Opinión

Lecciones electorales

 
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Ciudadanos emiten su voto en la Ciudad de México

Como siempre, los procesos electorales dejan muchas lecciones. Desde el inicio de las campañas hasta el comportamiento de los ganadores y perdedores posterior al cierre de casillas, nos vamos llenando de información –directa e indirecta– sobre la personalidad y las ideas de los candidatos.

El domingo a las ocho de la noche teníamos aproximadamente 30 ganadores para 12 gubernaturas. Prácticamente de forma simultánea al cierre de las casillas, Miguel Ángel Yunes, del PAN y PRD, salió a decir que él ya tenía información de una casilla, sí, de una, y que sus números mostraban una ventaja irreversible por lo que era el ganador de la elección en Veracruz. Al poco tiempo, el candidato priista (con otros tantos partidos en coalición) salió a dar el mismo mensaje. Interesante su mensaje: el candidato del partido que actualmente gobierna, se presentaba como el candidato del cambio anunciando un nuevo rumbo para el estado.

Cuitláhuac García, candidato de Morena, se tardó un poco más, pero unas horas después también se proclamó vencedor. Ni siquiera iniciaba el PREP y ya había tres ganadores para la gubernatura de Veracruz.

Con profunda irresponsabilidad se comportaban los tres candidatos principales a minutos de haber terminado la elección. Espero, por el bien de Veracruz, que en su gobierno se comporten de forma más responsable. En particular, en este estado que se encuentra en una situación lamentable en muchos ámbitos. ¿Voto de castigo? ¿Voto de la alternancia? Voto del hartazgo sugeriría yo. Sin embargo, lo que más me llama la atención es que antes de que conociéramos los resultados de la elección, todas las encuestas mostraban una posibilidad real de que ganara el candidato del PRI, continuando una administración que le ha costado enormemente a Veracruz. El que existiera esa posibilidad habla mucho de nosotros como ciudadanos y electores, pero desgraciadamente no habla bien.

No entiendo lo que pasa en Oaxaca. El segundo estado con más porcentaje de su población en pobreza, únicamente después de Chiapas, Oaxaca ha perdido décadas de desarrollo y vive con enormes rezagos sociales y económicos. La administración saliente deja un pésimo sabor de boca. Gabino Cué empezó su mandato con enormes expectativas y con millones de oaxaqueños que depositaron en él y en su gobierno muchas esperanzas. Seis años después el estado tiene miles de pobres más, su crecimiento es mediocre y el PIB per cápita de los oaxaqueños no llega ni a la mitad del nacional. Sus gobernantes están envueltos en grandes escándalos de corrupción con cuentas millonarias. El rezago sigue y la brecha aumenta. Sin embargo, Oaxaca regresa a un sistema en el que ya había vivido y con el que no le había ido bien. ¿Cómo podemos calificar el voto de Oaxaca? Sinceramente no lo sé.

El PAN obtiene –solo o en coalición– siete gubernaturas (al menos todo parece indicarlo). Nada despreciable, sobre todo si lo ponemos a la luz de las elecciones presidenciales que se acercan. Tendrán una enorme oportunidad, pero también un enorme riesgo: caer en la complacencia del triunfo.

Los gobernadores entrantes, del partido que sean, tienen la oportunidad de escuchar las voces de sus electores. Pueden optar por atender el hartazgo de la ciudadanía. Pueden empezar por darse cuenta de los reclamos cada vez más fuertes frente a la corrupción, la impunidad y el descaro. Podrían empezar rindiendo cuentas, presentando sus tres declaraciones relevantes. Tienen la oportunidad de nombrar buenos equipos, de exigir honestidad a sus colaboradores, de poner un ejemplo para las elecciones que se acercan.

Parecería que la contienda para 2018 ya empezó. Todos especulamos con quiénes serán los candidatos y por quién votaríamos o por quién definitivamente no. Hay muchas características deseables para un candidato presidencial, pero la que se escucha cada vez con más frecuencia es la honestidad. Es la mayor exigencia social en estos días.

Ojalá alguien escuche el reclamo y la tome como bandera. Alguien para quien la honestidad no se convierta únicamente en un slogan de campaña, sino que sea un verdadero compromiso. Alguien que actúe en consecuencia, que esté dispuesto, con sus acciones, a demostrarlo.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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