Opinión

Lecciones de Venezuela

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, tras las elecciones parlamentarias del domingo 7 de diciembre. (Reuters)

1. Chávez llegó al poder por la irritación ciudadana contra la corrupción de los partidos y la clase política. Sin ese impulso jamás habría alcanzado la victoria. (¿Se escuchó bien, acá, aló, de este lado de la frontera?)

2. Chávez no alcanzó el poder al primer intento. Su tentativa de golpe de Estado fracasó en 1992. Seis años después llegó a la presidencia por la vía democrática. Su persistencia dio frutos porque durante ese período la descomposición del régimen de partidos tocó fondo.

3. Chávez, como cualquier caudillo populista, no imaginó su mandato como un periodo acotado por el sistema democrático, sino como una misión que debería extenderse por tiempo indefinido. La reelección y los cambios legales correspondientes eran parte de su agenda, aún antes que tomara el poder.

4. El liderazgo de Chávez no fue una impostura. Fue un caudillo carismático y, luego, utilizó todos los recursos del Estado para mantenerse en el poder y arrinconar a sus opositores.

5. El elevado precio del petróleo fue su palanca de Arquímedes. Le permitió financiar todas sus políticas populistas y tener un amplio apoyo entre la población.

6. De manera tal, que si Chávez no hubiera muerto y el precio del petróleo no hubiera caído, la derrota del chavismo habría sido muy difícil.

7. El colapso del chavismo comenzó el día que Chávez fue sepultado. De entrada, porque las distintas facciones de su movimiento quedaron divididas e insatisfechas con la elección del delfín (Maduro). Y además, porque el carisma de Chávez no era hereditario: ni Maduro ni ningún otro hubiera podido reencarnarlo.

8. El proceso de descomposición del chavismo se aceleró con la crisis económica y con los errores de Maduro, quien ha sido incapaz de corregir el rumbo y cohesionar a las facciones chavistas.

9. La inviabilidad económica del populismo es evidente. Tarde o temprano la realidad termina por pasar la factura y el sueño se desvanece.

10. La derrota de Maduro el domingo antepasado ha puesto en evidencia algo muy importante. Pese a todas las limitaciones que Chávez y luego Maduro impusieron al sistema democrático y la libre expresión (incluyendo el encarcelamiento de los opositores), en Venezuela perduró un mecanismo democrático. Y digo democrático porque de no haber sido así la oposición jamás se habría levantado con la victoria. O, fraseado de otro modo, lo ocurrido en Venezuela es simplemente inimaginable en Cuba.

11. La prevalencia del sistema democrático en Venezuela se puede explicar por tres razones: la resistencia de las oposiciones a cambios que hubieran cancelado definitivamente el sistema democrático; la convicción de Chávez de que la mayoría del pueblo siempre estaría del lado del régimen revolucionario; la presión internacional que se habría desatado si se hubieran abolido radicalmente los mecanismos democráticos.

12. Por eso el régimen chavista, siendo autoritario y manipulador, no se puede confundir con el modelo totalitario que se impuso en Cuba en 1959, y perdura hasta la fecha. El socialismo bolivariano nunca fue un sistema de partido único.

13. Las afinidades de la izquierda mexicana con el chavismo se pueden documentar ampliamente. Pero la más relevante es que López Obrador se asume como un líder con una misión histórica que debe perpetuarse en el poder de manera indefinida. Tiene, en otras palabras, el mismo temple y viene de la misma cantera que Hugo Chávez. Eso es, más o menos, lo que ha advertido el presidente Peña en un par de ocasiones al denunciar los peligros del populismo.

14. Sin embargo, y en un acto de incongruencia mayúsculo, el gobierno de la República no ha denunciado los excesos de Maduro, se ha negado a entablar un diálogo con los opositores y guarda una actitud remolona frente a los acontecimientos en Venezuela. Porque lo que allá sucede no ha terminado, apenas empieza. El chavismo se reagrupa para defenderse y acorralar a sus opositores, ahora mayoritarios en el Congreso. Sería, por lo tanto, lamentable que el presidente Peña decidiera ubicarse del lado malo de la historia. Entre otras cosas, porque sus alertas sobre el riesgo del populismo perderían seriedad y credibilidad.

Twitter: @sanchezsusarrey

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