Opinión

Legisladores, contra apología del delito

  
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La serie 'Narcos' es una de las producciones originales de Netflix.

A partir de la semana pasada la televisión comercial, abierta a todo el público, sufrió una transformación en sus contenidos, pero también en su sintonización, algunos canales modificaron su programación para hacer más atractiva su oferta al televidente; otros más, como es Cadena Tres, del grupo Imagen, entraron al aire y de lleno buscan dar la competencia a las cadenas ampliamente conocidas: Televisa y Televisión Azteca.

En su conjunto, todos los concesionarios y permisionarios de televisión radiodifundida reordenaron sus señales –según su programación nacional, regional o local– dando pie a los canales virtuales asignados a las empresas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel).

Ahora los canales se llaman “virtuales” porque su identificación puede definirse independientemente de su ubicación física, ya que antes de la Televisión Digital Terrestre (TDT) sólo se veía un número por canal en el televisor, ahora el canal virtual está compuesto por un número primario y un número secundario.

Para llegar a esta etapa de la era TDT los concesionarios además modificaron los formatos de algunos de sus programas de transmisión de noticias y contenidos de opinión. Bueno, hasta cambiaron los desgastados rostros de algunos de sus conductores estrellas con el fin de buscar mayor credibilidad en los televidentes o dar una imagen más fresca. Cada uno con su estrategia para ganar primicias y en franca competencia por el llamado raiting.

En general se han visto cambios novedosos en la mayoría de los canales televisivos, siguen las telenovelas como uno de las principales ofertas; hay nuevas series para el entretenimiento; los formatos de programas deportivos cuentan con sorpresas en su conducción y manera de narrar los eventos, unos experimentan y otros refuerzan formatos altamente aceptados por el público, las mesas de debate entre ellos.

Lo lamentable de toda esta transformación es que en materia de contenidos hay muy poco nuevo que ver, algo que nos diga que lo que se ofrece es una nueva forma de ver y disfrutar la televisión.
Se hicieron ajustes en el control del televisor y hasta en la conducción de programas noticiosos, sí, pero se les olvidó a los directivos y productores cambiar la línea editorial que día a día dictan al público a través de los contenidos de sus telenovelas o series que transmiten.

Es precisamente por este último detalle, más allá de las grandes transformaciones que en forma positiva ha sufrido la televisión mexicana desde la aprobación de la nueva Ley Federal en materia de Telecomunicaciones y Radiodifusión, por lo que las comisiones unidas de Radio y Televisión, de las cámaras de Senadores y Diputados, han anunciado que solicitarán a la Secretaría de Gobernación y al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) no ser omisos con las televisoras comerciales que transmiten programas conocidos como narcoseries, al considerar que hacen apología de la violencia.

En su solicitud advierten que dichas series debilitan el tejido social de las familias mexicanas, al promover falsos valores y comportamientos sociales agresivos que retroalimentan al crimen organizado.

Al respecto, los críticos dirán que puede ser una forma de censura a la televisión o que los auditorios son los que deben decidir qué ver o no en televisión, pero también es cierto que si estos contenidos llegan en horarios accesibles a niños y jóvenes, son –sin duda– un factor que influye en su comportamiento y ahí pueden iniciarse actitudes de violencia intrafamilar, que después se vean reflejadas en la sociedad en su conjunto.

Es cierto, desde diversos foros públicos hoy se habla de una modernización y gran transformación tecnológica tanto en transmisiones de radio como en televisión, por lo que tal vez también haya llegado el momento de iniciar un debate sobre los contendidos que se difunden en estos medios, sin censuras, pero sí con una regulación clara y transparente, ya que de no ser así, poco importa que se rasquen las vestiduras nuestras autoridades a la hora de defender o pedir mayores recursos para combatir el crimen organizado si esta lucha no inicia contra una televisión que hace de la apología del delito un negocio. Ese es el punto.



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