Opinión

Lecciones americanas

 
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Donald Trump

NUEVA YORK.– La carrera por la Casa Blanca en esta histórica jornada demostró una serie de valores, definiciones y características de una sociedad dividida, que sorprendió brutalmente al final de la elección.

Sabíamos que se trataría de una votación con muy estrechos márgenes de diferencia, pero lo que hemos visto es una división profunda que parte a la mitad a muchos estados y ciudades.

Las diferencias en New Hampshire, en Michigan, en Florida, en Wisconsin, en Pensylvania son de un punto porcentual, en algunos casos de menos. Eso significa que de millones de votos, la balanza se inclinó por unos cuantos miles a la hora final. Por ello la cuenta resultó tan larga y prolongada. Aún ayer miércoles a mediodía continuaba la cuenta oficial en varias de esas entidades, sin posibilidades ya de modificar las tendencias.

Trump ganó abrumadoramente entre la población blanca. Entre 33 a 62 condados que son 85 por ciento población blanca-anglosajona, fueron casi 100 por ciento para el hoy presidente electo.

Trump recibió por encima de 52 por ciento entre los votos de la clase media baja, aquellos ciudadanos cuyos ingresos fluctúan entre los 25 y los 30 mil dólares al año. El segmento poblacional más golpeado por la globalización, por el libre comercio, por el nuevo mundo que mueve fábricas y empleos a otros países y continentes donde resulta más barato y más rentable. Los mismos condados donde Barack Obama venció en 2008 y 2012, fueron este año para el candidato republicano.

Trump arrolló entre la población 'americana', aquella que es considerada nacida en Estados Unidos, por márgenes de 65 por ciento contra 30 por ciento de la señora Clinton. Incluso las comunidades que se consideran de descendencia 'americana', es decir cuyos ancestros son varias generaciones nacidos en Estados Unidos, no alemanes, ingleses o irlandeses, Donald Trump recibió de 70 a 72 por ciento en este perfil demográfico.

En el área rural, que no representa un segmento extendido y numeroso, pero que se volcó mayoritariamente a favor de Trump, obtuvo resultados superiores a 70 por ciento.

Tal vez el segmento más distintivo de la victoria republicana sea el voto con más bajos niveles de educación. En las comunidades donde menos de 20 por ciento de los habitantes posee un grado universitario, Trump se llevó siete de cada 10 votos.

Estos datos confirman análisis previos provenientes de la campaña. Trump conectó bien y movilizó al voto resentido con la globalización, golpeado por la crisis de 2008; al voto tradicional y nacionalista, el que más se apega a una serie de valores americanos que rechaza la inmigración y que posee aún una visión hasta cierto punto nostálgica de la superpotencia de la postguerra.

Parece ser gente –y aquí un paralelismo con los votantes del Brexit en la Gran Bretaña– que quisiera ir para atrás en la historia, que quiere recuperar un país que ya no existe y que ha cambiado por la transformación mundial. En este renglón, el nuevo presidente electo enfrentará uno de sus más grandes desafíos, porque cumplir esa promesa, devolver empleos, recuperar fábricas, reabrir minas, no se logra con la sola voluntad de un político. Los sistemas económicos han cambiado, la globalización no es una moda pasajera y aparecen graves signos de preocupación en el mundo de extendidos segmentos de la población que rechazan ese visión de un mundo integrado, interrelacionado, codependiente.

Una deprimente lección consiste en el triste y lamentable mensaje a las mujeres estadounidenses. Resultó vencedor un personaje que ha maltratado, insultado, denigrado y vejado a mujeres por quienes tiene, lo ha dicho públicamente, una visión de objeto de uso y desecho.

Cuando se revisa el voto femenino, escalofriante, la señora Clinton obtuvo márgenes de 58 a 60 por ciento, pero hay arriba de 40 por ciento de voto femenino que se fue con el señor Trump. Los negativos de Hillary pesaron más que el machismo insultante de Trump, o el elemento religioso Pro Vida que divide fuertemente a republicanos y demócratas pudo haber sido el factor decisivo.

Estados Unidos votó el martes, en una elección profundamente dividida, por el nacionalismo barato más cercano al populismo de derecha. En tiempos en los que el mundo enfrenta problemas graves y complejos, el surgimiento y amenaza a la paz mundial de ISIS, la crisis migratoria de Medio Oriente que invade Europa, la destrucción de Siria por un sátrapa heredero irresponsable apoyado por Moscú, el crecimiento de otro loco iluminado en Corea del Norte que prueba misiles y fusila parientes y funcionarios, en esos tiempos justamente, el pueblo estadounidense elige a un líder sin experiencia, sin conocimiento o preparación ninguna para un cargo de gravísima responsabilidad.

El escenario no es prometedor.

Para México, tendremos que esperar y ver. Alguien tendrá que pasarle una ficha informativa para decirle que en un tramo de nuestra frontera, desde Tijuana hasta la Meseta de Otay, existe ya un muro de lámina y que nadie tuvo la delicadeza de ponerlo al tanto. La ficha debiera ofrecerle datos en torno al comercio diario, a los millones de productos, operaciones, empleos y dólares que van y vienen a ambos lados de la frontera todos los días. Una ficha que le informe de la aportación económica, social, cultural que los mexicanos y mexico-norteamericanos hacen a su país todos los días.

Prevalece un voto de desprecio, un voto antisistema, el voto destructivo que rechaza las instituciones y el orden establecido.

Ahora a trabajar, a reconstruir e intentar reunificar a un país dividido, confrontado y donde crece la antitolerancia.

Twitter: @LKourchenko

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