Opinión

Lecciones de Canadá

  
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Integración de América del Norte

En su primer discurso ante el Congreso, Donald Trump se refirió a Canadá y a la reciente visita a Washington del primer ministro Justin Trudeau. “Con la ayuda de Trudeau hemos formado un consejo con nuestros vecinos de Canadá para ayudar a asegurar que las empresarias tengan acceso a las redes, los mercados y el capital que necesitan para iniciar un negocio y vivir sus sueños financieros.”

Este alusivo y positivo mensaje de Trump hacia su vecino del norte tuvo mucha preparación en Ottawa, la capital canadiense. Trudeau, quien es ideológicamente el agua y el aceite respecto a Trump por su liberalismo y acendrado feminismo (la mitad de su gabinete son mujeres), no escatimó en preparar su visita a Washington el pasado 13 de febrero.

Entre otras cosas, Trudeau tuvo un retiro de un fin de semana completo con todo su gabinete y asesores para reflexionar cómo relacionarse con Trump. Según ha trascendido en la prensa canadiense, la jefa de la oficina del primer ministro, Katie Telford, tuvo la idea de crear un consejo de presidentas de empresa (CEOs) canadiense-estadounidense. Y el punto a destacar es que invitaron a la hija consentida de Trump y con mayor influencia, Ivanka, a presidir el grupo.

El primer ministro y su equipo tomaron la decisión de enfatizar durante la primera visita sus coincidencias con Trump y dejar para otra ocasión las diferencias que son varias e importantes, como el refugio, el medio ambiente y desde luego la OTAN.

Tres fueron los temas de fondo que trataron. Todos con un mensaje positivo. Primero, fortalecer la seguridad de su frontera mutua con nuevos desarrollos tecnológicos. Segundo, la prioridad que otorga Canadá a investigar a los refugiados que admite para que no se les cuele un terrorista. Y tercero, propusieron que en una eventual renegociación del TLCAN se enfatizara la creación de empleos en ambos países. Destacaron que la balanza comercial bilateral está en equilibrio y que nueve millones de empleos en Estados Unidos dependen directamente del comercio con el vecino del norte. Dos detalles menores completarían el cuadro de lo que fue una visita a Washington trabajada en todos sus ángulos por la diplomacia canadiense. El primero fue el apretón de manos.

Es conocido que Trump al saludar aprieta con fuerza la mano derecha y pone su mano izquierda en el brazo de quien saluda y lo jala hacia sí, tratando de imponer una especie de dominio físico. Los asesores de Trudeau lo hicieron practicar para evitar parecer disminuido. Al ser jalado por el brazo izquierdo de Trump, Trudeau se aproximó y de plano le dio una palmada en la espalda, literalmente convirtiendo el apretón de manos en un abrazo casi al estilo mexicano.

El segundo detalle fue el regalo. El canadiense llegó con un regalo sencillo pero significativo para el ego del estadounidense. Una fotografía de los años 80 en que un joven Trump presenta en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York al entonces primer ministro canadiense, Pierre Elliott Trudeau, padre de Justin. La prensa destacó que Trump agradeció mucho el detalle.

El esmero canadiense con Trump no se esperó a que ganase la presidencia. Desde la campaña, con mucha discreción, Ottawa mandó varios intermediarios, quienes abrieron canales de comunicación con las gentes cercanas a Trump, como Steve Bannon, ahora el director de estrategia de la Casa Blanca y desde luego con el yerno, Jared Kushner. Destacó que Trudeau le pidió a un ex primer ministro del partido conservador, Brian Mulroney, quien tiene una casa cerca del hotel Mara de Lago de Trump y su amigo desde hace muchos años, que intercediera por Canadá.

Mi amigo el empresario canadiense Tom d’Aquino, líder por muchos años del sector privado canadiense, enfatiza que es más fácil para Ottawa relacionarse con el Washington de Trump y el propio presidente, que para México –nosotros nunca fuimos objeto de un vendaval de ataques.

Canadá ofrece una gran lección. En la diplomacia nada es improvisado. Hay que cuidar hasta el último detalle y echar a volar la imaginación porque una buena relación con Washington puede ser determinante para el bienestar de los países contiguos.

México, a raíz de la negociación del TLCAN, intentó desplegar una diplomacia hacia Washington similar a la canadiense. Pragmática y con actitud de resolver los problemas y no escalarlos políticamente, con presencia en los centros de decisiones como el Congreso y sin escatimar esfuerzos y gastos para contratar cabilderos. Sin embargo, esta imitación se desvaneció en la última década. México tiene que enfrentar a Trump con firmeza y dignidad. Pero no sobraría la maravillosa mano izquierda que ha mostrado el Ottawa de Justin Trudeau.

Twitter: @RafaelFdeC

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