Opinión

¿Le hace falta una cédula de identidad?

 
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 [Cuartoscuro] Emitir una cédula de identidad adicional diferente, "sería una competencia desleal" para el IFE. 

Quienes en el siglo pasado fuimos becarios en Europa, rápidamente nos familiarizamos con un par de hojitas de cartón que, dobladas y con nuestra foto y algún dato sobre el sitio donde realizábamos nuestros estudios, constituía nuestro principal documento de identificación. Con ese documento conseguíamos rebajas en el pago del Metro, en los comedores destinados a los estudiantes, en algunas librerías y a la entrada de los cines. Al mismo tiempo, ese documento nos permitía cobrar la beca mensual. Todo se resolvía con el cartoncillo doblado.

Aquí en México, tan hambrientos de buscar diferencias con todo y necesitados de expresar nuestro ascenso, casi a la par que en Europa, inventamos tarjetas plastificadas que con algunos datos personales, daban cuenta de que éramos aptos lo mismo para conducir un automóvil que para ser miembros de un club de tenis o de futbol.

Ante el advenimiento del primer instituto electoral bajo el control del gobierno y sobre todo, más tarde con la ciudadanización de las elecciones, nacieron las primeras credenciales de electores. Conservo una de las primeras que, en esos años firmaba el entonces director general del Instituto Federal Electoral, Emilio Chuayffet Chemor. Esos plásticos fueron rápidamente sustituidos por otros que tuvieran numerosos candados contra la falsificación.

Nuestra desconfianza requería más y más artificios inviolables. Junto con ello, el organismo electoral ciudadano tuvo tan buen desempeño que llegó a convertirse en un árbitro confiable al punto que la credencial del IFE era de facto una pieza que daba cuenta de nuestra personal identidad: foto, nombre completo, sexo, fecha de nacimiento, edad, CURP, domicilio, clave de elector, estado, sección, folio, localidad, año de registro, vigencia. En la parte posterior huella digital, firmas de funcionarios y código de barras.

Más tarde se agregaron sellos de agua, candados invisibles, doble foto, un mapa del país y una docena de artificios para hacer de cada credencial una identificación inviolable que seguramente servirá para que los arqueólogos del año 2900 puedan obtener información sobre el tamaño de nuestra desconfianza en las elecciones. Les faltará cruzar esos datos con la formación del ejército de ciudadanos encargados de recibir las urnas, sellar las hojas foliadas con fotografías y verificar las entretelas del tribunal federal electoral así como las normas, prohibiciones y multas de lo que ahora se llama INE en sustitución del IFE.

Las credenciales electorales, con el nombre que sea, desde hace años son solicitadas en cualquier trámite administrativo, social, comercial y hasta penal como piezas de identidad.

¿Necesitamos una nueva?
En forma contumaz, la administración del señor Calderón aseguró que era necesario para que con ello se ayudara en el combate a la delincuencia y fue así como se designó a la Secretaría de Gobernación para que emitiera una “Cédula de Identidad”. ¿Qué habría que incluir que no estuviera ya en las credenciales del IFE? Nada que no fuera quizás el tipo de sangre, el número de viajes al interior y los periplos internacionales, así como la preferencia por el tipo de música o la debilidad por algún plato gastronómico en especial.

Se inició el proyecto y con ello el destino de recursos económicos por cientos de millones de pesos. Para empezar, la contratación de personal que ahora sabemos por informes de la Auditoria Superior de la Federación (ASF) no cumplía con la escolaridad necesaria ni el perfil requerido. La licitación para adquirir dos mil equipos especializados en la obtención de datos biométricos por casi 300 millones de pesos fue ganada por Smartmatic, empresa impugnada por fraudes e investigada por el FBI y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por evasión fiscal.

La cámara que debiera registrar el iris de los ojos salió defectuosa y las computadoras fallaron por tener una memoria RAM errónea. Para 2011, la ASF señaló que muchos equipos estaban embodegados y sin utilizar y al menos 16 habían sido robados. La pérdida, aún sin calcular todavía el gran total, habla de una suma no menor a dos mil millones de pesos.

¿De quién fue la idea de repetir una credencial de identificación cuando ya contamos con una tan consolidada y que a lo largo de la historia reciente funciona lo mismo para votar en las casillas electorales que como elemento para obtener un préstamo bancario o como identificación ante todo tipo de autoridades?

Twitter: @RaulCremoux

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