Elecciones en Latinoamérica
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Opinión

Elecciones en Latinoamérica

13/02/2018
Actualización 13/02/2018 - 13:20

A demás de México, este julio de 2018 otros siete países de Latinoamérica sostendrán procesos electorales federales. Elecciones trascendentes que destacan por las citas con la historia y por los retos que cada país enfrenta.

Destacamos tres por la problemática política y social de cada uno, con sus propios procesos y sus enormes desafíos: Cuba, Venezuela y Brasil.

Tal vez sean, más allá de Chile o de las muy variables experiencias de Nicaragua, Bolivia o Ecuador, los tres experimentos socialistas más interesantes del subcontinente.

El caso de Cuba, emblemático, histórico, lleno de contrastes, con el autoritarismo de un sólo partido y con elecciones de sistema cerrado (asamblea, consejo de Estado, presidente) con oposición inexistente y perseguida, celebrará tal vez los primeros comicios de la historia en que no exista un Castro como candidato. El actual presidente y sucesor de Fidel, su hermano Raúl, con más de 85 años de edad, anunció el año pasado que no se postularía una vez más, abriendo un espacio de debate y de expectativa enorme para el icono del socialismo-comunismo latinoamericano. Sería el esperado momento en que la dinastía Castro cediera el poder a otra generación, otro modelo, un liderazgo distinto. No necesariamente el fin de la Revolución, pero sin duda, el fin de una era, un modelo y un estilo. Cuba enfrentará la cita con su historia este mismo febrero, y aún es poco claro lo que pueda suceder. Será Raúl el que muy probablemente defina a su sucesor y nuevo líder de la isla, pero lo que no está claro es si esto abrirá una nueva etapa de vida democrática, con la apertura al registro de otros partidos y la competencia –gradual– de otras fuerzas políticas hacia el futuro. Gran incógnita política e histórica.

Otra cita fundamental tendrá lugar en octubre, cuando Brasil elija Congreso y presidente después de casi tres años de convulsión política. Aún no está claro si el Tribunal Supremo permitirá o no a Lula da Silva participar como candidato. Existen muy enfrentadas opiniones jurídicas en Brasil, de si un convicto, sentenciado y en libertad, puede o no ejercer derechos políticos. La participación de Lula es el parteaguas del proceso, porque implica el regreso al modelo de crecimiento social que lo hizo el político más famoso y popular de su país en los últimos 50 años, pero también, el espacio de la corrupción, los negocios, la coalición con empresarios y políticos de todos los niveles. Lo que Brasil enfrenta es la limpia total del sistema, enviando al venerado –pero ya desprestigiado– Lula a la cárcel, y permitir la llegada de una nueva generación que pueda reconstruir a la izquierda de ese país. El panorama se antoja difícil y los siguientes meses serán fundamentales, porque las investigaciones continúan y hasta el hoy el presidente Temer tiene abiertas carpetas que lo señalan como cómplice de tráfico de influencias y corrupción.

Por último, en abril, Venezuela y su desaparecida democracia, aplastada y nulificada por un supuesto régimen revolucionario que destruyó al país y lo ha sumido en una de las más graves carencias, abusos, atropellos y carestías de Latinoamérica en décadas. Maduro sabe hoy que si se realizan elecciones limpias las perdería por el enorme crecimiento de la oposición y el rechazo a un país destrozado en todos niveles. Por ello ha ideado el concepto de adelantar los comicios para evitar que la oposición crezca, se movilice, se estructure en un amplio frente nacional en su contra. Veremos si el esfuerzo rinde frutos, y si evita que la sangre llegue una vez más a las calles de Caracas, Maracay y tantas otras ciudades que vivieron protestas sangrientas el año pasado.

La democracia latinoamericana tendrá su cita y su juicio ciudadano en este 2018. Importantes procesos en curso, algunos que revisarán su presente y harán un juicio crítico a los abusos y la corrupción –como en Brasil– y si basta para cambiar de modelo o de régimen. Otros enfrentarán la cita de sistemas acabados, agotados y desgastados por la historia. Que la democracia se exprese y triunfe en la libertad y la justicia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.