Libia un país fragmentado
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Libia un país fragmentado

COMPARTIR

···

Libia un país fragmentado

08/10/2018

Libia, situada al norte de África, con una superficie de 1,759,540 km2, una población de 6.4 millones que mayoritariamente es musulmana, tiene una posición estratégica para el comercio de mercancías y para el movimiento de inmigrantes de África a Europa. Asimismo, es un importante productor de hidrocarburos, que el año pasado le generaron un superávit comercial de 3,500 millones de euros; la exportación de hidrocarburos representa más de 70.0% del PIB y 95.0% de la exportación.

El PIB de Libia sumó 45,131 millones de euros en el 2017 y el PIB per cápita fue de 7,080 ese año; este último se sitúa en el puesto 78 del ranking de 198 países del mundo que supone un bajo nivel de vida de sus habitantes; paralelamente el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU para medir el progreso de las economías, indica que se encuentra en la posición 108.

Libia ha vivido una crisis económica, política y social desde el levantamiento popular de octubre del 2011, inspirado en la Primavera Árabe y que con la ayuda de la Organización del Tratado Norte (OTAN) sacó del poder a Muamar Gadafi, quien después de un golpe contra el rey Idris, gobernó Libia durante 42 años hasta que fue masacrado por el pueblo el 20 de octubre del 2011. La llegada al poder de Gadafi significó para los habitantes de Libia una mejoría en su nivel de vida, en virtud de que los ingresos petroleros permearon más capas de la población. Libia llegó a tener uno de los mayores niveles de educación y salud de África, no obstante, con el tiempo, Gadafi se convirtió en un radical antiimperialista y comenzó a apoyar a cuanto movimiento revolucionario existía en el mundo. La lista es larga e incluye desde su amistad con Carlos Ilich Ramírez, el chacal y el IRA irlandés, hasta el Septiembre Negro palestino, pasando por las Brigadas Rojas y el grupo terrorista ETA, entre otros.

En el 2001, después de los atentados de septiembre de ese año, cortó sus lazos con los grupos terroristas, abandonó su ambición nuclear y dejó de perseguir el liderazgo del mundo árabe, y se hizo socio de Occidente.

La Libia de Gadafi hasta el presente, siempre ha tenido a su favor el sector energético, reserva por 48,400 millones de barriles y la quinta mayor cantidad de reservas probadas de gas en África, y su crudo como el saudí es más barato de extraer y refinar, de ahí su atractivo para inversión extranjera.

Gadafi aprovechó la riqueza petrolera de Libia para enriquecerse, su fortuna junto con la de su familia se estimó en 110 mil millones de euros; incluso Donald Trump antes de ser candidato a la presidencia de EUA, admitió “que hizo un montón de dinero gracias a un acuerdo con Gadafi hace varios años”.

La revuelta del 2011 ha derivado en que Libia sea un Estado fallido, política y territorialmente fragmentado y violento, cada día que pasa es más difícil su reconstrucción, la cual Gadafi creó un vacío institucional; el conflicto armado se saldó con más de 5 mil muertos, un millón han huido de sus hogares, la exportación de crudo ha caído 90.0% y las pérdidas de su PIB totalizan hasta el presente, 200 mil millones de euros. Libia enfrenta una crisis migratoria, sus cárceles son escenarios de abusos y torturas a los inmigrantes subsaharianos. Más de 2 mil pequeños grupos armados, desde criminales comunes y yihadistas compiten por una porción de tierra y por los recursos petrolíferos, el control de estos últimos ha originado el abandono de los ideales de la Revolución del 2011; los insurgentes ahora están dirigidos por individuos incapaces de gestionar una restructuración pacífica; la violencia y la criminalidad han llegado a niveles históricos. “Los principales insurgentes desertaron voluntariamente tras la derrota a la Jamahiriya (el nombre del antiguo régimen el líder de Gadafi, asesinado en SIRTE, (a 465 km de Trípoli), el lugar de su nacimiento en 1942, al ver la deriva violenta que estaba adquiriendo la revolución, fueron sustituidos por nuevos comandantes. SIRTE se está convirtiendo en un paraíso seguro para que el Estado Islámico (EI) entrene y planee atentados a lo largo del Mediterráneo.

El EI ha estado atacando instalaciones petroleras de Libia a diversos centros turísticos de Tunes, este último construyó una barrera parcial a lo largo de su frontera con Libia. El EI en SIRTE está integrado por desertores yihadistas locales y combatientes extranjeros. En las zonas controlados por el EI se implementó la Saharia (Ley Islámica) de manera estricta; se observan crucifixiones y decapitaciones con frecuencia.

En este contexto, Occidente está preocupado porque el EI ha ganado presencia en Libia. EUA ha estado realizando ataques contra Libia desde el 2015 con el fin de ayudar a las fuerzas locales contra el EI. El Reino Unido y Francia también tienen presencia en Libia con fuerzas especiales, cuya naturaleza y dimensión son secretos; igualmente tiene presencia en ese país diferentes miembros de la OTAN para entrenar a las fuerzas locales.

Por otra parte, en Tobruk a 1,000 km de Trípoli, se han unido milicias locales por el odio común que tienen contra Gadafi; algunas de ellas están formadas por islamistas moderados, otras son cesionistas y monarquistas y, otras más, liberales. No obstante, solo las milicias armadas son realmente las que ejercen el poder y dan la impresión que tienen como rehenes a los políticos que dicen respaldar.

Hoy día Libia presenta un entorno sumamente complejo con tres centros de poder irreconciliables. Destaca el de las autoridades de Tobruk y Bayda que se han alineado a una figura esencial para el futuro del conflicto, el general Jalifa Haftari, quien es el líder del Ejército Nacional Libio; es ejemplo de fuerza bruta y figura destacada en los últimos 40 años de la historia de Libia; Haftari es un antiguo subordinado de Gadafi, exiliado en EUA, activo en la CIA, detestado por los islamitas y acusado por Alex Whitin, un antiguo integrante del Tribunal Penal Internacional, así como por la ONG Amnistía Internacional, de asesinatos extrajudicial y torturas. Se considera que Haftari seguirá formando parte del futuro de Libia, en virtud de que el gobierno libio reconocido internacionalmente, ha sido incapaz de consolidar un Ejército Nacional.

Las conversaciones facilitadas por la ONU, para apaciguar la violencia en Libia, contribuyeron a reducirla en el primer semestre del 2018, sin embargo, en los últimos tres meses se han incrementado los acontecimientos violentos.

En este entorno la producción promedio diaria de petróleo se estimó en un millón de barriles diarios, sensiblemente menor a 1.6 millones del nivel registrado en la era prerrevolucionaria. No obstante, el sustancial aumento de las cotizaciones internacionales del crudo desde junio del 2017 a la fecha; el petróleo del Mar del Norte, referencia en Europa, alcanzó 84.98 dólares por barril el primero de octubre pasado, el nivel más elevado desde noviembre del 2012 se han revitalizado a la economía, a la vez se ha creado un exceso coyuntural de liquidez que ha inducido a una baja de la inflación interna.

La guerra en Libia ha creado inestabilidad en el país y amenaza a sus vecinos y a Europa, principalmente.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.