Opinión

Leña verde para el Verde

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Declaran legales kits del PVEM

El Partido Verde está en el ojo de la tormenta. Después de haber dado la sorpresa, al situarse –en algunas encuestas– alrededor de 9.0 por ciento, fue multado con más de 180 millones de pesos por el INE, y algunos analistas (politólogos, comentaristas o lo que se quiera) piden que se le quite el registro. Quieren leña verde para quemar al Verde.

El argumento es muy simple: el código electoral establece que un partido que viola sistemáticamente la ley debe ser sancionado con la pena máxima, que es la pérdida de su registro. A lo que se añade un agravante: el Verde –se dice– no sólo viola la ley, sino obtiene ventajas que le han permitido alcanzar una intención de voto nunca antes vista.

No soy partidario del Verde ni metería la mano al fuego por sus dirigentes. Los escándalos en torno al Niño Verde son varios y todo el mundo sabe que ese partido nació como un negocio de la familia González Torres. No sólo eso. Emprendió una campaña por la pena de muerte para los secuestradores que se opone a los principios humanistas y ecológicos que dice defender.

Se le puede acusar, en consecuencia, de ser un negocio familiar, de practicar un pragmatismo que linda con el oportunismo y de buscar el poder casi a cualquier costo. Sus vaivenes se pueden sintetizar en dos frases: fue clave para la alternancia en 2000 y ha sido clave para la alternancia de la alternancia, es decir, para el regreso del PRI a Los Pinos.

La irritación que está causando llevó a alguno a tipificarlo como partido canalla. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define canalla a una persona despreciable y de malos procederes. Pero, ¿estamos de verdad ante un partido canalla que se opone a una asamblea de partidos honorables y de buenas maneras?

Hay que reconocer, de entrada, que el pragmatismo es una práctica de todos los partidos. Del PRI no es necesario hacer recuentos. El PAN en el poder hizo alianza con Elba Esther Gordillo. El PRD se rindió ante AMLO mediante un cálculo elemental: es un líder delirante y autoritario, sí, pero puede llevarnos a Los Pinos.

La búsqueda del poder a cualquier costo está inscrita en el ADN de todos los partidos. ¿Cómo explicar, si no, las alianzas del PAN y el PRD en varios estados de la República, con resultados tan nefastos como el gobierno de Gabino Cué en Oaxaca? ¿Y qué decir de los vasos comunicantes entre Morena, la CETEG y la CNTE?

Pero vayamos más allá, si lo que incomoda es el carácter familiar de la empresa (perdón, del partido) es necesario compararlo con la organización personal por excelencia, Morena, donde no se mueve una sola hoja sin que San Andrés lo decida.

La comparación, por lo demás, no debe terminar allí. El alegato de que el Partido Verde viola sistemáticamente la ley debe ser contextualizado: porque las violaciones se refieren, en lo fundamental, a las campañas de propaganda en tiempos de veda electoral.

Ese tipo de violaciones son prácticamente nada, si se comparan con las campañas de descalificación que levantaron López Obrador y el PRD contra el IFE en 2006 y 2012. En ambos casos hubo manipulación y mentiras deliberadas. Amén del costo del plantón en Reforma, en 2006, para no hablar del intento de impedir la toma de posesión de Felipe Calderón.

Así que si se habla de violaciones a la ley, hay que distinguir entre las verdaderamente graves y las que derivan de una legislación abigarrada y chabacana que crea periodos artificiales (precampañas, intercampañas y campañas), para no hablar de la censura
–discrecional, ¿hay de otra?– que está ejerciendo el INE en este proceso electoral.

Por último, si se compara al Partido Verde con formaciones ideológicas duras, como el Partido del Trabajo, los saldos son favorables al primero. Porque el stalinismo y la veneración por Kim Jong-un, líder vitalicio de Corea del Norte, son peores opciones que el ecologismo deslavado de los verdes.

Imposible santificar al Verde. Pero tampoco tiene sentido satanizarlo. No es mucho peor que el resto. La solución de los problemas del sistema electoral mexicano no pasan por la exclusión de un partido, sino por la revisión de un engranaje absurdamente sobrerregulador que atenta, incluso, contra la libertad de expresión.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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