente por la autodestrucción de esa hegemonía estadounidense.

El liderazgo americano, la defensa de los valores occidentales, libertad, democracia, igualdad, etcétera, se han visto gravemente minados por la llegada de Trump al poder.

Desacuerdo acerca de las reglas internacionales: Existe desde hace años el debate acerca del llamado nuevo orden mundial que reconfigura las reglas, acuerdos y entendimientos entre bloques y superpoderes. Eso está muy cerca de su fin, por el realineamiento y la recomposición de fuerzas económicas, políticas y militares.

Crisis de poder: La composición de los poderes locales, los regímenes democráticos, el multipartidismo, la competencia electoral enfrentarán crisis severas, que eventualmente podrán desembocar en conflictos locales. El autoritarismo ruso y la presidencia cuasi eterna de Putin –modelo admirado y replicado por varios en África y América Latina– es el ejemplo más sólido de sistemas que serán amenazados por movimientos de rebeldía, represión consecuente y sangre.

Tecnología acelerada: Una tendencia evidente es la creciente incursión de procesos tecnológicos en la vida cotidiana, pero de forma más dramática, en los procesos de producción. La robotización de los procesos industriales tendrá un efecto descomunal en el empleo, la distribución y el valor de la mano de obra. Será como una nueva revolución industrial reloaded.

Nuevo contrato social: Este cambio de reglas en los mercados internos, en las leyes laborales, en la mano de obra, producirá de forma obligada y en muchos casos dolorosa, el rediseño del contrato social, de la estructura de la sociedad, la distribución de roles y la asignación de valor.

Pobre crecimiento con incremento de desigualdad: Ya vivimos desde hace años, una década o más (Japón, Europa), fases extendidas de cero crecimiento o crecimiento negativo. En países antiguamente llamados en vías de desarrollo representará graves problemas de desigualdad social, mientras que en los desarrollados podrá representar graves espirales de pauperización.

Incremento de riesgo geopolítico: El cambio extendido de todas las variables agudizará riesgos regionales y geopolíticos: Medio Oriente, India, China y Norteamérica. Los signos apenas presentes (renegociación TLC, choques migratorios, etcétera) son apenas signos que anticipan esos riesgos en materia de seguridad, de equidad y de crecimiento nulo.

Todos estos elementos señalan, en opinión de Alan Stoga, una extendida desigualdad en el mundo, cuando no habíamos siquiera logrado niveles elementales de equidad en países pobres o en desarrollo, y aún cuestionables en economías sólidas.

Esto producirá una creciente desconfianza hacia la democracia, abriendo riesgos graves para la reaparición de populismos dogmáticos y autoritarios.

La verdad, la transparencia, la interpretación de la realidad estarán cuestionadas gravemente porque las visiones tenderán a radicalizarse. Como de hecho está presente ya en Estados Unidos con las fake news y 'la realidad alternativa'.

En el diálogo que sostuvimos al término de su exposición, le expresé al señor Stoga el ánimo de zozobra y angustia que generaba entre la audiencia, y me respondió: mi propósito es una llamada de atención, no enviarles mensajes confortables.

El mundo, según estos pronósticos, enfrentará graves problemas en las décadas siguientes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.