Opinión

Lecciones y oportunidad

21 septiembre 2017 5:0
 
1
 

 

sismo

A 32 años de distancia el sismo inicial de este martes, que ha dejado hasta ayer por la noche 38 inmuebles colapsados en la Ciudad de México (CDMX) sin considerar los daños de otras entidades, evidencia los retos de autoridades y quienes integran el negocio inmobiliario de cara a la reconstrucción.

Un reglamento de constructivo heredado de los sismos de 1985 abre una invaluable oportunidad para una revisión de nuevos lineamientos que reduzcan el riesgo de edificar en una zona sísmica como la CDMX.

Son tiempos en que la industria requiere lineamientos que democraticen su aplicación, en inmuebles residenciales y los cada vez más complejos proyectos verticales, como muchos de los cuales levantan en estos días 1.6 millones de metros cuadrados de oficinas y centenares de espacios comerciales y viviendas.

Por su dimensión, la mayor parte de los proyectos verticales siguen estrictos lineamientos de construcción y cuentan con las coberturas de seguros habilitados.

Sin embargo, el reto mayor se enfoca en las construcciones de menor tamaño, todas aquellas que entrarán una vez evaluada su permanencia o demolición en un proceso de reconstrucción o reciclaje desde cero.

Hablamos de tecnologías que consideran cambios en los coeficientes de comportamiento sísmico desde cimientos, pilotes, amortiguadores, muros y diseños que demandan cálculos sofisticados que experimentados ingenieros mexicanos, pero también firmas globales como Arup. En conjunto, la experiencia es fundamental para lograr fórmulas que hagan factible el desarrollo vertical y de gran escala.

Sin lo anterior, rascacielos como Torre Reforma, Torre Bancomer, Torre Mayor, Torre Diana, sólo por mencionar algunos ejemplos no habrían demostrado la eficiencia de sus estructuras, muchas de ellas diseñadas para soportar sismos de hasta 9 grados en la escala Richter.

Pero la tecnología de punta no sólo se encuentra en los cimientos e ingeniería. Múltiples consorcios atraídos por el boom del ciclo inmobiliario actual han venido reduciendo la brecha de lanzamientos de productos innovadores en mercados desarrollados hacia México.

Materiales y procesos como la construcción en seco, de la cual hablaremos en una próxima entrega, no sólo buscan resolver las necesidades de menor peso y tiempos de construcción, sino que se diseñaron para soportar movimientos en zonas sísmicas y lidiar con el cambio climático, así como los requerimientos de certificaciones sustentables y de menor consumo energético.

La calidad de las tecnologías y los materiales no serán a partir de ahora un asunto de costo y rentabilidad, factores que dificultan su inclusión. La tragedia del martes obliga a que autoridades y legisladores en las distintas ciudades afectadas la vean como una oportunidad invaluable para crear reglas más estrictas que eviten nuevas catástrofes por el uso de materiales de bajo costo o fallas de cálculo.

Un transformado y robustecido reglamento, lejos de cualquier politización, hará posible que nuevas edificaciones pasen este tipo de pruebas. Su instrumentación creará las economías de escala suficientes que permitan a desarrolladores incorporarlas a sus procesos de construcción, sin necesidad de impactar de manera significativa los precios, ya de por sí presionados en los últimos tiempos.

Son días de reflexión y de ver hacia delante la opción de edificar bajo una línea disruptiva que construya con nuevas bases y profunda conciencia, una que trascienda con planeación urbana, esa que durante años ha caído en manos de intereses lejanos de edificar una nueva ciudad. 

Correo: colguin70@gmail.com

Twitter: @claudiaolguinmx

También te puede interesar:
Burbuja inmobiliaria
Ola E en el real estate
Lujo residencial mantiene expansión