Elecciones y acuerdo
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Elecciones y acuerdo

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Elecciones y acuerdo

04/09/2018

La posibilidad de alcanzar un acuerdo trilateral de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá pende aún de un delicado péndulo que oscila entre el volátil temperamento de Trump y el próximo y casi inmediato calendario electoral estadounidense.

La renovación del total de la Cámara de Representantes y de un tercio del Senado estadounidense, puede muy bien cambiar la composición del Congreso, reducir o eliminar la mayoría republicana y establecer nuevas reglas de oposición a la presidencia de Donald Trump.

Según las más recientes encuestas, existe entre un 10 por ciento y 15 por ciento de posibilidades de que los demócratas obtengan una estrecha mayoría en la Cámara, suficiente para impedir la aplanadora republicana. En el Senado las probabilidades son muchos más reducidas, sin embargo, la reciente imputación de cargos por fraude y uso indebido de fondos de campaña de dos senadores republicanos que buscan su reelección, también puede poner a los republicanos en aprietos en la Cámara alta.

¿Qué pasa con el acuerdo ante un Congreso opositor? Pueden pasar muchas cosas, de entrada, rechazar el acuerdo bilateral con México y demandar que se incorpore Canadá a toda costa. Los tiempos para esto no corresponden, porque para principios de octubre (30 días de plazo a Canadá) se habrá vencido el período mediante el cual sabremos si el gobierno notifica o no al Congreso americano si ha alcanzado un acuerdo. Las elecciones son en noviembre, así que ya se habrá definido el calendario para la negociación, pero los calendarios se traslapan. El nuevo Congreso, cualquiera que sea su conformación, entrará en funciones en enero de 2019, mientras que la redacción final del texto y el envío del documento definitivo puede coincidir con los nuevos representantes y senadores. Eso significaría, con altos niveles de probabilidad, que el texto podría ser rechazado y exigir a la administración que inicie nuevamente un nuevo período de negociaciones.

Esto eleva el nivel de complejidad, porque tal vez las poderosas centrales sindicales de Estados Unidos (AFL-CIO) podrían exigir nuevas y distintas garantías para sus trabajadores en diferentes industrias.

Lo ideal sería completar en una semana, concluir textos en un mes y enviar al Congreso a principios de octubre para empujar una votación exprés en la Cámara de Representantes y el Senado. Ese hubiera sido el escenario ideal de Trump que, a estas alturas, se ve casi imposible de alcanzar, sobre todo si asumimos el agresivo tono de mensajes (tuits) que el habitante de la Casa Blanca le dedicó a Canadá y su gobierno durante el fin de semana. Una vez más el tono de acosador hostil, grosero y amenazante, pretendió presionar a Canadá, cuando probablemente lo que logra es que no le hagan caso ni se dejen presionar.

Las elecciones están a la vuelta de la esquina, y los tiempos no alcanzarán para tener un acuerdo completo, revisado, corregido entre los tres países, antes de las urnas de noviembre en Estados Unidos.

Un Congreso demócrata hará todo lo posible por congelar cualquier iniciativa o política de Trump, lo convertirá en un presidente rehén, sin poder verdadero para instrumentar cambios y políticas de fondo.

¿Qué sería mejor para México? Lo mejor, sin duda, contar con un acuerdo listo y funcionando. Alternativa que a estas alturas, se ve casi imposible.

No olvidemos, por último, que Trump seguirá insistiendo en que le aprueben el presupuesto para construir el muro.

Queda septiembre y octubre antes de las elecciones. Si este Congreso no se lo autoriza, uno próximo con eventual mayoría demócrata, no lo hará jamás.

Por ahora, todo está aún por escribirse.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.