Opinión

Legado posmaterialista

  
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Ronald Inglehart, politólogo.

La protesta, la conducta desafiante hacia las élites, la ampliación de una ciudadanía crítica exigente en la democracia, todos son fenómenos que comenzaron a verse hace varias décadas. El mundo de hoy fue moldeado, en buena medida, por una revolución silenciosa, por el cambio gradual pero profundo en los valores, creencias y estilos de vida de la gente, motivado por un creciente sentido de bienestar subjetivo en las sociedades.

Detectado en Europa Occidental en los años sesenta, expresiones de este cambio valorativo han sido documentadas posteriormente entre los segmentos más jóvenes y más afluentes en distintas sociedades, más allá de las fronteras de las democracias capitalistas y de las tradiciones judeo-cristianas de Occidente. Así lo muestran los resultados acumulados del proyecto conocido como Encuesta Mundial de Valores (EMV), dirigida por el politólogo Ronald Inglehart desde la Universidad de Michigan. El estudio se ha llevado a cabo en más de cien países desde sus inicios, en 1981, en algunos de ellos hasta en seis ocasiones, dejando un valioso registro del cambio cultural (ver www.wordlvaluessurvey.org)

En su libro La revolución silenciosa, publicado en 1977, Inglehart reportó el surgimiento de valores posmaterialistas entre los jóvenes europeos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial. Los posmaterialistas valoraban aspectos relacionados con la calidad de vida y con la expresión propia de las personas, distinguiéndolos de sus generaciones antecesoras, cuyos valores materialistas enfatizaban la seguridad física y fisiológica de los individuos –reflejo de los entornos de crisis y guerras que vivieron–. La gente con valores materialistas prefería objetivos como el orden, la estabilidad y el crecimiento económico, mientras que los posmaterialistas enfatizaban la libertad individual, la autonomía y el cuidado ambiental.

El surgimiento de los nuevos valores no tardó en dar su propio toque a las instituciones de gobierno y a los partidos políticos, quienes, en busca del apoyo posmaterialista, adaptaron sus ofertas programáticas y sus principios básicos a las exigencias de los nuevos electores. Pero su influencia también fue notable en otras esferas sociales, económicas y culturales, desde el consumo de bienes y servicios correspondiente a estilos de vida cambiantes, como en el arte, la arquitectura y la planeación urbana, por mencionar algunos.

Inglehart profundizó y expandió sus investigaciones en otros libros como El cambio cultural (1990) y Modernización y posmodernización (1997), así como en múltiples artículos, sumando evidencia de que los posmaterialistas tenían un rasgo muy difícil de ignorar por parte de las élites políticas y económicas: su participación en actividades desafiantes hacia las propias élites. Se trataba de la punta de lanza de una promisoria y compleja ciudadanía crítica.

“Los posmaterialistas en México son pocos, pero muy intensos”, me dijo Inglehart a principios de los años noventa, cuando yo era estudiante doctoral y su asistente de investigación en Michigan. “Su impacto en la democratización mexicana debe ser notable”, concluyó.

Tenía razón. La EMV preveía el crecimiento de una ciudadanía crítica y desafiante que hoy se ve con mayor claridad a través de la vitrina de las redes sociales, pero cuyo papel en la democratización mexicana viene de tiempo atrás. Además, el estudio documenta cambios fascinantes en la sociedad mexicana, que expresa un mayor sentido de libertad de elección que refleja los procesos de liberalización económica, política y social por los que pasó el país desde los años ochenta.

Este miércoles 11 de enero participé en una conferencia-homenaje a Ronald Inglehart en la Universidad de Michigan, a la que llegó como profesor en 1966. A sus 82 años de edad, el padre del posmaterialismo se mantiene activo en la docencia y la investigación, con un nuevo libro en el tintero.

La atención que hoy ponemos en los millenials podría retomar esos hallazgos y teorías acerca de cómo los jóvenes portadores de nuevas formas de conducta son un factor de cambio, no necesariamente abrupto y violento, pero sí profundo, como lo fueron, en su momento, los posmaterialistas.

Twitter: @almorenoal

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