Opinión

Lejos de lo cerca

Gil lo leyó en su periódico El Financiero, el ingeniero Cárdenas tomó la palabra en el acto de los 25 años del PRD y dijo esta verdad: “En este ambiente preelectoral, por lo que he podido conocer de diversos compañeros de diferentes partes del país soplan vientos de fractura. Considero que es responsabilidad de todos nosotros, de todos los militantes, evitar que esto vaya a suceder”. Con la pena, pero esta declaración habría cimbrado a los perredistas hace ocho años, por lo menos. El viento se convirtió en un huracán y el ingeniero no se dio cuenta, o no ha querido llamarle a las cosas por su nombre.

Hay una buena y una mala. Primero la mala: el PRD se ha dividido varias veces, un partido especialista en la mitosis y la meiosis, pero el edificio colapsó el día en que Liópez les dio la espalda a los dirigentes que lo habían apoyado, los insultó y les dijo que formaban parte de la mafia que le había robado la presidencia. Luego, Liópez se hizo fuerte con el PT y Movimiento Ciudadano e hizo al PRD como le dio la gana, una zarandeada histórica. Y, al final, se llevó a unas tribus y fundó Morena. ¿Vientos de fractura? Perdón, ingeniero, pero Liópez hizo añicos al PRD e impidió la unión de la izquierda. Por cierto, trascendió que Liópez no descarta presentarse a las elecciones del 2024.

La buena noticia: se puede tirar el lastre (gran figura ésa de tirar el lastre) y acercar al PRD a un partido socialdemócrata, pequeño si quiere usted, ingeniero, pero para que quiere usted un partido grandote roto por las tribus y los líderes, usted uno de ellos, por cierto, la corrupción y la vendetta, todo cabe en un jarrito, ¿o cómo era? A ver de qué cuero salen más jarales, en fon.

Gil es corto de entendederas, pero la verdadera noticia se acercó en cuatro patas al amplísimo estudio. El ingeniero Cárdenas no quiere un partido dizque a la moda. “De nada le sirve al país una izquierda dócil y dizque a la moda. Le sirve una izquierda fiel a sus principios, respetuosa de quienes piensan distinto, con ética y capaz y dar ejemplo en su vida interna de lo que quiera el país”. Hemos avanzado mucho, ingeniero, “respeto a los que piensan distinto”; uta, se voló la barda del sectarismo, felicidades, pero “qué es un partido dizque a la moda”, explíquele al ciudadano Gamés. Ahora, cada vez que se pregunta algo hay que decir que uno es el ciudadano Fulano de Tal.

Gil leyó en su periódico Milenio: “si la defensa de los recursos naturales les parece anticuado a los neoliberales, es mejor pasar por anticuado que ceder ante los vendepatrias. Si la libertad de expresión y el derecho a la información parecen radicales a los censores, sigamos siendo radicales”. Cárdenas sabe de qué habla pues hizo su carrera política con los anticuados del PRI, ¿va bien Gilga, o se regresa?

El ingeniero realizó un balance de 25 años de perredismo: “Yo diría que nos encontramos más lejos que cerca de lo que nos propusimos y nos comprometimos a construir hace 25 años”. Para Gamés este asunto encierra un problema filosófico: cerca de lo lejos o lejos de lo cerca.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco e inquirió: ¿lejos de lo lejos es lo mismo que cerca de lo cerca? Como sea, la breve historia del PRD guarda en sus capítulos elecciones internas amañadas, trapacerías sin fin para llegar a la presidencia del partido, casos espectaculares de corrupción, historias de amor desaforadas, bolsas de dinero, maletines repletos de billetes. La verdad: el PRD es como el hijo loco del PRI.

Si Gilga ha entendido bien, cosa improbable, Cárdenas propone un partido cuyo eje sea no la propuesta sino la impugnación, no tanto el gobierno como la protesta. “De consumarse esta predicción (la ruptura) el futuro es el de un partido en declive, en achicamiento, una expectativa reducida en 2015 y 2018, con el riesgo de acercarnos a un partido que no sea útil a causa alguna”. Refrésquenle la memoria a Gamés: ¿el porcentaje que logró el ingeniero en las elecciones presidenciales en las cuales participó fue de 17 por ciento, más o menos? Eso es ¿“achicamiento” o “ensanchamiento”? Como diría el filósofo clásico: todo es relativo.

La máxima de Diderot espetó dentro del ático: “La ignorancia está menos lejos de la verdad que el prejuicio”.

Gil s’en va