Argentina, una crisis inconclusa
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Argentina, una crisis inconclusa

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Argentina, una crisis inconclusa

28/05/2018

Argentina difícilmente superará la crisis que experimenta sin un cambio estructural de fondo que transforme su economía altamente dependiente de las materias primas y de recursos externos para financiar su déficit. También tendrá que superar la problemática que arrastra derivada de la corrupción desbordada de gobiernos anteriores que la obliga a una reestructura profunda del poder judicial; en este sentido, destaca que en una encuesta reciente el 77 por ciento de los argentinos expresó que no confían en el sistema vigente de justicia y más del 50 por ciento aprueba que la gente tome la justicia por sí misma.

Con el ascenso de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2015 con un mandato que se extiende al 9 de diciembre de 2019, se creó un optimismo generalizado en los mercados internacionales y en una parte importante de la ciudadanía. Macri, desde el inicio de su gestión, optó por una política gradualista de cambios en la economía para controlar la inflación, reducir el déficit fiscal y crecer recortando el gasto público y, paralelamente, eliminar las canonjías corruptas de los regímenes de Nestor Kirchner (25 de mayo de 2003 al 10 de diciembre de 2007) y de su esposa, Cristina Fernández (10 de diciembre de 2007 al 9 de diciembre de 2015).

En los dos primeros años de la gestión de Macri los ajustes a la economía causaron el mayor deterioro de los salarios en la región, excluyendo Venezuela; la reducción fue de 6.1 por ciento real, no sólo en virtud de la persistencia del proceso inflacionario, también por el menor nivel de aumento de salarios en ese país, consecuentemente subió la pobreza al pasar de 24 por ciento del total de la población a 36 por ciento en ese periodo, situación inverosímil para un país que a principios del siglo XX tenía un nivel de ingresos por habitante superior a Francia y similar a Alemania. En Argentina hoy día prevalece el escepticismo ciudadano; los argentinos desconfían de sus instituciones y de sus políticos “y parecen dudar de sus propias capacidades, muy altas en una nación de hábitos culturales punteros”.

Macri creó expectativas favorables en la población a sabiendas de la herencia kirchenista que ha sido un lastre para una mejoría en la economía y en el ámbito político y social, esta pesada carga no sólo se vislumbra para el breve periodo de la administración de Macri, sino que se proyecta para el mediano plazo.

En este contexto, el gobierno de Macri elaboró durante más de seis meses un informe de 220 páginas que, bajo el título 'El Estado dentro del Estado', detalló la herencia recibida tras 12 años de administración Kirchenista. En el informe se evidenció que cuando Macri asumió el poder encontró a la Administración Pública en “un estado cercano a la parálisis, con varias cadenas de pago cortadas y ahogadas en una situación muy delicada”. El listado de abusos del poder y malversación de fondos públicos por parte del Kirchnerismo se registró en todas las áreas: educación, salud, vivienda, energía, infraestructura y cultura; así por ejemplo, la planta de trabajadores del estado se incrementó 64 por ciento (de 2.2 millones a 3.6 millones); el fondo de pago a jubilados tenía 400 mil personas fallecidas a las que se pagaban servicios de salud.

En el informe publicado en la página web de la Casa Rosada se consigna que en 2015 no había en el estado instituciones de control capaces de investigar la corrupción de forma independiente, la Oficina Anticorrupción, desmantelada de recursos, fue dejada acéfala cuando se manifestó la intención de investigar el ejercicio del poder, y las sospechas de corrupción. Asimismo, se denunció que el nivel del déficit fiscal heredado era el más elevado en los últimos 30 años y la inflación acumulada en los tres gobiernos Kirchneristas alcanzó 700 por ciento, la producción industrial cayó durante 22 meses consecutivos entre 2013 y 2015. Al mismo tiempo el gobierno mantenía frente a la población, a través de cifras falsas, que el horizonte de los argentinos estaba libre de problemas económicos. El triunfo de Macri a la presidencia le significó “ganarse la rifa del tigre”.

En el complejo entorno descrito en el informe, Macri se ha visto precisado a tomar medidas con un alto costo político y que han generado descontento social, entre otras, reducción de los subsidios a servicios y despidos de personal en la Administración Pública. Así, la economía cayó 1.8 por ciento en 2016 y la inflación se mantuvo elevada ese año, 40 por ciento; sin embargo, en 2017 se observó una evolución relativamente favorable; el PIB repuntó 2.9 por ciento y la inflación fue de 24.8 por ciento. Macri consideró “que ya pasó lo peor”, sin embargo, el panorama para 2018 es incierto.

El gobierno pronostica una tasa de inflación de 15 por ciento para 2018, el Fondo Monetario Internacional (FMI) la sitúa en 19.2 por ciento y los analistas privados en más de 20 por ciento. A principio de año el gobierno autorizó incrementos de hasta 60 por ciento en el servicio de trenes y autobuses, 24 por ciento en electricidad y 30 por ciento en agua.

Asimismo, los impuestos municipales en el área conurbada de Buenos Aires subirán hasta 60 por ciento este año. Por su parte, los sindicatos han señalado que solicitarán incrementos salariales de acuerdo a la inflación prevista cuando se inicien las negociaciones colectivas.

En relación al crecimiento económico de 2018, el gobierno estima un 3.5 por ciento frente a 2.5 por ciento del FMI, no obstante, es previsible un menor avance por la sequía que se registra en la producción agrícola y por los ajustes en el plano fiscal para mejorar la sostenibilidad de las finanzas públicas y reducir la inflación. Por otra parte, los analistas ya hablan de que Argentina se encuentra en la antesala de una nueva crisis económica; ciertamente, “el entusiasmo financiero se ha desvanecido en el último mes. Macri ha visto cómo Argentina pasaba de ser una de las estrellas de los mercados a tener que pedir un rescate del FMI”, se ha revivido al fantasma de las peores crisis.

La inestabilidad cambiaria ha resurgido, el peso argentino se ha devaluado frente al dólar en 34 por ciento en lo que va del año; desde abril pasado el Banco Central ha gastado más de 10 por ciento de sus reservas internacionales para contener la corrida cambiaria; igualmente se ha visto precisado a subir la tasa de interés de 25 por ciento a 40 por ciento, colocándola como la más alta a nivel mundial, poniéndose en riesgo la recuperación económica.

El gobierno de Argentina ya solicitó al FMI una línea de crédito por 30 mil millones de dólares para ayudar a restablecer la confianza en el país y dar oxígeno a la economía hasta las elecciones de 2019 y Macri pueda competir por otro mandato. Es evidente que el FMI le imponga condiciones más severas a Argentina para el control del déficit público, cambios impositivos, reforma laboral y apertura comercial, principalmente. La fortaleza política de Macri se está resquebrajando, los argentinos volverán a revivir las penurias de las políticas del FMI.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.