Retos para el nuevo gobierno de Pakistán
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Retos para el nuevo gobierno de Pakistán

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Retos para el nuevo gobierno de Pakistán

04/09/2018

Pakistán situado al sur de Asia con una extensión de 803,940km2 tiene una posición geoestratégica que lo sitúa permanentemente en una situación delicada con sus vecinos que a veces lo pone a bordo del abismo, aunque también le brinda oportunidades. Ciertamente, al este tiene frontera terrestre con Irán, un país convulsivo que busca a toda costa consolidar su papel hegemónico en varios países de la región y cuya carrera nuclear puede volver a reanudarse tras la salida del pacto nuclear de 2015 que le suponía el levantamiento de sensaciones a fin de limitarlo a propósitos no militares; al noreste la frontera es con China que tiene un camino fijado para “conquistar” al mundo; al este con India, su histórico archirrival y al noreste con el movedizo Afganistán, que acumula décadas sumido en conflictos, Pakistán ha comenzado a construir una valla en su disputada frontera con esta última nación en las zonas tribales del noroeste para evitar la entrada de terroristas. El sur de Pakistán es una zona costera sobre el Mar Arábigo; también al noreste se encuentra dentro de el territorio de Cachemira, en disputa por Pakistán, China e India.

Pakistán tiene una población de 200 millones, es el sexto país más poblado del mundo, y su capital, Islamabad, supera 1.3 millones. Su PIB sumó 1,370 mil millones de euros en el 2017 y su PIB per cápita 1,370 euros ese año, posición 141 de 196 países, indicativo de un bajo nivel de vida de la población. La esperanza de vida es también relativamente baja 67 años, y existe una percepción generalizada de un alto nivel de corrupción en el gobierno.

La deuda pública alcanzó 170,306 millones de euros en el 2016, 67.6% del PIB, factor significativo que limita la inversión y el gasto gubernamental. Pocas empresas extranjeras se han establecido en Pakistán en virtud del alto grado de inseguridad debido a los conflictos fronterizos con India y Afganistán y los frecuentes atentados terroristas; no obstante, el entorno político de Pakistán mejoró a partir de completarse en el 2013 la transición democrática de la oposición al gobierno, que favoreció la reducción de incidentes violentos. En este contexto, la evolución del PIB ha sido favorable en el último lustro con crecimientos de 4.7% en 2014, 5.5% en 2015, 5.1% en 2016, y 5.2% en 2017, este último fue el mayor avance en 13 años; la inflación logró atenuar su ritmo de adelanto de 8.2% en el 2014 a 3.2% en 2015 y 2016, respectivamente, 4.6% en el 2017 y la tasa acumulada a julio de 2018 fue 3.9%. La tasa de desempleo fue estable entre 2014 y 2017: 6.2% en 2014, 6.4% en 2015, 6.7% en 2016 y 6.0% el año pasado.

Las perspectivas para la futura evolución de Pakistán son inciertas a raíz de las pasadas elecciones del 25 de julio. Al menos 1,500 de los 11,673 candidatos que concurrieron a los comicios pertenecen a partidos religiosos islámicos extremistas. Los activistas de derechos humanos denunciaron que algunos de los grupos que fueron aceptados eran organizaciones prohibidas por sus vínculos con el terrorismo con nuevos nombres. Más grave aún, algunos de los paridos participantes no tuvieron empacho en cortejarlos durante la campaña pensando en aprovechar sus votos ante un escrutinio que se presentó especialmente competido.

El caso más llamativo es el del Movimiento Allah-o-Akbar del cual hay indicios que es el nuevo nombre de la Liga Musulmana Milli, un grupo prohibido en Pakistán debido a su asociación con Hat-iz Saced. Este clérigo se encuentra en la lista de los terroristas de la ONU por su vinculación con los atentados de Bombay de 2018. EUA orece 10 millones de dólares a quien ayude a capturarlo.

La Comisión Electoral permitió que se presenten tres candidatos de ese grupo (Mhammad Ashraf, Zafar Iqbal y Ehsan Ranjha) que también aparecían en una lista de la ONU de presuntos terroristas. El partido apoya la controvertida ley de blasfemia, que ampara el asesinato de cualquiera a quien se acuse de insultar al Islam o a su profeta.

Los asociados con Ahí-e-Sunna Wal Jamaat están prohibidos por ser el ala política de Lashkar-e-Jhangvi, un grupo aliado con Al Qaeda y el Estado Islámico, y responsable del asesinato de centenares de chiíes. Antes se llamó Sipah-e-Sahaba, una escisión del protalibán Jamiat-e-Ulema Islam.

Los grupos extremistas nunca han obtenido resultados significativos en unas elecciones, asegura Firaz Ahmed, especialista en partidos religiosos del diario Dawn. Sin embargo, otros analistas estiman que con su participación en el proceso electoral ganan legitimidad pública y crean espacio para su narrativa extremista gracias a los guiños tanto del Movimiento por la Justicia como de la Liga Musulmana de Pakistán. El escrutinio preliminar de los comicios dió el triunfo a el jugador de criquet Imran Kahn del Movimiento para la Justicia, candidato de Ejército y de la Judicatura (órgano del gobierno que ejerce la Función Judicial). Khan de 65 años es popular entre los jóvenes de las zonas urbanas con un discurso inclinado a la derecha, centrado en la corrupción y contra las élites tradicionales. Casi 10 millones de jóvenes se incorporaron al nuevo censo electoral de los 106 millones de votantes, 46 millones tienen menos de 35 años. Khan se ha acercado a sectores religiosos, los que le valió el apodo de “talibankhan; también ha sido acusado de populista.

La oposición demandó fraude y amenazó con no reconocer su triunfo. En los comicios del 2013 el Movimiento para la justicia quedó en tercer lugar; su gran rival y líder del gobierno saliente obtuvo el segundo lugar; el Partido Popular de Pakistán, el más progresista, logró el tercer sitio con Bilawal Bhutto, de 29 años, hijo de la exministra asesinada Benazir Bhutto, que junto con algunos partidos independientes, está llamado a equilibrar la balanza en la Asamblea Nacional, ya que los dos primeros quedaron lejos de la mayoría absoluta. Junto a los principales políticos de Pakistán se presentaron varios extravagantes candidatos a las elecciones del pasado 25 de julio.

Durante las elecciones se desplazaron 800 mil miembros de las Fuerzas de Seguridad para garantizar la seguridad de los votantes. Sin embargo, las elecciones se vieron marcadas por numerosos casos de intimidaciones y detenciones de personas acusadas de fraude durante las campañas. Destacó el hecho que se registraron dos atentados en un solo día; el más importante en un mitin político que provocó 128 muertos y 122 heridos, uno de los peores en los últimos años, el Estado Islámico se atribuyó su autoría. El otro atentado produjo 4 muertos y 18 heridos.

En Pakistán existe la percepción de que las pasadas elecciones no traerán cambios importantes: ningún partido, ningún candidato, están libres y limpios de corrupción.

El nuevo gobierno, entre múltiples retos que deberá enfrentar, está la presencia de los extremistas que han saltado a la política y la tensión permanente que generan unas Fuerzas Armadas y la Judicatura que ven a la democracia como una amenaza a sus intereses. Sus principales víctimas son los que los cuestionan.

En el ámbito económico existe vulnerabilidad porque depende del sector agrícola que ocupa a 40.0% de la población, además no se ha sabido gestionar adecuadamente la existencia de recursos energéticos como el petróleo, gas y el carbón. Para fortalecer su economía, Pakistán tiene la disyuntiva de solicitar apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) o seguir profundizando su relación con China. El Corredor Económico China – Pakistán contempla un plan de grandes dimensiones que incluye el desarrollo de proyectos en el sector energético y diferentes inversiones en infraestructura, para el cual China podría llegar a desembolsar miles de millones de dólares entre ayudas e inversiones, que convertirían a China en un gran aliado de Pakistán, empero, la deuda acumulada con el gigante asiático es ya preocupante, lo que no convierte al FMI como alternativa para Pakistán. Analistas consideran que no se prevé que cambie la visión que se tiene de Pakistán en organismos internaciones de que apoya al terrorismo, así como a ataques perpetuados contra India, por lo menos en el corto plazo.

Desde hace varios años Pakistán ha sido acusado de debilidad o complicidad con los talibanes; ahora tiene al EI tomando posiciones y realizando atentados en su territorio; por lo demás, Pakistán posee un importante arsenal nuclear que podría caer “en manos no deseadas”. En este sentido, existe temor de las relaciones con India, con la cual ha enfrentado 4 guerras y se puedan tensar las relaciones. El futuro de Pakistán es incierto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.