Cero tolerancia
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Cero tolerancia

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Cero tolerancia

19/06/2018

La política fronteriza instrumentada por el gobierno de Estados Unidos durante las últimas tres semanas, consistente en separar a padres e hijos inmigrantes indocumentados, ha provocado una inmensa reacción dentro de la Unión Americana y a nivel internacional.

Voces de todos los sectores, hasta los ultraconservadores comentaristas de Fox News, el think tank más importante para Donald Trump –de ahí obtiene todas sus ideas, asesores y consejos– han señalado como inhumana, cruel y abusiva la política migratoria.

La señora secretaria de Seguridad Nacional, Kirsten Nielsen, declaró en una reunión con Sheriffs que no pedirían disculpas por la política de separación.

Llegó hasta las Naciones Unidas una solicitud de declarar inhumana la medida migratoria y solicitar formalmente al gobierno estadounidense detenerla de inmediato.

Por lo pronto Trump -como es su costumbre- culpó a los demócratas en el Congreso de ser directos responsables por negarse a aprobar dos iniciativas que endurecen las medidas fronterizas para detener la migración.

Organismos internacionales han solicitado ya medidas cautelares para detener los daños emocionales y psicológicos que la separación de sus padres pueda causar a los menores de edad. Entre ellos, defensorías de Derechos Humanos de México y otros tres países centroamericanos.

Bajo el pretexto de que los centros de detención están saturados al arrestar a un inmigrante indocumentado acompañado por menores, las autoridades en automático, separan a los niños de sus padres y los envían a centros de reclusión distintos. Según los muy pocos datos revelados, en extensas carpas ubicadas en Texas.

El gobierno mexicano y el canciller Videgaray se han mantenido silenciosos ante la medida que según las propias cifras de la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Inmigración, alcanza ya los dos mil 300 menores detenidos en los últimos 25 días.

La política cero tolerancia tiene por objeto provocar tal daño a los migrantes en sentido psicológico y emocional, que una vez que sean extraditados después del proceso, desestimen la posibilidad de volver a intentar cruzar la frontera, según analistas migratorios del Colegio de la Frontera Norte. La meta es golpearlos, dañarlos –en sentido emocional– sobre la base de que su acceso a territorio estadounidense es ilegal, para provocar un rechazo total a un segundo intento por parte de los hijos y también de los padres.

Muchas voces dentro y fuera de la Unión Americana se levantan señalando la práctica como inhumana, ruin, abusiva y violatoria de derechos humanos, consagrados en la Declaración de los Derechos de los Migrantes.

Según Trump sólo está defendiendo a su país de no convertirse en un campamento de inmigrantes como Europa, señaló en uno de sus tantos y descalabrados mensajes por Twitter.

Se recrudece la política antiinmigrante de Estados Unidos. No sólo refuerza su perorata acerca del muro y de la necesidad urgente de construirlo –una de las iniciativas pendientes en la Cámara de Representantes, a la que nadie ha querido prestar la mayor atención, demanda los fondos necesarios para levantarlo– sino que ahora se aplican medidas en personas reales, en migrantes con menores, y provocan la separación familiar al estilo nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Se incendian foros y medios, protestas y manifestaciones contra el gobierno y su presidente, a las que muy probablemente el señor Trump no prestará atención. En los días en que reclama el crédito por su acercamiento con Corea del Norte –en un acuerdo sin substancia ni puntos concretos– el presidente abre nuevos frentes como la confrontación comercial con China, y ahora la frontera en fuego por la separación de menores.

Lo cierto es que el impacto de la medida, el temor de los padres a ser separados de sus hijos, puede desalentar a los inmigrantes con menores a continuar sus viajes para intentar entrar a territorio estadounidense.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.