Lo que está en juego
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Lo que está en juego

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 13:25

La cita electoral de este martes 6 de noviembre en los Estados Unidos, puede tener histórica trascendencia para el país. Y lo es de forma especial, porque está en juego mucho más que el sólo balance del Congreso.

Según todas las encuestas, los demócratas sostienen una ventaja de más de 10 puntos porcentuales de victoria sobre los republicanos: (55 por ciento-43 por ciento: CNN), para la mayoría en la Cámara de Representantes.

En el caso del Senado donde los republicanos mantienen el liderazgo (51-49 asientos) y donde están en juego solamente 35 asientos, las tendencias indican que serán los mismos republicanos quienes puedan mantener la ventaja, incluso, arrebatar a los demócratas unos asientos de más a los que hoy ostentan.

Pero el tema de fondo es la profunda división entre los seguidores del presidente Trump y los millones de estadounidenses quienes se encuentran decepcionados o frustrados por los 654 días de Donald Trump en la Oficina Oval.

El nacionalismo más rancio, el proteccionismo absurdo, la guerra comercial con China, la insistente retórica antinmigrante convertida en una amenaza a la seguridad nacional, han provocado una profunda herida que divide a los distritos más conservadores y religiosos, de aquellos liberales y globales. Trump ha significado un profundo factor de desunión y división en su país. Sin embargo, su base de apoyo sólido –ligeramente disminuido del 40 al 34 por ciento del electorado- está más firme y unida que nunca.

A su favor, un crecimiento inusitado de la economía, provocado en buena medida por su reducción fiscal a las empresas, produjo un impulso a la inversión y al crecimiento que ha impedido un derrumbe en los índices de aprobación. El viejo factor económico –“It´s the economy, stupids”- sigue representando el factor de mayor peso.

Pero lo que se pone en la balanza es la definición ética y moral de un país que ha renunciado al liderazgo occidental en los últimos 18 meses. Hacia al mundo, Estados Unidos renunció a una posición de vanguardia al sostener posturas y discursos antiglobales, antimultilaterales, anti libre comercio, antidiálogo; la fuerza y la factura de su rol como policía del mundo, fue el que Trump esgrimió ante la OTAN, ante el G7, ante la Cumbre de París.

Al interior, más grave aún, el deterioro y daño severo a la que un día fue, la democracia más avanzada del mundo. Una presidencia en litigio y descalificación permanente con los medios; un peligroso viraje de la Suprema Corte hacia el conservadurismo más primitivo, por la imposición de Trump de los jueces faltantes; un Congreso sumiso, limitado, incapaz de la autocrítica y de la independencia que por décadas lo ha caracterizado.

Lo que está en juego es el futuro político de Donald Trump y su ambiciosa pretensión de reelegirse. Está en juego su permanencia en la Casa Blanca, en el caso de un probable triunfo demócrata pueda liderear los comités en la Cámara baja que ordene investigaciones a sus finanzas, sus impuestos, sus sospechosas ligas con Rusia, el Kremlin y los oligarcas de ese país.

Trump puede tener un segundo bienio muy complicado si los demócratas se apoderan esta noche del liderazgo en Representantes, aunque parece improbable que lo pudieran conseguir en el Senado que abriría claramente la puerta a un eventual proceso de impeachment o destitución.

Pero no todo está escrito. Hoy, millones de votantes –se espera una participación sin precedentes- definirán el futuro de su país, la posibilidad de contener a un presidente imperial, desbocado, que pretende destruir todas las relaciones que EU ha construido con el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

Esta noche estaremos presenciando el resultado de un referéndum a Donald Trump y su hostil, belicosa, humillante, racista y denigrante forma de hacer política.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.