Opinión

Legislatura LXII

 
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Diputados

Ayer concluyó la Legislatura LXII (2012-2015) del Congreso de la Unión y hoy inicia una nueva. Se abre una ventana de oportunidad para resolver serias deficiencias del funcionamiento del Poder Legislativo. Antes de saber qué mejorar, es necesario saber qué hizo bien y qué hizo mal la Legislatura que se va.

Lo más destacable de la Legislatura que concluye son las reformas aprobadas, casi todas ellas muy relevantes para el desarrollo económico, social y político de México. Se trata de cambios a 90 artículos constitucionales y 33 nuevas leyes federales en materia energética, financiera, educativa, laboral, de telecomunicaciones, de procedimientos penales, de transparencia y combate a la corrupción, entre muchos otros temas. A pesar de que tan sólo han transcurrido tres años, el gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido testigo del segundo ciclo de mayores reformas a la Constitución en la era moderna, sólo detrás del sexenio de Felipe Calderón que atestiguó reformas a 108 artículos.

Que el Congreso haya sembrado nueva legislación con un enorme beneficio para el futuro del país no significa que tengamos un Poder Legislativo profesional y moderno. De hecho, buena parte de las reformas estructurales son resultado de un pacto político entre partidos y poderes de gobierno que facilitó que las reformas diseñadas extramuros fueran procesadas por las cámaras legislativas. Pero ese procesamiento se dio en medio de un Congreso con serias deficiencias en su funcionamiento interno y con una enorme opacidad en el manejo del dinero.

Según el Sexto Reporte Legislativo de Integralia, el Senado mexicano tiene en su haber el récord mundial por ser la Cámara alta con el mayor número de comisiones del mundo (64) y la de diputados el tercer lugar del orbe por ser la Cámara baja con más comisiones (56). A esas se deben añadir comisiones especiales (50), bicamerales (4) y de investigación (2). Total: 176 comisiones que consumen presupuestos pero, más grave aún, su número desproporcionado entorpece el funcionamiento del Congreso.

El surgimiento de más comisiones ocurre para alimentar a clientelas al interior del Congreso: dar cargos y estructuras burocráticas a legisladores para su promoción política personal a cambio de disciplina y gobernabilidad. El diseño resultante es un Frankenstein de mil cabezas. Por ejemplo: hace varios años existía la Comisión de Población, Fronteras y Asuntos Migratorios que atendía con lógica esos asuntos en un mismo órgano por su estrecha vinculación. Pero para repartir más títulos presidenciales, la citada comisión se dividió en tres: Asuntos Frontera Norte, Asuntos Frontera Sur-Sureste y Asuntos Migratorios.

Entre las tareas curiosas que realizan algunas comisiones destaca una del Senado llamada de “Rescate y Gestión de la Mexicanidad” (sic). ¿Qué habrán realizado los senadores que integraron esa comisión? ¿Cómo habrán rescatado la mexicanidad y cómo se gestiona? ¿Tan importante labor será continuada en esta nueva Legislatura? En Diputados llama la atención que en marzo de 2013 se haya creado la Comisión Especial de Asuntos Alimentarios y un mes después una cuyo nombre es Comisión Especial de la Alimentación.

Además del exceso de comisiones, se observa un funcionamiento deficiente. Con frecuencia no cumplen con sus obligaciones reglamentarias como presentar sus planes de trabajo y sus informes anuales, así como sostener reuniones mensuales. Hay casos extremos. Por ejemplo, en Diputados las comisiones de Vivienda, presidida por el diputado Carlos Aceves del Olmo (PRI) y la de Asuntos Migratorios, presidida por Amalia García (PRD), que solamente se reunieron en cuatro ocasiones en los tres años de la Legislatura. La Comisión de Población, presidida por Javier López Zavala (PRI), no se reunió en ocasión alguna según información oficial.

Otras comisiones simplemente carecen de materia de trabajo. Por ejemplo, algunas en el Senado como Familia y Desarrollo Humano o Asuntos Fronterizos Norte y Asuntos Fronterizos Sur sólo recibieron dos iniciativas y ni siquiera las dictaminaron, según información de esa cámara.

La segunda deficiencia del Congreso mexicano es la opacidad en el manejo del dinero, especialmente en las asignaciones presupuestarias de los grupos parlamentarios que son verdaderas islas de opacidad. Aunque el Congreso exige cuentas y revisa el gasto de los otros poderes, no da cuentas de los gastos que sus bancadas ejercen. Ambas cámaras del Congreso asignaron seis mil 530 millones de pesos a sus grupos parlamentarios durante la LXII Legislatura sin que se sepa su destino y uso.

Marko Cortés, nuevo coordinador parlamentario del PAN, ha asegurado que van con todo a favor de la transparencia. Los diputados del PRD han renunciado al seguro de gastos médicos mayores y harán públicas sus declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de interés. César Camacho, coordinador del PRI, ha dicho estar dispuesto a cumplir con las obligaciones de transparencia. Morena ha propuesto reducir a la mitad el costo de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Por primera vez en muchos años parece abrirse una oportunidad para transparentar los gastos del Congreso; ojalá también sea una oportunidad para reducir el número de comisiones y profesionalizar su funcionamiento. Sin pecado original todavía, los diputados tienen una oportunidad para reconstruir el prestigio del Poder Legislativo. Ojalá lo hagan.

Twitter: @LCUgalde

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